Entradas de noviembre de 2019
¿Qué era el DOS/4GW Professional Protected Mode Run-Time?

Desde finales de la década de 1980 y hasta principios de la de 1990, cuando los videojuegos y el software de diseño y desarrollo profesional comenzaron a requerir características técnicas de hardware que todavía no estaban disposibles, los ingenieros tuvieron que inventarse algo que exprimiera aquellas máquinas tan limitadas hasta valores insospechados.
En la informática del siglo pasado, la DOS Protected Mode Interface (DPMI) fue una especificación introducida en 1989 que permitía que un programa para DOS se ejecutara en un modo especial protegido que daba acceso a un montón de funciones de aquellos nuevos procesadores para pecé de la época, funciones las cuales no estaban disponibles en, digamos, el «modo real». Inicialmente desarrollada por Microsoft para ‘Windows 3.0’, fue después una especificación liberada y controlada por un comité de libre asociación.
Basándose, pues, en esta tecnología DPMI fueron apareciendo —como setas— por aquellos tiempos los llamados DOS extender, o extensores de DOS, piezas de software que, ejecutadas bajo sistemas operativos DOS, permitían que otros programas corrieran en esos entornos de modo protegido, a pesar de que el sistema operativo anfitrión sólo pudiera funcionar en modo real. Los extensores de DOS se desarrollaron inicialmente en los años ochenta, después de la introducción del procesador Intel 80286, pero después se replicaron tras la aparición del Intel 80386, sobre todo para hacer frente a las limitaciones de memoria de MS-DOS y de sus primos y hermanos.

De entre toda aquella marabunta surgió, en 1990, DOS/4GW, un extensor de 32 bits que permitía a los programas de DOS eliminar el límite de memoria convencional de 640 kB, pudiendo direccionar hasta 64 MB de memoria extendida en máquinas Intel 80386 y superiores. DOS/4GW podía y puede operar dentro de MS-DOS, PC-DOS, DR-DOS y otros clones de DOS y emuladores actuales. Fue desarrollado por Rational Systems (posteriormente Tenberry Software) como un subconjunto del anterior DOS/4G, extensor que se distribuyó con el compilador Watcom C.
Al funcionar como una biblioteca de extensión de memoria altamente flexible y reutilizable, DOS/4GW permitía a los programadores acceder a la memoria extendida sin programar una sola línea de código especializado. El extensor se incrustaba en el archivo ejecutable en el momento de la vinculación y se ejecutaba antes del código de la aplicación principal, por lo que generalmente los mensajes de inicialización de DOS/4GW aparecían en el inicio, como podíamos ver en aplicaciones como ‘Adobe Acrobat Reader 1.0’ y en juegos como ‘Doom’ (id Software, 1993) y sus secuelas, ‘Duke Nukem 3D’ (3D Realms, 1996) o ‘Mortal Kombat’ (Midway Games, 1992).
‘Max Mix’, el fenómeno ochentero del megamix en España

A finales de los años setenta del siglo pasado, en la ciudad de Nueva York, los disc-jockeys punteros del momento comenzaron a mezclar canciones en sus sesiones de música disco de tal forma que, a ritmo de una base musical común, enlazaban unos temas con otros generando uno nuevo, continuado y de larga duración. Aquellos DJ, cuyo máximo exponente fue el mítico Grandmaster Flash, solían grabar estos temas en cintas de casete o cintas magnetofónicas de manera artesanal durante el espectáculo, cintas que, posteriormente, distribuían —al margen de las discográficas— entre los incondicionales del movimiento musical. Había nacido el mix (mezcla).
Estas mezclas musicales y sonoras tan estéticas y originales, sin dejar de ser bailables, se fueron complicando e intrincando con sonidos y efectos especiales, repeticiones, scratches con vinilos, reverberaciones, ecos imposibles y voces distorsionadas; fue el momento en el que el simple mix se convirtió en megamix, algo así como «un millón de mezclas», voz que proviene del griego y del inglés.

El mix y el megamix no tardaron en saltar el charco, y en Europa comenzaron a destacar diversos disc-jockeys como Alan Coulthard, Sanny-X, Les Adams, Lex Van Coeverden, Froggi, Jean Paul Maes, Phil Panter o Lombardini, entre otros muchos. En España fue el DJ Raúl Orellana quién acuñó el primer mix español de curso legal, producido y publicado por Blanco y Negro Music en 1983; se llamó ‘Studio 54 Connection‘.
Sin embargo, fue un año después (en 1984) cuando un sello español independiente llamado Max Music organizó el primer concurso de megamix (término que inventaron ellos mismos) de nuestro país. Aquel concurso lo ganó un joven DJ barcelonés al que se le conocía como Mike Platinas —formalmente Miguel Fabrellas—, y su premio fue la grabación de un elepé con la discográfica y junto al DJ Javier Ussía: allí y entonces tuvo su origen la saga ‘Max Mix‘ con el primer disco megamixero patrio en 1985, el llamado ‘Max Mix (El Primer Megamix Español)‘.

Aquellas primeras mezclas bebían de temas bailables del tecnopop, la música disco e, incluso, italodisco, a menudo de artistas semidesconocidos que pinchaban sobre bases y que montaban a mano ellos mismos a base de recortar y pegar pedazos de cintas magnetofónicas, todo ello antes de la llegada de los primeros samplers. En el proceso de realización de esas primeras obras se llegaban a emplear varias copias de los mismos vinilos para paliar el empeoramiento progresivo de la calidad del audio causado por el lógico deterioro del surco.
El disco fue todo un éxito. Tras aquello llegó ‘Max Mix 2 (El Segundo Megamix Español)‘, en 1985, un volumen que superaba con creces a su antecesor, tanto en forma técnica como de manera artística, ya que la discográfica les permitió más libertad creativa que con la primera entrega y, además, se utilizaron cortes y efectos mucho más elaborados.

Después de este disco, ambos disc-jockeys dejaron Max Music por desavenencias con el sello y fueron relevados por otros dos expertos, Toni Peret y Josep Mª Castells, dos jóvenes DJ que, junto con el ingeniero de sonido Andreu Ugas, llevaron el megamix español a la estratosfera musical, haciéndolo internacional y de una calidad que no se repetía en ninguna otra parte del mundo. ‘Max Mix 3’ (‘Max Mix 3 (El Tercer Megamix Español)‘) y, sobre todo, ‘Max Mix 4’ (‘Max Mix 4 (Hazte tu megamix)‘) tuvieron un éxito tan brutal que el cuarto volumen arrebató el récord Guinness al mismísimo Julio Iglesias al vender 180.000 copias en 2 semanas. Asimismo, ‘Max Mix 4’ traía un kit incluido para desarrollar un megamix propio con material para cortar y pegar cinta, dos resbaladores para los platos y un libro explicativo.
Para entonces, otros sellos se unieron al filón mercantil del megamix, y comenzaron a aparecer series míticas como ‘Bolero Mix’ (1986) y, algo más tarde, ‘Ibiza Mix’ (1995) o ‘Caribe Mix’ (1996) que han sobrevivido varias décadas, aunque el propio concepto de megamix como tal iría desapareciendo en ellos y terminarían por convertirse en meros recopilatorios. Por su lado, la saga que nos ocupa terminó con ‘Max Mix 12’, aunque posteriormente han aparecido reediciones y recopilaciones. En el año 2015, para celebrar el aniversario número treinta de la aparición del primer ‘Max Mix’, Blanco y Negro (que en su día compró Max Music) lanzó una edición especial de dos volúmenes de triple CD y una edición en vinilo.

El fenómeno del megamix nos levantó en las salas de bailes ochenteras a ritmo de mezclas imposibles y repiqueteos que éramos incapacez de reproducir al cantar. Sin embargo, aquello fue una revolución de la producción musical tal, que siempre existirá un antes y un después entre los géneros de la música disco.

