Entradas de noviembre de 2011

Pomplamoose es un grupo indie friqui de esos que nos gustan tanto por aquí

El dúo de marras

El dúo de marras

Es un dúo californiano (de la California de toda la vida de las pelis yanquis) que, como buen dúo que se precie, está formado por dos personas; a saber: Jack Conte, hombre barbado de aspecto desaliñado, y Nataly Dawn, una jovenzuela pizpireta con un par de ojos en la cara de esos que te quedas mirando y te ves reflejado en los arrecifes coralinos de la Isla de Providencia.

La pareja de músicos se juntó hace algo más de tres años, en junio de 2008, y reventó las listas de éxitos interneteras, consiguiendo en sólo un año vender más de 100.000 canciones vía E-junkie y, también, iTunes. Su canal youtubero cuenta con casi 330.000 suscriptores a día de ahora mismo. Como instrumentistas son tremendos, la voz de ella es inmejorable y los vídeos tienen una edición impecable.

Pomplamoose se enmarca a sí mismo en el campo musical independiente y alternativo, contando con un buen puñado de temas que hacen las delicias de los aficionados más exigentes. Sin embargo, lo que nos llama la atención en teknoPLOF! es ese lado más friqui de su música, el lado de los cover, o versiones de temas de otros autores, que nos transportan automáticamente al universo paralelo del fanatismo extravagante que representa todo lo considerado como freak.

Hay versiones para todos los gustos, desde Lady Gaga a Aerosmith, pero aquí nos han enamorado profundamente dos. El siguiente vídeo se corresponde con la primera de ellas, un estupendo cover del tema «Mister Sandman«, la canción popularizada en 1954 por el cuarteto femenino The Chordettes y que a mí, particularmente, cada vez que la escucho me viene a la mente nada más y nada menos que Marty McFly entrando en la cafetería del Hill Valley de 1955, en la primera entrega de ‘Regreso al futuro‘. Y el que tenga más de treinta y menos de cuarenta y no sienta lo mismo, es que no ha vivido su infancia con rigor friqui. Por cierto, en este vídeo colabora el también artista indie Ryan Lerman.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=9xMCNmUaGko[/youtube]

Mister Sandman

El segundo tema es más geek que otra cosa (vídeo siguiente): es la versión inigualable del soniquete del afamado videojuego ‘Angry Birds‘. Un vídeo de manufactura impoluta con el que disfrutas, te ríes y alucinas con lo bien realizado y sonorizado que está. Los lectores habituales de este blog recordarán otro cover del tema de este juego que ya publicamos, en el que se decía que aquel era magistral e impresionante y… ¡paparruchas! Retiro todo lo dicho y me quedo con este hasta el infinito y más allá.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=7UCm6uyzNE8[/youtube]

Angry Birds

El nombre de Pomplamoose deriva de la palabra francesa pamplemousse, que no significa otra cosa que «pomelo»; pomplamoose viene a ser la aproximación fonética inglesa de la pronunciación francesa de ese término. El sabor del pomelo es muy particular y desconcierta a mucha gente que lo prueba, que se encuentra con un gusto menos dulce que el de la naranja, menos ácido que el del limón y algo amargo. Pomplamoose es un pomelo dulce como el almíbar con ese toque ácido inconfundible y exquisito de la lima gallega. Menuda gilipollez de frase que acabo de escribir, pero cualquiera relaciona el nombre del grupo con los pomelos de los cojones.

Ver y disfrutar. Sin más.

La termodinámica de un botijo

Con ustedes, el botijo

Con ustedes, el botijo

El botijo, ese instrumento para almacenar y refrescar agua tan español (pero también de muchos otros países mediterráneos) posee una historia que se remonta a las antiguas culturas mesopotámicas, donde se encontraron los primeros restos de recipientes con formas similares a los actuales. Sin embargo, se cree que ya en el Neolítico los antiguos prehistóricos utilizaron envases naturales, como huevos de avestruz o de otras aves, a guisa de botijos.

Consiste en un recipiente de arcilla o barro poroso, de formas redondeadas y base comúnmente circular, que posee un asa de agarre y dos aberturas, una más ancha para echar el agua (boca) y otra más estrecha para beber (pitorro o pitón), inclinándolo por encima de la boca.

La procedencia etimológica de su nombre es romana, concretamente del término del latín tardío buttis (odre). De este mismo derivan también «bota» (la de beber), «botija» y, finalmente, «botella».

El botijo tiene la particular cualidad de enfriar físicamente el agua que contiene aun en los climas más cálidos, ya que puede llegar a reducir su temperatura interior hasta 10 grados en condiciones óptimas. Pero, ¿cómo demonios funciona un botijo? ¿Es posible que algo tan antiguo siga las leyes de la termodinámica? Pues sí, mire usted.

El mecanismo de enfriamiento es tan sencillo como compleja es su formulación matemática. El agua contenida en un botijo, al ser éste de un material poroso, se filtra hacia la superficie exterior donde, por efecto de las altas temperaturas, se evapora. Este cambio de estado líquido a gaseoso necesita de energía calorífica, y parte de esta energía se extrae de la propia masa de agua contenida en el interior, disminuyendo su temperatura. Ni más ni menos.

La teoría cinética nos permite interpretar también el fenómeno de refrigeración por evaporación desde el punto de vista microscópico o molecular. Así, nos encontramos con que las partículas de un sólido, líquido o gas se están moviendo o agitando continuamente. La temperatura es una medida de la energía cinética media de las partículas:mayor velocidad de éstas implica mayor temperatura, y viceversa. En un líquido las partículas se mueven deslizándose unas sobre otras, las más veloces se acercan a la superficie libre del líquido y, si tienen energía suficiente, pueden escapar de él, produciéndose la evaporación. Este cambio de estado (de líquido a vapor) provoca un enfriamiento del sistema, ya que, precisamente, desaparecen las partículas más energéticas.

El grado de enfriamiento depende de varios factores, fundamentalmente del agua que contenga el botijo y de las condiciones ambientales. Estas últimas deben implicar un clima cálido pero seco, es por ello que en la zona norte de España no tuviera tanta repecursión la utilización del botijo, porque la humedad ambiental dificulta la evaporación y, por lo tanto, la refrigeración del líquido elemento. El botijo, pues, es un elemento típico de la cultura española sobre todo en el tercio sur de la península (Extremadura, La Mancha, Levante y Andalucía). Sin embargo, difícilmente nos encontraremos una región o comarca que no tenga su botijo.

Asimismo, como hemos comentado, el material utilizado para la fabricación del botijo ha de ser poroso, por aquello de que el agua pueda filtrarse desde el interior hacia el exterior. Por tanto, los botijos esmaltados, lacados o pintados que hoy se utilizan como motivos ornamentales pierden sus capacidades refrescantes en cuanto son decorados.

Por el mismo efecto físico, las cantimploras metálicas de montañeros y exploradores enfrían el agua que llevan dentro. En este caso, el material en el que están fabricadas no es poroso, por lo que se les añade un abrigo o forro de fieltro que ha de ser humedecido convenientemente. El agua con el que se moja la tela se evapora de la misma manera que la de un botijo tradicional, utilizando parte de la energía calorífica del líquido que contiene la cantimplora para convertirse en vapor, refrigerando así el contenido.

En realidad es un fenómeno que existe desde que el mundo es mundo, y que está más cerca de nosotros de lo que pensamos. Nuestro propio mecanismo de refrigeración natural funciona de la misma manera, pues miles de gotitas de sudor (generadas por nuestras glándulas sudoríparas ecrinas de todo el cuerpo y enviadas hacia los poros de la piel) nos perlan de agua que, en el proceso de vaporización cuando la temperatura exterior es alta, utilizan nuestro propio calor como energía para evaporarse, rebajando nuestros grados corporales. ¿Qué cosas, eh?

Pero lo más curioso del tema es que, en el año 1990, un profesor de Química en la Escuela Técnica Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid, el señor Gabriel Pinto, se empeñó en parametrizar en una ecuación matemática todas las variables y factores que influyen en el mecanismo refrigerador del botijo. Pinto desarrolló un modelo matemático que iba ajustando mediante datos experimentales. Había considerado multitud de factores, empero, existía algo que seguía sin cuadrar: las ecuaciones le conferían al botijo una capacidad ilimitada de enfriar.

Fue entonces cuando otro profesor de Química, José Ignacio Zubizarreta, aportó el detalle que faltaba, algo que Pinto había pasado por alto: el calor de radiación que aporta el aire que se encuentra en el interior del recipiente. La fórmula estaba terminada. En 1995, ambos profesores publicaron en la revista americana Chemical Engineering Education (en su número 29) el artículo titulado An ancient method for cooling water explained by means of mass and heat transfer. El resultado fue un par de ecuaciones diferenciales que relacionaban todos los parámetros; las que se pueden observar en la imagen siguiente.

Las ecuaciones del botijo; ahí es nada

Las ecuaciones del botijo; ahí es nada

Donde:

Leyenda de variables

Suponiendo un botijo con geometría esférica perfecta, el siguiente esquema puede ayudar a comprender las ecuaciones.

Gráfico botijero

Gráfico botijero

De ahora en adelante, siempre habremos de mirar a los botijos con otros ojos. Y con esto termino, y aludo a otra entrada de este blog que remata la afirmación aquella de que la física de los instrumentos modernos, la química de los seres vivos o la mecánica de los aparatos actuales siempre estuvieron ahí, esperando a que alguien los repitiera artificialmente y los plasmará en un papel. Nada nuevo bajo el sol.

La última obra maestra de animación…

Fotograma del clip

Fotograma del clip

… es de Hoku Uchiyama, un joven director cinematográfico estadounidense, de origen indio, que ya mientras cursaba sus estudios en el Art Center College of Design (Pasadena, California) ganó el premio al mejor director novel del festival de Cannes.

Este corto, en concreto, es un videoclip que el artista creó para el tema «Have you seen my sister Evelyn” de la banda independiente Evelyn Evelyn, un dúo musical (con toques humorísticos) formado por Amanda Palmer y Jason Webley. La pareja interpreta en el escenario a dos hermanas siamesas (Evelyn y Evelyn Neville) que tocan un mismo instrumento al tiempo mientras cantan las letras a coro.

La calidad del videoclip es simplemente impresionante. Dibujos de aspecto similar a las primeras animaciones de Disney de los años treinta y cuarenta americanos se deslizan por el vaho de los cristales empañados de unas antiguas ventanas de madera. La música del tema recuerda muy mucho a aquellos tiempos, pues tiene un agradable tufillo a las Andrew Sisters más auténticas y genuinas del Mineápolis de la Segunda Guerra Mundial.

Sin más, os dejo con esta gran obra maestra. Sólo queda disfrutarla.

[vimeo]http://vimeo.com/29939081[/vimeo]

Videoclip de Evelyn Evelyn

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