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«Meow»: La guerra que reconfiguró Usenet

Meow Wars
Controlados por La Cabal, fueron los antepasados de los foros actuales y, aunque siguen existiendo, muy poca gente los utiliza ya. Una vez suscrito a un grupo, descargabas los encabezados de todos los mensajes para, posteriormente, revisar o leer los que fueran de tu interés y proceder a responder si era menester. Los que navegábamos por allí con un módem de 14.400 bps, nos eternizábamos para acceder a según qué grupos, pero estábamos seguros de que una vez dentro de comp.lang.java.help nuestras dudas sobre desarrollo iban a ser resueltas tarde o temprano.
En los newsgroups nacieron los troles actuales, los spammers, los cascaders y los flamers, llegando a haber, en alguna ocasión, cruentas guerras de flames (flame wars). Un flame consiste en un mensaje deliberadamente hostil o insultante enviado sin ningún propósito constructivo, denominándose flamer a aquel que lo remite. Aunque la mayoría de guerras de flames ocurrían dentro de un solo tablón de mensajes, era probable que en ocasiones las represalias traspasaran fronteras, bombardeando distintos grupos y propiciando una contienda sin límites que podía terminar en un gran caos general. Ello fue lo que ocurrió a principios de 1996 y que hizo que aquella guerra destacara sobre las demás y fuera considerada la madre de todos los conflictos internautas de la época: las llamadas Meow Wars (Guerras Miau).
Las Meow Wars representaron el mayor conflicto bélico de flamers en la historia de Usenet. Con la participación de cientos de usuarios y la implicación de más de ochenta grupos de noticias, la batalla duró 45 semanas, y se la equipara a la Segunda Guerra Mundial de los newsgroups. Fue la guerra de flames que terminó para siempre con todas las guerra de flames.
Todo empezó de una forma inocente. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Harvard comenzó a utilizar Usenet como tablón de anuncios para sus cotilleos y mensajes internos dirigidos a compañeros de los distintos colegios mayores. El grupo que eligieron, presuntamente al azar, fue alt.fan.karl-malden.nose, remanso de los admiradores de la prominente nariz del actor estadounidense Karl Malden. Este grupo era uno de tantos con nombre de chiste que, una vez creado, prácticamente permanecía vacío y olvidado; hasta que llegaron los universitarios.
Tras un tiempo de chismes sin importancia y de anodina información académica, los muchachos, aburridos, decidieron dirigir su atención a grupos aledaños, invadiendo y reclamando como suyos otros foros vacíos como alt.fan.ok-soda o alt.fan.pooh. La extensión de sus tentáculos no resultó gratificante en absoluto, pues los temas de discusión seguían sin satisfacer a los jóvenes, y el ambiente continuaba siendo soporífero.
Fue entonces cuando un tertuliano propuso invadir un grupo de verdad, uno poblado de usuarios interesados en sus temas que compartieran información útil, con el objeto de ofender y humillar a la gente estúpida que por allá circulase. Y es que los estudiante de Harvard es lo que tienen, que siempre se han creído superiores al resto de los mortales por el simple hecho de cursar estudios en una de la universidades más elitistas y arrogantes del mundo. Lo que te inculquen aprenderás.
Cuando Matt Bruce, también de la banda de Harvard, leyó la sugerencia, propuso «remitir mensajes y envíos cruzados a alt.tv.beavis-n-butthead, usando palabras largas y de perfecta gramática«, además de alentar a sus compañeros a negarse a «hablar como los rufianes de ese grupo». Los niños de Harvard no sabían donde acababan de meter las narices, y la guerra comenzó.
Los habitantes de alt.tv.beavis-n-butthead, un grupo dedicado a la serie cómica americana de dibujos animados «Beavis and Butt-head«, se rieron de aquella provocación y no le dieron mayor importancia. Esto hizo que los estudiantes, despechados, atizaran más la llama de la hostilidad y se propusieran la amenaza de inundar el grupo de mensajes inútiles y de contenido estúpido. En ese momento, el mencionado Matt Bruce, haciendo uso de la firma («meow meow») de uno de los compañeros que se hacía llamar C.A.T., escribió la famosa frase detonante que daría comienzo a las acciones violentas. Aquel comentario rezaba: «Meow meow Henrietta Pussycat meow meow meow. The Presidents of the United States of America meow Kitty?«, cuya absurda traducción viene a ser: «Miau, miau, gatita Henrietta, miau, miau, miau. ¿Maúllan los presidentes de los Estados Unidos de América, gatita?».
Todo este miau hacía referencia a la gatita Henrietta de la serie de televisión infantil «Mr. Rogers’ neighborhood«, y Bruce envió el mensaje cruzado a una docena de grupos de diversa índole. Los usuarios de destino se percataron enseguida del trol invasor, y respondieron al flame con nuevos envíos en los que la palabra «meow» se repetía un número considerable de veces. La locura se había desatado, e invasores e invadidos empezaron a vomitar miaus a diestro y siniestro, creando cascadas y cascadas de incontables flames de condición gatuna.
Hubo un momento en que Matt Bruce comprobó que aquello se les había ido de las manos. Cientos de foros de toda clase se llenaban de flames de miaus por todos los lados, pero lo peor es que la cabecera de muchos de esos mensajes había sido modificada para que apuntara a él mismo como el encargado del envío masivo. Para intentar apaciguar los ánimos, quisieron hacer creer a la comunidad de Usenet que todo había sido una simple broma, pero era ya demasiado tarde, y nadie les creyó. Ofendidos, intentaron hacer callar a los usuarios con un tono más amenazante, cuando Bruce escribió: «Por favor, parad. Cesad y desistid. Sólo hacéis que otros os tomen por tontos».
Aquellas desafortunadas palabras soliviantaron aún más a las masas, y los mensajes «meow» anegaron docenas de grupos de noticias desde todos los rincones de Usenet. Pero la gota que colmó el vaso se produjo cuando, desde las filas universitarias, se instó a cejar en el empeño del miau «o se verían obligados a emitir mensajes de cancelación contra todo artículo que contuviese la palabra ‘meow’ y a denunciar a todos aquellos que se atreviesen a falsificar cabeceras«. El polvorín explotó y los miaus se multiplicaron exponencialmente, llegando a saturar, en cierto modo, la red Usenet de miles de mensajes con centenares de líneas que sólo contenían «meow», de dibujos ASCII de gatos, de cascadas interminables y de imágenes felinas en binario. Además, estos post eran enviados, reenviados y citados para que el volumen creciera muchísimo en muy poco tiempo.
Algunos de los grupos serios frecuentados por los estudiantes, como alt.college.college.bowl, fueron fagocitados literalmente por los miaus, haciéndolos de todo punto inservibles para los parroquianos habituales. El colegio mayor virtual de Hardvard fue tomado por un grupúsculo que se hacía llamar «El ejército Miau Miau», impulsando a los estudiantes a huir a otros grupos locales sin propagación en el servidor de la universidad.
Casi un año después del mensaje de Matt Bruce, los flames continuaban, pero poco a poco fueron desapareciendo y dejando la historia en el pasado. Los contraatacantes (defensores de sus hilos), que se habían convertido en flamers por la obra de un estudiante graciosillo, se hicieron gueto y se congregaron en tres newsgroups, a saber, alt.alien.vampire.flonk.flonk.flonk, alt.romath y, sobre todo, alt.fan.karl-malden.nose. Estos grupos han encontrado la estabilidad a través de la guerra, pues los comentarios allí vertidos por sus visitantes huyen de la provocación o la injuria, ya que saben a qué se atienen con esta gente. Son grupos virtualmente desprovistos de spam e hilos off-topic.
Algunos de sus detractores han salido escarmentados en más de una ocasión. Grupos como alt.sci.seti o alt.fan.power-rangers han sufrido en sus carnes la ira de los agraviados. Su estrategia es clara; cuando creen que un grupo necesita un castigo, envían un mensaje (normalmente respondiendo a otro existente) como avanzadilla de provocación. Al morder, el pez, el anzuelo, comienza el envío cruzado masivo; las cascadas y troleos se suceden a razón de varios centenares por día, hasta que las discusiones del grupo en cuestión quedan exclusivamente reducidas a un flame war continuo.
Resulta evidente que Internet es como la vida misma. Si tienes la cobarde osadía de reírte de los demás al amparo de tu grupo, procura comprobar antes que los otros no tienen más amigos que tú, porque entonces vendrán todos en su ayuda y os patearán el culo a ti y a los tuyos. Además, no conviene tentar la suerte a costa de las masas desde detrás de un teclado de ordenador. Puede llegar a ser algo muy peligroso.
¿Qué sucedió con el CD-i de Philips?

CD-i
El CD-i (Compact Disc Interactivo) fue la apuesta de Philips y Sony por un estándar de disco CD-ROM interactivo y multimedia que, en un principio, tenían intención de desarrollar junto a Nintendo para la consola Super NES, pues la gran N quería dejar de lado los cartuchos de juegos, dando un golpe de efecto a sus competidores, para pasar a utilizar cedés. El proyecto se desvaneció en el aire, y Nintendo (junto con Sony) decidió seguir por su cuenta el desarrollo de su disco. Sin embargo, Philips no quería tirar todo aquel trabajo por la ventana y se empecinó en terminar su desarrollo, perpetrando finalmente su CD-i.
En 1991, la empresa neerlandesa lanza al mercado su primer reproductor de CD-i. En realidad se optó por fabricar varios modelos enfocados a distintos ámbitos. Así pues, la serie CD-i 200 era la de prestaciones más básicas y fue diseñada para el ámbito doméstico, la serie CD-i 300 estuvo dirigida al mercado profesional, la serie CD-i 400 al ámbito educacional y de ocio y, por último, la serie CD-i 600 fue diseñada para el desarrollo de software y el mercado profesional, siendo la de más alta gama.

Philips CD-i 450
Un aparato de CD-i era capaz de reproducir su propios discos interactivos, evidentemente, pero además interpretaba a la perfección cedés de fotos, de audio, CD+G, discos de karaoke y cedés de vídeo VCD, esta última opción por medio de un añadido opcional, una tarjeta encargada de descodificar el estándar MPEG-1. Con todas estas características, el CD-i estaba llamado a convertirse en un centro multimedia de salón, en el que poder ver películas, escuchar música, ver tus fotos de las vacaciones o juguetear con los propios discos interactivos, que permitían la carga de videojuegos, enciclopedias multimedia, software educativo, cursos de música, etcétera.
Como se puede comprobar, la intención no era para nada mala; y la idea era una muy buena idea. Pero llegó en mal momento. Eran los años en los que las consolas de videojuegos de 16 bits estaban de plena moda, y el CD-i podía haber sido una consola más, pero los responsables de la mercadotecnia de Philips no debían de andar muy inspirados por aquel entonces y se gastaron una pasta indecente en ostentosas campañas publicitarias que proclamaban a los cuatro vientos las bondades del CD-i, pero dejando de lado un matiz que a Philips no le debió de parecer muy importante, el del CD-i como consola de videojuegos.
El reproductor de CD-i, si se hubiera manejado la situación con inteligencia, podría haber sido una consola más en el mercado, es más, en realidad la primera consola de 32 bits, ya que montaba dos CPU de 16 bits de arquitectura CISC. Algunos siguen catalogándolo como tal, e incluso se le ha dado el apelativo de «eslabón perdido» entre los 16 y los 32 bits. Sin embargo, los primeros juegos que aparecieron en CD-i eran aburridas versiones de juegos de mesa para disfrutar en plan family life, y lo que necesitaba la gente era matar marcianos a hostias, conducir peligrosamente por las calles de Bayview o saltar de plataforma en plataforma comiendo setas alucinógenas y machacando tortugas gigantes.
Visto el potencial que podía desarrollar esta tecnología, otros fabricantes se tiraron a la piscina y produjeron sus propias versiones de reproductores compatibles con CD-i. Lo hizo Magnabox, lo hizo Goldstar/LG, y también Memorex, Grundig y NBS, entre otros. Incluso la empresa Bang & Olufsen sacó al mercado un CD-i integrado, estilo combo, con una televisión. Sin embargo, ninguna de estas empresas fue capaz de vislumbrar las posibilidades de este aparato como centro de videojuegos, y todas ellas se volcaron más en el aspecto multimedia y educativo del artilugio.
En 1992, Philips, ciega por el uso profesional del CD-i, desarrolla junto a la empresa CDMATICS la tecnología llamada TeleCD-i. Una serie de protocolos permitía al reproductor CD-i conectarse a una red (RTC, Internet y otras), posibilitando las comunicaciones de datos y la presentaciones multimedia remotas, por ejemplo. La cadena holandesa de comestibles Albert Heijn y el gigante de venta por correo Neckermann Shopping fueron los primeros en adoptar e introducir el TeleCD-i para sus servicios de compras desde el hogar y servicios de atención al cliente. TeleCD-i fue la primera aplicación multimedia del mundo conectada a Internet desde su introducción, mucho antes que los ordenadores caseros, los teléfonos móviles o las consolas actuales. ¡Qué adelantados a su época anduvieron y qué mal se lo montaron!
Según fueron pasando los años, en 1994, los responsables del proyecto fueron percatándose de que allí algo no pitaba. Se dieron cuenta entonces de lo cazurros que habían sido y se apresuraron por sacar al mercado nuevos juegos que engancharan a la gente, anunciando a bombo y platillo el CD-i como una plataforma de videojuegos. Debido a su colaboración con Nintendo, consiguieron los derechos para programar versiones de sus juegos basados en las franquicias Mario Bros y Zelda, juegos que desarrollaría una empresa filial de Philips, y no la propia Nintendo.
En el siguiente vídeo podemos ver un anuncio comercial de los CD-i de Philips; está en inglés y es un poco largo, pero merece la pena.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=9dV9nAx0TOo[/youtube]
Pero ya era tarde. Nintendo y Sony que, como hemos comentado párrafos más arriba, habían seguido por su cuenta con el desarrollo de un CD orientado a una consola de videojuegos, por fin terminan su producto y sacan al mercado una nueva consola, de la que Nintendo no quiere oír ni hablar, porque no le gusta, y Sony le encasqueta su logotipo rápidamente, basada en discos compactos en lugar de cartuchos: la primera PlayStation. El punto de inflexión que produjo esta máquina en el mercado del entretenimiento digital (fue la pionera en este tipo de producto con cederrón), y los artículos de los posteriores competidores (como Sega Saturn), dio con el CD-i en lo más profundo de la ciénaga.
En el verano de 1996, Philips anuncia el abandono del sistema CD-i y reconoce haber tenido cerca de mil millones de dólares de pérdidas, por culpa del aparato, desde que se introdujo en el mercado.
Hoy día, cómo no, los reproductores y los juegos CD-i están sobrevalorados, y te puede costar un ojo de la cara conseguirlos en eBay, debido a su carácter vintage y altamente geek. Aunque también, los más nostálgicos que no tenga un mísero euro en el bolsillo, pueden hacerse con un emulador de CD-i, software gratuito que reproduce fielmente el hardware de uno de estos equipos. Eso sí, los juegos y discos interactivos habrá que conseguirlos físicamente, porque, que yo conozca, no existen imágenes ROM de CD-i para descargar. Aunque tampoco me hagáis mucho caso…
Robin Sage, una experta en seguridad que en realidad no lo era

Robin Sage
Robin Sage se graduó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y, a pesar de su corta edad, acredita diez años de experiencia laboral como analista de amenazas cibernéticas. Entre diciembre de 2009 y enero de 2010, Robin creo varias cuentas en redes sociales como Facebook, LinkedIn o Twitter con el objetivo de contactar con expertos en su materia. Y la verdad es que tuvo un gran éxito, porque llegó a entrar en comunicación con cerca de 300 personas, la mayoría especialista en seguridad, personal militar, empleados de agencias de inteligencia y contratistas de defensa; casi todos ellos pertenecientes al sexo masculino.
Dicen que entre sus contactos hay oficiales de alto rango en la división de inteligencia del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, el jefe de gabinete de un congresista, oficiales de la NSA, oficiales del Departamento de Defensa y varios ejecutivos de distintas empresas proveedoras de éste, más un oficial de la Oficina Nacional de Reconocimiento, organismo que fabrica y pone en órbita los satélites espía de los Estados Unidos. Todo un currículum de impresión.
La noticia no tendría mayor relevancia que el propio contacto entre colegas de profesión sino fuera porque Robin Sage no existe. Fue un experimento de Thomas Ryan, cofundador de Provide Security, para demostrar cómo las medidas de seguridad del país más paranoico en ese tema se pueden ver reducidas a cenizas cuando el instinto más básico de los hombres se interpone entre la racionalidad y un par de tetas.
Ryan inventó el nombre de la chica y sacó su fotografía de una página web de contactos relacionada con la pornografía. Abrió las cuentas sociales y experimentó durante 28 días con el fin de averiguar qué datos sensibles podía recolectar con sólo una cara bonita y un currículum de ensueño totalmente falso. La industria de la seguridad en EE. UU. es eminentemente masculina, y Robin tenía la posibilidad de comprobar cómo de infalible podría llegar a ser.
El caso es que a la joven le ofrecieron varios puestos de trabajo de alto nivel en compañías notables como Google o Lockheed Martin, una empresa americana aeroespacial y de defensa, seguridad y tecnología avanzada. También recibió más de una invitación para comer y cenar. En el tiempo que duró la investigación, Robin recolectó diversos datos muy importantes, como direcciones de correo electrónico, cuentas bancarias o conexiones entre diferentes personas y organizaciones gubernamentales. Se le entregaron documentos privados y secretos para su revisión e, incluso, se le ofreció la posibilidad de hablar en varias conferencias. La falsa analista de seguridad llegó a conocer la ubicación de unidades militares secretas por medio de fotografías que los soldados tenían colgadas en sus perfiles de Facebook.
La inmensa mayoría de sus contactos pertenecía al gobierno y al ejército de los Estados Unidos, así como a empresas u organizaciones vinculadas a ellos. Aunque hay que decir una cosa en favor de la seguridad más extrema, y es que Robin no logró tener contacto en todo ese tiempo ni con agentes de la CIA ni del FBI. La verdad es que no todo el mundo se dejó engañar por la mujer, Ryan ha admitido que su credibilidad descendió bastante a partir del segundo día, cuando muchos de sus contactos en potencia quisieron verificar su identidad por vía telefónica, a través de cuentas de correo externas a las redes sociales o mediante la consulta de la red de antiguos alumnos del MIT. Empero, los que sí picaron el anzuelo proporcionaron información de alto valor gubernamental y militar.
Thomas Ryan dio luz a sus conclusiones en el evento Black Hat 2010 de las Vegas, una convención anual de expertos en seguridad. Llamó a su presentación «Acostarse con Robin Sage», y explicó cómo su corto experimento había probado que puede ser muy perjudicial el hecho de compartir detalles aparentemente inofensivos a través de las redes sociales. Pero no sólo eso, sino que también demostró que personas encargadas de custodiar información vital y sensible son asaz susceptibles de compartir esa información con un tercero si éste se las arregla para captar su interés o persuadirlas correctamente.
La conclusión final a la que llegó Ryan, y que dejó boquiabiertos a los presentes, es que esos mismos resultados podrían haber comprometido la seguridad nacional si, en lugar de su empresa, la táctica de Robin Sage la hubiera utilizado una organización terrorista. Aquellos que no te dejan meter un bote de colonia en un avión, luego pían como gorriones en celo sus secretos más íntimos cuando una hembra enseña cacha y se pone picarona.
La verdad es que esta historia se antoja preocupante. Por supuesto que la culpa no es de Internet, no vamos a ser aquí tan demagógicos y sensacionalistas como los medios tradicionales, que prácticamente culpan a la Red de redes hasta de que llueva en Semana Santa. Los culpables son los de siempre, el eslabón más débil (como decía Kevin Mitnick), las personas que se encuentran detrás de los ordenadores. Un sistema de seguridad no puede ser tal si implica la participación de un ser humano. No somos máquinas, somos seres vivos, y como tales nos comportamos.
AYBABTU: La mala traducción que se hizo mito

AYBABTU
AYBABTU es un acrónimo formado por las primeras letras que tienen las palabras en la frase anglosajona «All your base are belong to us«, una traducción pésima del japonés «連邦政府軍のご協力により、 君達の基地は、全てCATSがいただい», como pueden ustedes comprobar :-).
En 1989, la empresa japonesa de desarrollo de videojuegos Toaplan saca al mercado uno de sus productos más emblemáticos, el juego Zero Wing, un arcade matamarcianitos de scroll lateral bastante entretenido para su época. Hubo versiones para las consolas del momento y también para las recreativas de calle, pero la edición que más se recuerda es la aparecida en Europa para la Sega Mega Drive, comercializada en 1992.

Momento del juego 'Zero Wing'
En dicha edición, el juego comenzaba con una escena inicial a modo de introducción en la que se desentramaban los prolegómenos de la historia: la organización CATS ha tomado nuestras bases, la única esperanza se basa en las naves ZIG; nosotros manejamos una de ellas. Esta introducción, en la que aparece la frase AYBABTU, fue traducida directamente del japonés al inglés por orientales que, evidentemente, no tenían ni repajolera idea de la legua de Shakespeare.
La traducción al castellano de «All your base are belong to us» es algo así como «Todas vuestras base son nos pertenecen» (o «Toda su base son pertenece a nosotros»), vamos una perla de frasecita que no hay por donde cogerla gramaticalmente. La verdad es que toda la intro y, por extensión, la totalidad del juego están muy mal traducidos. Se considera el videojuego peor traducido de la historia, sin embargo esa frase, por su musicalidad al pronunciarla y su rima interna, es la que quedó grabada en las mentes friquis y la que se ha hecho más famosa que el propio juego.
El siguiente vídeo muestra la introducción completa del juego Zero Wing.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=vfwqvUPIRkg[/youtube]
Vamos a comparar ahora la transcripción en castellano de lo que en inglés se dice durante toda la introducción con la traducción directamente del japonés correcto. Arriba la mala; la buena abajo:
TRADUCCIÓN ERRÓNEA
En el 2101 dC.
La guerra estaba empezando.
Capitán: ¿Qué ocurren?
Mecánico: Alguien activó nos la bomba.
Operador: Obtenemos señal.
Capitán: ¡Qué!
Operador: Pantalla principal enciende.
Capitán: ¡Eres tú!
CATS: ¡Cómo están, caballeros!
CATS: Todas sus bases son nos pertenecen.
CATS: Están camino a la destrucción.
Capitán: ¡Qué tú dices!
CATS: No tienen ninguna posibilidad de sobrevivir.
CATS: Hagan su tiempo.
CATS: Ja, ja, ja, ja.
Operador: ¡Capitán!
Capitán: ¡Despegue cada ZIG!
Capitán: Tú sabes lo que haciendo.
Capitán: Mover ZIG.
Capitán: Por gran justicia.
TRADUCCIÓN CORRECTA
2101 dC.
La guerra ha comenzado.
Capitán: ¿Qué ha pasado?
Mecánico: Un asaltante desconocido ha instalado un dispositivo explosivo.
Operador: ¡Capitán! ¡Hemos recibido una transmisión!
Capitán: ¿Qué?
Operador: La imagen está apareciendo en la pantalla principal.
Capitán: ¡Eres tú!
CATS: Parecen ocupados, caballeros.
CATS: Con ayuda de las fuerzas del Gobierno de la Federación, CATS se ha apoderado de todas sus bases.
CATS: Su nave también está a punto de desaparecer.
Capitán: ¡No puede ser!
CATS: Les agradezco su colaboración.
CATS: Aprovechen los últimos segundos de sus vidas.
CATS: Ja, ja, ja, ja.
Operador: Capitán.
Capitán: ¡Os ordeno hacer despegar a todas esas unidades ZIG!
Capitán: Nuestra única alternativa es confiar en ellas.
Capitán: Nuestras esperanzas de futuro…
Capitán: … ¡os las confiamos a vosotros, ZIG!
Los americanos utilizan el término «engrish» (variante irónica de english) para referirse a la mala pronunciación que de su idioma hacen los orientales, debido a la dificultad que tienen para diferenciar los fonemas /l/ y /rr/. Esta acepción se ha extendido a los casos en los que, al escribir, se cometen errores graves de ortografía o gramática, sobre todo en productos o artículos en los que, se supone, deberían estar bien escritos, como videojuegos, carteles, cartas de restaurante, etiquetas, juguetes, ropa, etcétera. La web Engrish.com recoge pifias y gazapos de esta índole de manera regular.
La verdad es que el error de AYBABTU no se difundió masivamente por los foros de Internet hasta 1999, y gracias a un comentario en el sitio web Zany Video Game Quotes de un usuario que se quejaba de la paupérrima traducción. A raíz de esto, la gente de OverCloked.ORG convirtió AYBABTU de la noche a la mañana en un meme forero, creando parodias y montajes con la sentencia en cualquier situación. Pero fue posteriormente, cuando un joven apodado Bad CRC creó una animación en Flash que recogía la intro de Zero Wing, sus mejores parodias y una remezcla del tema principal del videojuego, el momento en el que se popularizó definitivamente.
Esa animación fue la causante de la mundialización del mito, hasta el nivel de que la frase «All your base are belong to us» llegó al top 50 de las búsquedas realizadas en Lycos. El vídeo traspasó fronteras y se habló de él en muchísimas webs y medios de comunicación. Surgió, también, una web «oficial» que llegó a vender merchandising, y aparecieron nuevas parodias que continuaron agrandando la leyenda.
A día de hoy, AYBABTU es uno de los fenómenos interneteros más importantes de la historia de la Red, y uno de los más divertidos. En muchas tiendas online se pueden encontrar camisetas, delantales, tazas de desayuno, chapas tipo pin, relojes, muñequeras y un sinfín de artículos con la frase grabada. La verdad es que resulta bastante geek llevar una camiseta de AYBABTU, pero sobre todo gracioso cuando te tropiezas con algún conocido que habla perfectamente inglés y no conoce este meme; se le saltan las lágrimas al ver aquella expresión tan mal construida en una prenda de vestir.

Chapa AYBABTU
En el mundo real también nos encontramos con AYBABTU a guisa de pequeños homenajes. Restaurantes, vallas publicitarias, carteles, vídeos musicales, canciones, páginas web o juegos, entre otros, realizan el giño de incluir el «All your base are belong to us» en algún lugar en señal de cortesía y admiración geek. Evidentemente, los que no estén al tanto del asunto quedarán indiferentes o atormentados por el pésimo inglés; es algo así como un santo y seña retroinformático.

AYBABTU en un cartel
«All your base are belong to us», una mala traducción que ha hecho historia y se ha convertido en uno de los memes más importante de todos los tiempos. Qué cosas tiene Internet; lo mismo sepulta bajo tierra la mejor idea del mundo, que encumbra a la categoría de mito la chorrada más impertinente. ¿Quién diría que un lost in translation iba a dar tanto de sí?
Por cierto, en nuestra tiendaPLOF! ya tenemos la camiseta AYBABTU, tanto para chico como para chica. Las encontraréis en la última página de artículos. ¡No te quedes sin ella para este verano (en el hemisferio norte, digo)!
My name is Boxxy

Boxxy
La historia comienza en el mes de abril del año 2006, cuando una joven bastante petarda y de hablar desagradable sube su primer vídeo a YouTube. En este vídeo dedicaba una sarta de gilipolleces seudosentimentales a un amigo cibernético de una red de juegos y foros anime en línea, Gaia online. Dice llamarse Boxxy y, mientras algunas malas lenguas aseguran que su nick se refiere a un apelativo estúpido de la consola Xbox, yo me inclino más en pensar que es un diminutivo de su nombre en la comunidad Gaia online, que no es otro que Moldy Lunch Box (algo así como «caja de almuerzo mohosa»).
A continuación os presento el vídeo en cuestión (subtitulado en castellano), y que los lectores juzguen la salud mental de la moza. Advierto que puede causar vergüenza ajena, nauseas y/o rubor facial bochornoso. [Nota: Si los subtítulos aparecen por defecto en inglés, acceder al menú de visualización (abajo a la derecha), colocar el cursor sobre la flechita negra a la izquierda del botón CC y elegir Spanish.]
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=UtuVIDGhr8U[/youtube]
Boxxy continuó enviando vídeos a Youtube durante un par de años, cada uno dedicado a un amigo de Gaia online y a cada cual más ridículo. El tema no habría pasado de la mera anécdota sino fuera porque, en uno de los vídeos, Boxxy tuvo la osadía de mencionar que sus amigos visitaban asiduamente el imageboard 4chan. La noticia corrió como la pólvora y llegó, a través de intermediarios como 7chan o I am bored, a 4chan. La guerra había empezado.
Los vídeos de Boxxy, que hasta el momento habían pasado más o menos desapercibidos, comenzaron a recibir millones de visitas, a registrar decenas de miles de comentarios y a congregar a miles de suscriptores en su canal. El interés fue creciendo exponencialmente, y los hilos en el foro /b/ de 4chan sobre la muchacha se multiplicaron como champiñones de lata. ¿Quién era esa chica?, ¿por qué hacía esos gestos y daba esos grititos?, ¿era normal o estaba loca? El caso es que prácticamente la mitad del foro /b/ de 4chan se enamoró de ella, y el otro cincuenta por ciento desarrolló un odio visceral hacia su histriónico comportamiento.
El enfrentamiento entre detractores y afines a Boxxy continuó envalentonándose durante varios días. Los que habían caído tras las redes de sus profundos y enormes ojos, excesivamente maquillados (como ella misma reconoce), escribían incesantes mensajes de amor y peticiones de matrimonio (véase siguiente imagen), y los que fomentaban la más profunda animadversión hacia ella comparaban su comportamiento con Zed, el no muy mentalmente saludable cadete del film «Loca academia de policía», y con el Jocker de «Batman: El caballero oscuro», haciendo alusión a su conducta y a su exagerado uso del lápiz de ojos.

Amor confeso por Boxxy
El asunto continuó unos días más hasta que se desmadró. El grupo de /b/tards en contra de Boxxy declaró, a finales de 2008, la Operación Valquiria (Operation Valkyrie), que proponía buscar, allanar y destruir todo lo que con ella tuviera que ver: canales en YouTube, cuentas de MySpace, perfiles en Facebook o cuentas de Photobucket. La locura de los residentes en /b/ se había desatado, y cuando esta comunidad estornuda toda Internet se constipa. Son bien conocidas las burradas que son capaces de cometer por conseguir un fin.
La obsesión por encontrar información sobre los datos personales reales de Boxxy llevó a los detractores a llenar de spam sus cuentas en Youtube y Gaia online con etiquetas que rezaban ‘Operación Valquiria’. A través de operaciones de hacking y otros análisis consiguieron dos fotos inéditas de la chica, vía las cuentas en Photobucket de amigos en Gaia online de Boxxy. Además obtuvieron varios nombres posibles que podrían pertenecer a ella. Todo un trabajo de investigación detectivesca digital.
El 6 de enero de 2009, alguien que dice ser la verdadera Boxxy escribe un mensaje en 4chan y, para asegurar su identidad, envía al foro dos fotos suyas inéditas (puede verse una de ellas a continuación). Efectivamente se reconoció que era ella, sin maquillaje, pero nadie supo explicar si realmente fue la muchacha en persona o la acción de un trol, con fotos en su haber, que quería sembrar más discordia y enfrentamiento.

Foto inédita atribuida a Boxxy
La Operación Valquiria fue considerada un fracaso, y los amantes declarados de Boxxy propusieron declararla reina del foro /b/ de 4chan. Los ánimos se caldearon en exceso, y la división en 4chan se acentuó muchísimo más. Los /b/tards contrarios a Boxxy propusieron incluso su muerte, y se llegó a promover la falsa noticia de que había sido realmente asesinada, a lo que los partidarios respondieron con mensajes de odio y venganza. 4chan llegó a ralentizarse varias veces en aquella época debido a la afluencia de nuevos mensajes, fotografías, fotomontajes, imágenes con rótulos haciendo alusión a gestos de la muchacha, etcétera.
El día 9 de ese mismo mes de enero, Boxxy colgó un nuevo vídeo aludiendo a los acontecimientos ocurridos y negando su condición de drogadicta o enferma mental. El interés generado, no ya en 4chan, sino en toda la comunidad internauta que ya estaba al tanto del meme, provocó que dicho vídeo tuviera 70.000 visitas en 12 horas, empujándolo de inmediato a la sección de vídeos más vistos del día. Este acontecimiento recrudeció el conflicto en 4chan, y se comenzaron a enviar miles de mensajes con el texto Die in a fire («Muere en un incendio», una frase hecha que declara una repugnancia extrema, o un odio tal, por la cual se desea el mal a otro) escrito diez veces por línea y con el máximo de líneas permitidas en cada post. Las acciones se propagaron a otros tablones de imágenes como 7chan.
En ese momento se proclamó la Operación Represión (Operation Clampdown), en la que se instaba a todos los antiboxxy a enviar cientos de miles de esos mensajes a 4chan a partir de las 00:00 horas de ese día. 4chan estaba en guerra civil y lo peor es que se enfrentaba a un DDoS (Ataque de Denegación de Servicio Distribuido, en castellano). Un ataque de este tipo envía miles de solicitudes de conexión por segundo desde diferentes frentes durante un tiempo determinado, haciendo que los servidores se colapsen y caigan.

Mensaje de llamamiento en 4chan para la 'Operación Represión'
Mientras se acercaba la hora, los usuarios preparaban sus armas de batalla, programas de software especialmente diseñados para realizar ataques de denegación de servicio, utilizando varios ordenadores cada uno e, incluso, equipos zombis tomados a tal efecto. El momento llegó y el ataque se produjo, 4chan comenzó a ir muy lento hasta que, al final, terminó por caer y mostrar el esperado error HTML 404, que indica que no se pudo tener conexión con el servidor web. El sitio web estuvo tumbado durante horas pero, finalmente, fue de nuevo levantado con la amenaza de ‘moot‘ (su creador y principal moderador) de que cualquier comentario o hilo sobre Boxxy sería eliminado y su autor baneado de por vida. Los ánimos se calmaron un poco; los detractores habían ganado su batalla.
Las alusiones en 4chan fueron decreciendo y las hostilidades parecían haber terminado, sin embargo hubo un grupúsculo (CBCR, Center for Boxxy Control and Restriction) que se escindió del imageboard para continuar su escalada terrorista hacia Boxxy y sus cuentas privadas. La muchacha ya se había convertido en un meme en toda regla, y todo Internet andaba siguiendo sus pasos en ese momento. Sus cuentas en MySpace y YouTube fueron jaqueadas y rellenadas de spam y contenido basura, además de robar algunos datos privados de la chica y publicarlos en 4chan. Posteriormente se investigó un antiguo vídeo de 2006 en el que aparecía una joven tremendamente parecida a Boxxy que decía llamarse Catie. Todas las alarmas saltaron, y Boxxy recibió un nombre de pila real de parte de sus admiradores y enamorados que la veían, así, un poquito más cerca de sus vidas.

Chica llamada Catie levanta las sospechas
Con respecto a la edad fueron barajadas varias cifras, desde 18 hasta 22 pero, al parecer, se determinó que en sus primeros vídeos sólo contaba 16 años, algo que fue muy bien recibido entre la inmensa mayoría de los usuarios de 4chan, que son quinceañeros.
Después de todo ello se multiplicaron los envíos de datos falsos a todas luces, como números de teléfono, direcciones de EEUU y fuera de allí, colegios donde había estudiado y hasta mensajes de gente que decía conocerla y aportaba fotos como prueba (es el caso de la imagen siguiente). Se llegó incluso a barajar la posibilidad de que Boxxy fuera una actriz contratada por Gaia online para realizar publicidad viral en la Red. Probablemente esto sea totalmente falso.

Mensaje de alguien que, presuntamente, conoce a Boxxy
Boxxy ha representado y representa un fenómeno de Internet a nivel global. Lo realmente preocupante es cómo se llega incluso a poner precio a la cabeza de una niña por el simple hecho de que a alguien no le gustó su forma de hablar. Afortunadamente nunca pasó nada, y Boxxy quedará para los anales de la Red de redes como un meme más. La verdadera joven, hoy día, se tiene que estar partiendo de la risa.
Nuestros datos en la nube son completamente humo; no es posible pensar que las redes sociales o las aplicaciones online son seguras, porque es una falacia. Nunca conviene compartir más de lo que deseamos que los demás conozcan de nosotros, porque si nos agarramos a esa falsa sensación de seguridad, lo más probable es que terminemos por perder totalmente nuestra privacidad.
La cara de Boxxy llegó a salir en los periódicos a raíz de la contienda incruenta en 4chan (imagen siguiente). ¿Te gustaría hacerte tan «famoso» a la fuerza? A mí, desde luego, no.

Artículo en la sección 'The Ridiculant' del diario británico Metro

