Entradas de marzo de 2012

De fluoroscopios, pedoscopios y otras lindezas varias

Fluoroscopio de zapatería

Fluoroscopio de zapatería

Comprar zapatos puede llegar a ser algo divertido siempre y cuando no tengas algún problema en los pies que te impida disfrutar del evento en sí. Y es que la mayoría de las personas se quejan de dolores podales tras el estreno de zapatos nuevos; que si me aprieta aquí, que si me queda muy holgado por allá, que si me hace marcas por acullá, que si la abuela fuma, que si deja de fumar. Un infierno, vaya.

Hoy día las zapaterías son meros negocios mercantes de zapatos y zapatillas en los que el cliente no disfruta de un trato personalizado, en buena parte porque estos complementos se fabrican en serie bajo números prefijados que obligan a adaptar tu pie al calzado, cuando, en realidad, debería ser al revés. Pero no siempre fue así.

En la década de los años veinte americanos, de los americanos de América de arriba, se puso de moda un aparatejo zapateril al que los yanquis, haciendo gala de la amplia flexibilidad de su lenguaje materno, bautizaron como pedoscope. Es castellano castizo podría traducirse algo así como «pedoscopio» o, quizás, «podoscopio» o quién sabe si «pediscopio». El caso es que nunca nos hizo falta acuñar un término para ello porque el tramánculo en cuestión ni siquiera llegó a Europa. Nosotros lo llamaremos pedoscopio (aunque resulte cacofónico) por aquello de distinguirlo del podoscopio actual que tienen todos los pediatras y los ortopedistas en sus consultas.

El pedoscopio en sí no era otra cosa que un fluoroscopio especialmente diseñado para zapaterías. El fluoroscopio es un aparato médico consistente en una fuente de rayos X y una pantalla fluorescente entre las que se sitúa el paciente para que se le observen sus estructuras internas en tiempo real, diagnosticando así su dolencia rápidamente. Vamos, un escáner de rayos X de los de toda la vida.

Pedoscopio

Pedoscopio

Se componía básicamente de una caja de madera con un orificio posterior para meter el pie, zapato incluido. Dentro disponía de un aparato de rayos X y, por la zona anterior, de varios visores donde observar los resultados. Al mirar por los tubos, se podía ver con total claridad y nitidez los huesecillos del pie encerrados en el armazón del zapato, pudiendo determinar fehacientemente si ese calzado era correcto para el cliente o no.

Certificado de zapato adecuado con prueba de rayos X

Certificado de zapato adecuado con prueba de rayos X

En principio, se especula que aquello no fue más que un reclamo publicitario para que las madres compraran zapatos a sus hijos, ya que a estos les encantaba aquello de poder ver su pie por dentro. No en vano, los varios visores que montaba el aparato eran para compartir experiencia X: uno para el zapatero, otro para un cliente (la madre, por ejemplo) y un último para el curioso infante.

El fluoroscopio para pies tenía también un par de selectores, uno para la intensidad de exposición (alta para hombres, media para mujeres y baja para niños) y otro para el tiempo (con una media de 20 segundos por pie). El zapatero regulaba estos parámetros a su antojo.

Sin embargo, existía un problema que no se investigaría hasta años más tarde, que era el peligro que suponía la exposición a aquellos rayos X con muy pocos años de historia. La amenaza afectaba a los pequeños pies de los niños en desarrollo pero, también (y sobre todo), a los zapateros que utilizaban aquellas máquinas a diario sin ningún tipo de protección.

Se han documentado casos de vendedores con dermatitis en las manos, por el hecho de introducirlas en el aparto para ajustar el zapato, e, incluso, un caso de amputación de una pierna en un hombre que trabajaba como modelo de zapatos. Es curioso, pero aún con estas incidencias tan graves, los pedoscopios no llegaros a desaparecer de las zapaterías hasta cerca de 1970.

La historia del cacharro viene de varios años antes, cuando el doctor Jacob Lowe, de Boston, lo creó para visualizar rápidamente los pies a los soldados durante la Primera Guerra Mundial. En aquella época se descubrió que multitud de combatientes llegaban del campo de batalla con muchos problemas en los pies a causa de llevar las botas mal ajustadas durante el servicio. Ello provocaba graves daños tras el uso diario durante meses, por lo que ideó el pedoscopio para intentar paliar el problema.

Al terminar la contienda, este fluoroscopio fue modificado para darle un uso más comercial, a la sazón en el campo de la zapatería. En Estados Unidos rápidamente se enamoraron de la máquina en una feria de zapateros, y la mayoría de tiendas de calzado de costa a costa empezó a comercializar su uso como un punto clave de venta.

Por lo tanto, y para terminar, nos han de quedar claras tres cosillas, nada más. Primero: los americanos son siempre los que lo inventan casi todo y lo comercializan a lo bestia; segundo: aquella ciencia que se dona al pueblo es más que probable que venga de algún invento militar; tercero: casi siempre fallan en el tema de guarda de la salud y al final, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde. Punto y se acabó.

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MicroCubo

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Seguramente, si te decides a adquirir un eBook o libro electrónico habrás optado por examinar muy de cerca el Amazon Kindle, uno de los más publicitados, con mayor calidad de lectura, ligero, de batería duradera y a muy buen precio. Sin embargo, el Kindle viene desnudo, tal cual, sin ningún tipo de accesorio extra.

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Hoy nos vamos a centrar exclusivamente en los accesorios Amazon Kindle, donde te toparás con varios agregados que harán de tu Kindle más duradero a base de fundas de transporte y protectores de pantalla.

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También el protector Kindle, una película plástica de alta durabilidad que protege la pantalla contra arañazos, rayones y otros daños. Sencilla de colocar (incluye un pequeño trapo con el que limpiar la superficie de la pantalla para no dejar motas ni burbujas) y muy fácil de retirar en el futuro. Por el increíble precio de 2,13 €.

Por último, la funda rosa Kindle, de piel y con acabado en un rosa ideal de la muerte para todas aquellas féminas (machotes también, por qué no) que quieran presumir de Kindle megafashion. Por la módica cantidad de 9,96 €.

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teknoPLOF! INTO alt-tab #5

teknoPLOF! INTO alt-tab

teknoPLOF! INTO alt-tab

teknoPLOF! en alt-tab publica su quinta entrada. Hoy nos centramos en el Thermaltake Level 10 M, un ratón especialmente diseñado para los jugones más extremos de la gamesfera.

Su diseño, su ergonomicidad, sus lucecitas, botones personalizables y su carcasa basculante hacen de él un periférico ideal para darle caña a los títulos lúdicos más exigentes.

El post, vía alt-tab, aquí: http://alt-tab.com.ar/el-raton-extremo-para-gamers-extremos/

Frases con historia (XVI)

La lotería es un impuesto que grava a las personas que no conocen las matemáticas.

Robert A. Heinlein, fallecido escritor estadounidense de ciencia ficción.

Reventando contraseñas guardadas con Google Chrome

Contraseñas con Chrome

Contraseñas con Chrome

Mira que a mí nunca me ha gustado eso de marcar la casillita de verificación para almacenar nombres de usuario y contraseñas en local, y parece que el tiempo me da la razón. Es una opción muy típica de sitios web en los que tienes que hacer login para acceder a tu cuenta de usuario y, además, en la mayor parte de ellos suele venir activada por defecto. Me refiero, claro está, a ese tick que contienen los formularios que dice algo así como «recordar mis datos», «guardar datos de acceso» o algo parecido.

Afortunadamente, cada vez menos sitios web incluyen la verificación de marras en sus formularios de inicio de sesión, sin embargo, desafortunadamente, no hace falta que lo hagan, porque son los navegadores, de manera predeterminada, los que se encargan de preguntarnos a ver si deseamos almacenar los datos para que, en futuros accesos, no tengamos que volverlos a escribir. Es el caso del famoso autocompletado para nombres de usuario y contraseña en Internet Explorer o del guardado automático de contraseñas en Google Chrome.

Y en este último nos vamos a centrar; primero porque trae ese almacenado automático activado de serie en forma de pregunta cada vez que hacemos login en un formulario de acceso y, segundo, porque dispone de una característica denominada «Inspeccionar elemento» que es una herramienta para desarrolladores que permite depurar el código de una página web en tiempo de ejecución.

La ventana Herramientas para desarrolladores que despliega Chrome en la zona inferior al utilizar dicha opción es un potente utensilio que permite trabajar con un tipo específico de información sobre una página o una aplicación, incluidos elementos DOM, recursos y secuencias de comandos. Admite auditorías en tiempo real, análisis de código JavaScript, detección de solicitudes HTTP, tiempos de gestión y hasta tiene una consola JavaScript para interactuar con la página de forma automática.

Lo que a nosotros nos interesa es únicamente el panel de elementos, que es el que nos deja ver la página web como la ve el navegador, es decir, el lenguaje HTML y los estilos CSS sin formato, así como el Modelo de Objetos de Documentos (DOM), manipulándolo todo on the fly (sobre la marcha, vaya).

Haremos una prueba muy sencillita para ver cómo se puede acceder a una contraseña almacenada de forma fácil y hasta divertida. Voy a entrar en mi cuenta de Facebook con Google Chrome.

Paso 1

Paso 1

Una vez he hecho login, Chrome me pregunta (en una barra superior) a ver si quiero que guarde la contraseña en una cookie para que no tenga que andar escribiéndola posteriormente. Le digo que sí, que la almacene, que soy un vago y no quiero volvérsela a meter.

Paso 2

Paso 2

Ahora cierro la sesión, me salgo y cierro también Chrome. Vuelvo a abrir una nueva instancia y accedo a la URL de Facebook. ¡Magia! Chrome ha reconocido el sitio y me ha colocado automáticamente nombre de usuario, en este caso la dirección de e-mail, y contraseña en sus respectivas cajas de texto, coloreándolas en amarillo para que yo sepa que son datos guardados por él.

Paso 3

Paso 3

Lo único que tendría que hacer en este momento es darle al botón Entrar y listo. Pero no lo voy a hacer, porque ahora es cuando viene lo mejor: el password crack. Me coloco sobre la caja de contraseña y hago clic con el botón derecho, seleccionando Inspeccionar elemento. En la zona inferior del navegador se despliegan los paneles de herramientas para desarrolladores. Automáticamente me habrá colocado en el panel Elements (el primero) y estaré viendo el código HTML de la página de inicio de Facebook.

Paso 4

Paso 4

Además, la línea automáticamente seleccionada (con sombra gris) es el HTML correspondiente al elemento en el que yo había hecho clic derecho, es decir, la caja de texto para la contraseña.

Paso 5

Paso 5

Como podemos observar, es, lógicamente, una etiqueta <input> del tipo password, esto es, un cuadro de introducción de caracteres en el que, al escribir, aparecen asteriscos o puntos, ocultando lo tecleado. Pues bien, si ahora hago clic derecho justo encima de password y selecciono la opción Edit attribute del menú contextual correspondiente, la herramienta me permite cambiar al valor del atributo type.

Paso 6

Paso 6

Sólo tengo que borrar password y escribir text, es decir, un valor de atributo que convierte la caja de texto en una caja normal y corriente, sin características de contraseña ni nada por el estilo. ¡Magia otra vez! Ahora estaré viendo en el cuadro de la contraseña mi fabulosa clave de acceso en todo su esplendor. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Paso 7

Paso 7

Evidentemente nadie quiere reventar su propia cuenta de Facebook, pero es cuestión de acceder a un cibercafé, a cualquier otro lugar donde haya ordenadores compartidos o al equipo de tu ex novia para conseguir robar, en cuestión de minutos, los datos de los facebookes, twitteres, googlepluses, yahooes y demás sitios con contraseña.

Mi recomendación es la de siempre: desactivad todos los autocompletados de datos importantes de vuestros navegadores. No cuesta nada escribir una dirección de correo, un nombre de usuario o una contraseña cada vez que se acceda. Y, por supuesto, los «no cerrar sesión» esos que veréis en el 99% de los formularios de acceso tampoco los activéis. Si vamos con prisa y cerramos la ventana del navegador sin haber matado la sesión, cualquiera que venga detrás tendrá las puertas abiertas a un mundo de fantasía sin igual.

Precaución, precaución y precaución. En Internet siempre precaución. Y una última notita aclaratoria, la contraseña de la última imagen de esta entrada no es, evidentemente, mi clave de acceso a Facebook, así que dejad ya de intentar entrar en mi cuenta cual malandrines.

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