La necesidad de ocultar: desde la escítala a la criptografía cuántica

La importancia de una buena clave
Artículo original para teknoPLOF! de Andoni Talavera Préstamo
Vivimos una etapa de la humanidad en la que constantemente debemos protegernos de ataques externos contra nuestra intimidad, bien en el mundo real o en el virtual. Una de las maneras que tenemos de salvaguardarnos es mediante el cifrado de las comunicaciones, pues se antoja uno de los puntos débiles de nuestra civilización. La criptografía dentro de este ámbito se emplea en multitud de sistemas: redes locales, navegación por Internet, conexiones Wi-Fi, transacciones bancarias, etcétera.
Desde la llegada de la era de las computadoras, el campo de la criptografía ha sufrido una amplia evolución, siendo capaces de utilizar complejos algoritmos matemáticos para cifrar mensajes, pero, cómo no, también ha redundado en una potente capacidad para descifrar esos mensajes.
Sin embargo, la historia de la criptografía no es para nada moderna, sino que desde que existió la necesidad de enviar mensajes entre personas, surgió la obligación de hacerlos ilegibles para que si, el mensajero era interceptado, el mensaje resultara indescifrable. Principalmente estos métodos se dieron en ámbitos religiosos, comerciales y militares; vamos, que no ha cambiado prácticamente nada en 2.000 años.
Una de las técnicas criptográficas usadas en la antigüedad fue creada por los éforos espartanos, la llamada escítala. Este mecanismo consistía en enrollar una tira de cuero alrededor de una vara de un diámetro concreto e ir escribiendo el mensaje en líneas horizontales. Al desenrollar la tira, lo que se obtiene es una serie de letras sin sentido a lo largo de la misma, y al ser enrollada nuevamente, en la vara del receptor aparecerá el mensaje que contiene. Esto obliga a que el destinatario sepa de antemano el diámetro de la vara que debe ser utilizada para poder descifrar el mensaje.

Escítala griega
Más tarde, allá por el 100 aC, Julio César desarrolló otra forma de cifrar los mensajes, escritos en latín, para sus campañas de conquista. Este Método de Julio César consistía en relacionar cada letra del alfabeto con otra situada n posiciones más allá. De esta manera, si quisiéramos cifrar el nombre de este blog usando n=3, el resultado sería algo así: teknoplof → whnqrsñri.
Los métodos evolucionaron a un siguiente nivel en el que no sólo se desordenan las letras según un patrón, sino que además se añade una clave, de tal forma que un mismo método de cifrado ofrecerá resultados distintos en función de la clave utilizada. Uno de estos procedimientos fue el denominado Cifrado de Vigenère, de principios del siglo XVI, el cual se fundamentaba en hacer emparejamientos de letras a través de una clave. Básicamente lo que se hace es lo siguiente:
- Definimos el mensaje: «el paquete está al descubierto».
- Elegimos una clave, que en este caso será
teknoplof. - Emparejamos las letras con la clave hasta terminar el mensaje:
E L P A Q U E T E E S T A A L D E S C U B I E R T O
T E K N O P L O F T E K N O P L O F T E K N O P L O
A continuación de localiza cada par de letras en una tabla modelo (ver siguiente imagen) para conseguir un mensaje resultante final:
XPZNEJPHJXWDNOAOSXVYLVSGEC

Tabla modelo
Van pasando los años y nos vamos acercando a nuestra historia moderna. Con la llegada de la Primera y Segunda Guerra Mundial, los métodos de cifrado elevaron un nuevo escalón en el ranking de la sofisticación, pasando por el cifrado en códigos binarios, como el Cifrado de Vernam, hasta llegar a la archiconocida máquina Enigma.
Este modelo tuvo su primera incursión comercial en 1923 de mano de sus creadores Hugo Alexander Koch, Arthur Scherbius y Richard Ritter. En un principio su propósito era exclusivamente comercial, hasta que en 1926 se incorporó a la marina alemana. Tres años más tarde formaba parte de toda la estructura de comunicaciones de la maquinaria Nazi, habiendo sufrido diferentes modificaciones para adaptarla a sus necesidades. Otros modelos comerciales fueron usados incluso en la Guerra Civil Española.

Antigua máquina Enigma original
Enigma supuso un verdadero salto tecnológico, abandonando los sistemas de lápiz y papel para hacer uso de la tecnología disponible en ese momento. En su modelo más avanzado disponía de un teclado donde pulsar las teclas correspondientes al mensaje, una unidad modificadora y un tablero donde aparecía la letra resultante. El proceso de transformación de una letra en otra se hacía a través de unos discos rotatorios, los cuales giraban con cada pulsación de teclado. De esta manera, la clave cambiaba para cada letra. Podemos hacernos una idea de su funcionamiento en este simulador Flash de una máquina Enigma de tres rotores.
Su complejo mecanismo de cifrado hizo creer a los alemanes que poseían el sistema más seguro jamás creado. Sin embargo (como en toda tecnología) fue roto gracias a un matemático polaco llamado Marian Rejewski. Tan importante resultó aquel hecho, que algunas fuentes aseguran que los aliados ganaron varias batallas (o al menos adelantaron su victoria) gracias a que supieron partir el sistema y, por tanto, pudieron prepararse rápidamente contra las instrucciones alemanas de guerra.
Con la irrupción de los ordenadores, los procedimientos se hicieron más complejos y mucho más rápidos. La ventaja es que los equipos informáticos son capaces de analizar millones de datos en poco segundos, haciendo el cifrado tan intrincado y confuso que resulta prácticamente imposible para un ser humano su resolución. Evidentemente, los seres humanos que necesiten romper un mensaje codificado, también tienen a su disposición ordenadores con hardware y software muy potente, por lo que se hace necesario desarrollar nuevas tecnologías continuamente para que las comunicaciones binarias sean cada vez más seguras. Aunque es importante saber que cualquier código, tarde o temprano, es susceptible de ser reventado por un experto en seguridad informática.
En el mundo de la criptografía computacional existen diversos algoritmos que se utilizan para cifrar las diversas comunicaciones, como por ejemplo el denominado DSA, que se usa en Estados Unidos para las firmas digitales, el IDEA, un cifrador por bloques, o el llamado WEP, el sistema de cifrado incluido en el estándar IEEE 802.11 como reglamento para redes wireless. Además, muchos protocolos de Internet considerados seguros utilizan técnicas de criptografía para mantener los datos de los usuarios seguros. Es el caso de SSL, SSH o SET, este último es el dedicado a proporcionar seguridad en las transacciones mediante tarjetas de crédito en redes no seguras, especialmente Internet. Asimismo, existen multitud de programas de software que permiten al usuario asegurar su privacidad y la de sus datos en un entorno de red. Este sería el caso de TrueCrypt (para cifrar datos del disco duro), GNU Privacy Guard (para el cifrado de mensajes y firmas digitales), o el veterano PGP, un software para el cifrado (ahora propiedad de Symantec) de información a través de Internet mediante el uso de criptografía de clave pública o criptografía asimétrica.
Al calor de todas estas técnicas computacionales, han ido apareciendo a lo largo de los años nuevos procedimientos informáticos que no son sino adaptaciones de sistemas antiguos a la vida digital. En esta coyuntura estarían, por ejemplo, la esteganografía, el watermarking o el fingerprinting. Los procesos esteganográficos pretenden ocultar mensajes dentro de otros, llamados portadores. Son conocidos programas como OpenStego que nos permite esconder un mensaje cualquiera dentro de una imagen en cualquier formato. Este método es frecuentemente utilizado por los distribuidores de pornografía infantil, que ocultan un vídeo o una imagen dentro de otra (o de otro tipo de archivo) para que el receptor, al conocer la clave, la haga visible. Los avances tecnológicos siempre van de la mano de las mentes más despreciables.
Por su lado, el watermarking (o marca digital de agua) consiste en insertar un mensaje en el interior de un objeto digital (imágenes, audio, vídeo, software…) que contiene un grupo de bits que identifica de manera inequívoca al propietario de los derechos de dicho objeto. En su caso, el fingerprinting (o huella digital), además de contener los datos del propietario del copyright del objeto, contiene los datos del comprador original o adquiriente de los derechos de uso. Con estas dos tecnologías, sobre todo con la segunda, las corporaciones internacionales que dicen estar acosadas por la piratería podrían rastrear una obra distribuida por Internet y conocer con exactitud a que comprador original pertenece, al que se le supone el distribuidor pirata original. Y cuidado, porque estas marcas de bits no sólo se graban en archivos de software, sino que pueden ir anexadas a las pistas musicales de un cederrón o al contenido audiovisual de un disco óptico.

La tinta invisible, una de las técnicas esteganográficas más popular
Damos un pequeño salto temporal y nos vemos ojeando en el futuro del cifrado de datos. ¿Qué se avecina por allí? Pues seguramente el uso de la física cuántica para estos menesteres. Resulta interesante poder ver que al inicio de sentar las bases de la criptografía cuántica se diga abiertamente que es un sistema 100% fiable, 100% seguro y 100% no rompible. Todos los métodos utilizados en la actualidad se sirven de complejos algoritmos, pero que por muy enmarañados y rebuscados que sean, absolutamente todos pueden ser rotos por un ordenador lo suficientemente potente y un margen de tiempo adecuado. ¿Qué tiene de especial, por tanto, este nuevo modelo de cifrado cuántico?
La criptografía cuántica utiliza pulsos de luz (fotones) para enviar datos. El proceso es bastante complejo de entender a priori, pero digamos, grosso modo, que lo que hace es otorgar a cada fotón un estado concreto de una propiedad específica. El receptor del mensaje, por medio de un complicado proceso inverso, «abre la lata» y mira lo qué lleva dentro. Lo verdaderamente especial es que si alguien intenta descifrar el código, el sistema se perturba y empieza a dejar de tener sentido. Esto sucede por una propiedad cuántica relacionada con el Principio de indeterminación de Heisenberg, por el cual el hecho de conocer una propiedad de un sistema hace irremediablemente que se pierda otra. Además, el receptor recoge «restos» del intento de análisis del mensaje y, por tanto, le permite reaccionar en ese sentido. Es como acercarte a tu hucha y encontrar restos de huellas digitales. Sabes que alguien ha andado husmeando por allí.
¿Es el fin de los fisgones virtuales? ¿Hemos alcanzado la panacea en seguridad? Muchos dijeron que sí, sin embargo, y como comentábamos anteriormente, nada será perfecto. Un grupo de investigadores del MIT pudieron extraer hasta el 40% de datos de un mensaje sin ser delatados y sin que el sistema dejara de ser coherente. Curiosamente, este grupo trabaja precisamente en mejorar los métodos de detección de esos picos anómalos.
En definitiva, en toda la historia el ser humano ha remitido mensajes secretos, cifrados y ocultos, y en todas las ocasiones han sido averiguadas las claves. Lo que queda es seguir evolucionando con la tecnología y tratar de asacar métodos cada vez más seguros, sin olvidarnos de que, al final, lo que con tecnología se crea con tecnología se destruye, y que la verdadera seguridad parte de nosotros mismos. De nada sirve tener la mejor puerta del mercado con la mejor cerradura si, al final, la dejamos abierta; pasen y vean. Kevin Mitnick comentaba que el eslabón más débil de un sistema de seguridad es el ser humano, y es que si no sabes una clave siempre puedes ir y preguntársela al más pardillo de la empresa, que piará como un gorrión si se le ofrece alpiste convenientemente.
Una última puntualización lingüistica: los términos «encriptar», «encriptación» y «encriptado» no existen en castellano, esto es, no están aprobados para su uso por la Real Academia Española de la Lengua. Esto no quiere decir que en un futuro no aparezcan en el diccionario (todo apunta a que sí, debido a su copioso empleo), sin embargo, y por aquello de utilizar un lenguaje correcto, evitemos esos anglicismos, provenientes de la voz inglesa encrypt, y utilicemos mejor nuestras voces: «cifrar» y «cifrado».
¿Quién no tuvo un Casio en los ochenta?

Reloj digital Casio clásico
En 1974 Casio saca al mercado su primer reloj digital, un instrumento que revolucionaría el campo de la relojería desde su invención en el año 1956 por el ingeniero búlgaro Petar Ptrov. Era de plástico malo y resistente al agua, tenía cronómetro, alarma y luz, algo que para los niños de la época representaba un paso más en el camino a la madurez: «Mira, mi reloj tiene luz». Además, el cronómetro se convirtió en un fabuloso invento para los adolescentes, porque además de servir para comprobar quién corría más de portería a portería en el patio del colegio, se utilizaba como un juego para pasar las horas muertas que consistía en intentar parar los números en una décima de segundo determinada: «Te apuesto diez regalices a que no lo paras en 33».
Era bastante común que al Casio negro se le soltaran los muellecitos que aguantaban las correas y se perdieran. Sin embargo esto no era motivo alguno para dejar de utilizar aquel gran reloj, pues se llevaba sin correas en el bolsillo del pantalón o de la camisa. Empero, los que habían celebrado recientemente su comunión, y habían tenido la inmensa suerte de recibir como regalo un Casio metálico, no tendrían el problema de las correas. Este reloj plateado era mucho más elegante que su hermano de plástico, pero no tenía la solera y el arraigo de él. Igualmente, tampoco era tan resistente ni capaz de recoger tal cantidad de porquería por la parte en contacto con la muñeca, que luego se limpiaba pacientemente con una aguja o la punta de un portaminas.
El metálico de Casio se convirtió, pues, en el líder de los presentes de fiestas y celebraciones. Pero su hegemonía duraría bien poco, pues la llegada del Casio con calculadora hizo que a los adolescentes se nos abrieran los ojos como a dibujos manga a punto de soltar ríos de lágrimas. El reloj calculadora es el jodido invento más alucinante de la historia de la electrónica. El que no tenía un reloj calculadora en los ochenta era el pringado del grupo, y eso que realizar cálculos con aquellas diminutas teclitas de goma era poco menos que una proeza: «Déjame, que yo te calculo esa multiplicación en menos de diez minutos». Se popularizó muy rápidamente entre los profesores de matemáticas (que no dejaban utilizar máquinas de calcular en los exámenes) y comenzaron a ser confiscados de manera automática al pasar por la puerta de la clase.

Reloj calculadora (izquierda) y reloj con agenda (derecha)
En aquella época llegamos a pensar que la tecnología ya no podía avanzar más, que los adelantos en relojes de Casio habían llegado a su fin, y vivíamos en una suerte de nirvana tecnológico. Y en ese preciso instante, con premeditación y alevosía, Casio nos hizo sentir el increíble orgasmo de la experiencia de los relojes con videojuego. Estos eran un pelín más grande de lo normal, pero no importaba porque albergaban un muy limitado juego que se controlaba con dos botones localizados en la parte frontal. Yo recuerdo haber tenido la versión llamada «Moon Fight Robot», en el que manejabas un robot descabezado para intentar recoger las cabezas que caían del cielo, evitando los misiles que te hacían perder una vida: «Te dejo jugar al mío si me dejas jugar al tuyo». Las veces que me he arrepentido de haberme desecho de él, y hoy me es prácticamente imposible conseguirlo vía eBay porque o están estropeados, o cuestan una pasta indecente. Véase la colección completa de relojitos con juego de Casio (los marcados como watch).

Reloj con videojuego (Moon Fight Robot)
Cuando creíamos que Casio no nos podría sorprender más comenzó la incesante aparición de productos de muñeca de los que ya poco importaba que dieran la hora: relojes con mando a distancia (control remoto universal) para juguetear con las teles de los bares, relojes con agenda para las chuletas colegiales, resistentes al polvo y a los golpes, con manecillas digitales, con radio, con célula fotoeléctrica (sin pila), con pulsímetro para deportistas y friquis, con barómetro y altímetro y hasta, ya casi en el siglo XXI, relojes con GPS o con cámara digital integrada. Véase ahora una colección de hitos en la historia de Casio (desde su propia web).
En la actualidad me consta que muchas personas conservan su Casio ochentero en perfecto estado de funcionamiento. Sin embargo, la empresa nipona mantiene una línea de diseño retro que hará las delicias de los más nostálgicos, pues la parte técnica está totalmente modernizada, pero el aspecto es totalmente vintage en la mayoría de modelos, incorporando algunos de ellos toques totalmente fashion u hortera, dependiendo de quién los mire.

Línea moderna de inspiración retro
Casio siempre estuvo a la vanguardia de las innovaciones en lo que respecta a relojes, y a los más melancólicos nos produce todavía un escalofrío en la espalda ver a alguien con uno de estos instrumentos clásicos en la muñeca: «Mamá, para mi comunión quiero un Casio, que en el colegio me llaman obsoleto».
Keylogging por hardware

Hardware keylogger
Lo que es menos conocido es la realidad de espías compuestos de hardware, es decir, aparatitos que conectados al teclado del ordenador registran todo aquello que tecleemos. La ventaja es evidente, los keylogger por software son fácilmente detectables por los programas antivirus y antispyware actuales, mientras que un dispositivo físico es imposible de descubrir por estos métodos. También tienen una pequeña desventaja, y es que se pueden localizar echando un simple vistazo al equipo (o no).
Existen diversos dispositivos. Unos son simples adaptadores en línea que se colocan entre la conexión terminal del cable del teclado y el propio conector del teclado en la CPU. Se pueden encontrar en versiones PS/2 y USB, esto es, para cualquier teclado moderno. Además son muy sencillos y rápidos de instalar. Asimismo son fácilmente detectables por el usuario, pues simplemente hay que mirar por la parte trasera del equipo y localizarlo.

Keylogger PS/2
Otro tipo más sofisticado es el dispositivo interno que se instala dentro de un teclado físico estándar. Su colocación es más compleja, pues requiere de la habilidad de soldar los componentes y de tener un acceso prolongado al teclado que se quiere manipular. Por otro lado son totalmente indetectables, ya que se hace necesaria la apertura física del aparato para dar con ellos.
Otra versión es la del teclado con keylogger integrado. Son virtualmente imperceptibles a no ser que se sepa lo que se busca y donde buscarlo. Una excusa por parte de tu jefe de cambio de teclado podría llevar a generar sospechas en tu mente de procrastinador.
Pero la sofisticación, o la necesidad de acceder a las contraseñas de un usuario, puede afinar todavía más en ingenio. Existen chips que se sueldan a la placa base de un ordenador y capturan a nivel de firmware las interrupciones del teclado interpretadas por la BIOS del equipo. En este caso, la identificación del elemento en cuestión es prácticamente imposible, siempre y cuando no se sea un experto en electrónica y se conozca a la perfección el método empleado.
Si crees que por tener un teclado inalámbrico estás fuera de todo peligro es que estás muy equivocado. Existen otros modelos de keylogging que identifican los paquetes de datos que se transfieren desde un teclado emisor hasta el receptor conectado en la CPU. Son sniffers por hardware parecidos a los programas utilizados para capturar paquetes TPC/IP en las redes Wi-Fi. Todo un derroche de técnica imaginativa para un fin poco lícito.
Sin embargo, en la cúspide del desarrollo friqui-científico de captura de pulsaciones nos encontramos con los keylogger acústicos y los keylogger que interfieren emisiones electromagnéticas. Los primeros (keylogger acústicos) utilizan un sistema que bien podría haber salido de un capítulo de MacGyver. Se basan en patrones compuestos por los sonidos que cada usuario produce al golpear las teclas. Aseguran que el golpeteo que se oye cuando una persona teclea es totalmente distinto al de cualquier otra, generando una especie de huella sonora personal. La velocidad al pulsar las teclas, los intervalos entre pulsaciones, la frecuencia de repetición de ciertos sonidos y el idioma en el que se escribe pueden ser muestreados para generar esos patrones y analizarlos con el fin de asignar un sonido a cada tecla. Parece ser que una grabación de estos sonidos lo suficientemente prolongada (1.000 o más pulsaciones en un teclado) sería bastante para producir un patrón e identificar las letras pulsadas.
Con respecto al segundo método, es posible captar las emisiones electromagnéticas de un teclado con cable hasta desde 20 metros de distancia y sin estar físicamente conectado al teclado. En el año 2009, unos investigadores suizos probaron once teclados diferentes (USB, PS/2 y teclados de portátiles) dentro de una cámara semianecoica y llegaron a la conclusión de que todos ellos eran vulnerables. Esto es debido al elevado costo que supondría, aumentando muchísimo el precio de los teclados, apantallar o blindar correctamente los cables para que esas emisiones electromagnéticas no fueran apreciables. Los investigadores utilizaron un receptor de banda ancha para sintonizar la frecuencia específica de las emisiones radiadas por los teclados. Qué miedo, madre mía.
En el siguiente vídeo se puede comprobar el resultado del experimento comentado. Ha sido un vídeo bastante controvertido en Internet, tachado de fake e incluso de broma. No queda del todo claro, pero parece que en teoría lo que nos cuentan podría ser posible, sin embargo hay un montón de cuestiones en el aire.
[vimeo]http://vimeo.com/2007855[/vimeo]
Por último podríamos citar dos procedimientos más que, si bien no tan exquisitos y elegantes, no deben dejarse fuera de estudio. Son métodos básicamente utilizados por los ladrones para interceptar las pulsaciones en los cajeros automáticos, y que prácticamente todos conocemos ya. El primero se basa en la superposición de un teclado keylogger sobre el teclado original para que, al teclear el PIN de tu tarjeta de crédito, tanto el falso como el verdadero capturen las teclas pulsadas. Uno (el bueno) realizará su misión enviando el PIN a la máquina, y el otro guardará prudentemente en una memoria aneja la clave para luego ser utilizada ilegalmente.
El segundo de los procedimientos utilizados por los maleantes consiste en la colocación de una cámara de grabación sobre el teclado que registra la entrada de datos del usuario. No es un keylogger en el sentido clásico, sino una estrategia, sin embargo se puede utilizar perfectamente para capturar una contraseña o un PIN.
La mayoría de estos métodos se pueden evitar con la simple denegación de acceso físico a los equipos más sensibles, por ejemplo, bloqueando la sala de servidores de una empresa. Este es el medio más eficaz de prevenir la instalación de keylogger por hardware. Además, la inspección visual es la táctica principal para el descubrimiento de estos pequeños aparatos, ya que no se conocen métodos de detección a través de software.
En los casos en los que se oculta de la vista la CPU del ordenador y sólo tenemos acceso a monitor, teclado y/o un ratón, como por ejemplo en algunos quioscos o puntos de acceso públicos, donde la computadora permanece oculta en una caja cerrada, el usuario podría frustrar la acción de un keylogger utilizando el teclado en pantalla del propio sistema operativo o, si no se tiene acceso a él, escribiendo sólo parte de una contraseña, cambiando de ventana, añadiendo texto basura, volviendo al cuadro de la contraseña y escribiendo el resto. De este modo la captura de tecleo será una mezcla indescifrable de la clave correcta y texto basura; a más basura, menos legibilidad.

Teclado en pantalla para evitar el keylogging
Existen otras contramedidas eficaces para librarse de los keylogger. Algunas son bien conocidas porque las utilizan hoy día los sitios web de bancos y cajas de ahorro para dar acceso a las cuentas de sus clientes. El hecho de introducir la clave mediante pulsaciones de ratón en un pequeño teclado en pantalla que, además, cambia de orden las teclas en cada inicio de sesión, es una buena táctica. También existen rellenadores automáticos de formularios por software, contraseñas de un sólo uso que proporcionan las entidades financieras para cada caso particular, reconocimiento de voz, reconocimiento táctil de gestos, etcétera.
La paranoia tampoco es buena, pero unas medidas de seguridad básicas nos pueden evitar muchos disgustos. Estoy convencido de que después de leer este post, lo primero que vas a hacer es mirar la parte posterior del equipo de tu puesto de trabajo en busca de aparatejos raros conectados al cable del teclado. Siento haber arruinado tu día de juegos en Flash. I’m sorry, life is hard.
Y si lo que quieres es utilizar tú algún cacharro de estos para tus oscuros propósitos, puedes echarle un vistazo al KeyDevil, al KeyGhost, al WirelessKeylogger o, incluso, fabricarte uno propio, si eres un manitas, con las pautas del proyecto de código abierto DIY. Feliz espionaje.
El mundo no estaba preparado

Nikola Tesla
Nikola Tesla tenía todas las características para ser un genio, pues era bastante reservado, un poco excéntrico y, según dicen, andaba rozando la esquizofrenia paranoide. Era una persona capaz de formular un complicado teorema matemático para, a renglón seguido, explicar cómo había escuchado voces que venían desde el espacio y le habían inspirado. Evidentemente esto decía poco en favor de su lucidez.
Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido grandes científicos a los que se les atribuía una pincelada de locura o enajenación y ellos sí han quedado en los anales de la ciencia y aparecen en los libros de texto. ¿Qué ingredientes secretos tenía Tesla para terminar desprestigiado con el paso de los años? Pues un par de ellos que nunca han gustado a los que financian proyectos de investigación: el altruismo y la filantropía.
El croata-americano vivía con la obsesión de mejorar el mundo a través de sus inventos, de proporcionar bienestar y tecnología a cambio de nada, como un fin necesario para la evolución humana, fuera de todo reconocimiento, del que huía. Estas ideas siempre han sido muy hermosas en el lado de la teoría, pero el poder científico, como cualquier otro, siempre ha estado supeditado al poder económico, y si algo que cuesta dinero no da más dinero a cambio, simplemente se desecha como idea.
Durante una temporada, y tras abandonar su pueblo natal y pasar por París para, finalmente, nacionalizarse norteamericano, Nikola Tesla trabajó con Thomas Alva Edison, por recomendación de Charles Batchelor, un inventor con el que Tesla había compartido proyectos en Francia. Tesla admiraba a Edison por los avances que éste había obtenido en asuntos eléctricos, pero el sentimiento no era mutuo. Al poco de trabajar juntos, Edison comprobó que el cerebro de Tesla pensaba mucho más deprisa y mucho mejor que el suyo y eso le provocó un profundo sentimiento de envidia.
Edison disfrutaba de una cierta reputación en la sociedad norteamericana y no podía permitir que un muchacho de pueblo llegara para arrebatarle el puesto. Le hacía trabajar 18 horas diarias los siete días de la semana para solucionar problemas técnicos que al americano se le presentaban en sus investigaciones.
Edison utilizaba la humillación en contra de Tesla para saciar su rencor. En una ocasión Nikola plantó cara a Thomas y describió ante sus ojos cómo podría mejorar el efecto del generador que Edison había inventado. Edison le prometió que si lo conseguía le pagaría 500 dólares de la época. Meses de trabajo después Tesla lo logró, pero Edison no le dio suma alguna de dinero, en cambio le espetó: «Tesla, usted no entiende el sentido del humor de los norteamericanos». Nikola Tesla se despidió en ese mismo momento.
Genio asombroso, visionario e inteligente como pocos, fue sin embargo un personaje misterioso y oscuro, controvertido e incapaz de obtener beneficio de sus creaciones hasta el punto de ver cómo otro hombre recibía el premio Nobel por uno de sus inventos. En 1901, Guglielmo Marconi envió su famosa señal de radio a través del Atlántico, hecho que le hizo ganar el Nobel de Física en 1909. Lo que Marconi no dijo es que utilizó 17 patentes, nada más y nada menos, de Nikola Tesla para fabricar su rudimentaria radio. No sería hasta cuarenta años después cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos de América reconoció el error y atribuyó la invención en exclusiva a Tesla.
La radio, el motor de corriente alterna, la lámpara de pastilla de carbono, el microscopio electrónico, la resonancia, el rádar, el control remoto, el submarino eléctrico, los rayos X, la transmisión inalámbrica y un larguísimo etcétera constituyen el vasto compendio de inventos y patentes de Nikola Tesla. Sin embargo, si hubo una tecnología que le obsesinó durante buena parte de su vida, esa fue la de la transmisión de energía de forma inalámbrica. El hecho de poder encender una bombilla en cualquier parte del mundo si necesidad de cables es una realidad, y lo fue ya en su época, pero es una realidad que nunca se llevará a cabo por las connotaciones antisistema que posee.
La llamada bobina de Tesla es uno de los pocos inventos que de este científico se conocen. Este aparato es un tipo de transformador resonante, compuesto por una serie de circuitos, que permite transferir energía eléctrica de un punto a otro sin ningún tipo de cableado. La idea de Tesla consistía en la instalación de gigantescas bobinas por todo el mundo que transmitieran electricidad utilizando la propia atmósfera terrestre. De esta forma, cualquier persona en cualquier punto del globo podría acceder a una fuente de energía continua, limpia y, la palabra prohibida, gratuita.
Los grandes magnates de la época habían comprado ya todas las minas de cobre para comenzar a electrificar el país por medio de cables, por lo que Tesla era un engorroso enemigo para el engorde de sus fortunas. Además, eso de hacer llegar electricidad gratis a todo el mundo sólo podía ser una idea de un demente que no comulga con las tesis capitalistas y el modelo de negocio mercantilista. Modelo que todos sabemos que es el ideal para los que más tienen y un verdadero desastre para los que no tienen nada.
En aquella época, Nikola Tesla andaba enzarzado con Edison a cuenta de mostrar la superioridad de la corriente alterna sobre la corriente continua del americano. En 1893 se hizo en Chicago una exhibición pública de corriente alterna, demostrando su preeminencia sobre la corriente continua. Ese mismo año, Tesla lograba transmitir energía electromagnética sin cables.
Edison, con el objeto de disuadir sobre la teoría de Tesla, comenzó una campaña para fomentar ante el público el peligro que corría al utilizar ese tipo de corriente. Harold P. Brown, un empleado de Thomas Edison contratado para investigar la electrocución, desarrolló la silla eléctrica con el fin de demostrar sus teorías. Un golpe bajo y muy rastrero, además de un flaco favor a la humanidad.
Nikola consiguió financiación del empresario J. P. Morgan para construir una bobina de inmensas proporciones en Chicago y comenzar así una incipiente industria de la propagación inalámbrica de energía eléctrica. Tesla tuvo que prometer a Morgan pingües beneficios para convencerle de su inversión. Sin embargo, y tras la transmisión de radio de Marconi, el industrial decidió que ya se había conseguido el objetivo y optó por no financiar ni un dólar más al proyecto de Tesla. J. P. Morgan, al igual que sus coetáneos, no supo ver tampoco las dimensiones de los propósitos de Tesla, pues sus intenciones llegaban mucho más allá que el simple hecho de hacer cruzar una señal de radio de una punta a otra del océano.
Nikola Tesla murió en Nueva York el día 7 de enero de 1943. Se fue pobre, abandonado, olvidado y defenestrado por la comunidad académica, que nunca supo entender por qué sus artículos no les eran enviados antes a ellos que a los periódicos. El mismo día de su muerte, en plena Guerra Mundial, el FBI se encargó de requisar todos sus materiales, sus cajas y cuadernos de notas, creándose el ‘Informe Tesla’ y realizando registros en aquellos lugares donde Nikola pudiera tener anotaciones o referencias de sus inventos.
Hoy en día las cosas no han cambiado en absoluto. Ninguna multinacional energética permitiría que se desarrollaran masivamente las teorías de Tesla, porque ello implicaría el fin del negocio para muchos y su suicidio empresarial. La electricidad inalámbrica, barata y limpia es posible, pero un mundo capitalista no concedería el más mínimo interés a tal fin. El mundo no estaba preparado entonces, pero hoy tampoco.
Si el lector desea más información sobre Nikola Tesla y su monumental proyecto, el siguiente vídeo explica a las mil maravillas cómo una buena idea se puede volver en tu contra por la envidia, la avaricia y la mezquindad de las personas.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Zif-Y8L8y_w[/youtube]
Frases con historia (XI)
La teoría de los gérmenes de Louis Pasteur es una ficción ridícula.
Pierre Pachet, Profesor de Fisiología de la Universidad de Toulouse. 1872.

