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Torres altas, física de fluidos y perdigones de plomo

Jackson Ferry Shot Tower

Jackson Ferry Shot Tower

En 1782 el británico William Watts patentó en el Reino Unido el diseño de lo que sería la primera torre de disparo del mundo. Una torre de disparo (shot tower en inglés) no era otra cosa que una construcción, bastante alta y esbelta, dedicada a la producción de perdigones de plomo para las armas de fuego de la época. Lo curioso de la historia es el proceso que se utilizaba para la fabricación de proyectiles que, lejos de lo que pensaba su ocasional inventor, poco tenía que ver con la casualidad y mucho con la física o mecánica de fluidos.

En una torre de disparo, el plomo se calienta hasta que se funde. Posteriormente se deja caer el líquido fundido a través de un tamiz de cobre desde lo alto de la torre. El plomo se divide en pequeñas porciones al pasar por los orificios del tamiz para, de seguido, caer más de veinte metros a lo largo de la altura de la construcción, hasta terminar en una cuba de agua. Debido al fenómeno físico conocido como tensión superficial, el plomo líquido va formando pequeñas esferas en la caída, mientras se solidifica por enfriamiento. Cuando llega al agua, el perdigón ya formado termina por enfriarse y endurecerse del todo.

Clifton Hill Shot Tower

Clifton Hill Shot Tower

Simple, pero ingenioso. Probablemente William Watts nunca oyó hablar de tensión superficial, fuerzas intramoleculares o velocidad terminal, pero observó y, de la observación, sacó conclusiones y definió procesos. Algo que ha ocurrido desde los albores de la historia.

Una vez fabricados los perdigones, se revisaba su esfericidad dejándolos caer sobre una tabla de madera inclinada y, luego, se ordenaban por tamaños y se pulían con una ligera cantidad de grafito para lubricarlos y evitar su oxidación. Si se deseaban perdigones más gruesos, se cambiaba la rejilla del tamiz por otra con los orificios más grandes. Sin embargo, existía un límite de tamaño máximo condicionado por la altura de la torre, ya que, a mayor tamaño, mayor altura se necesita para el proceso de enfriamiento y esferificado.

Dubuque Shot Tower

Dubuque Shot Tower

William Watts, en el mismo año en que patentó su invento, amplió su casa en Redcliffe, Bristol, para construir la primera de las torres de disparo. Su peculiar descubrimiento vino a suplir a las antiguas técnicas de inyección en moldes, que eras caras, y a las de goteo de plomo fundido sobre un barril de agua (a mano y a baja altura), que producían perdigones con una esfericidad más que cuestionable.

¿Por qué sucede esto? La explicación es bien sencilla. Cuando el plomo fundido pasa a través del tamiz, se convierte en una capa fina, como el agua de un grifo. Al caer después, se rompe en pequeñas gotas (a causa del principio conocido como inestabilidad de Plateau–Rayleigh), y estas gotitas se hacen esféricas debido a la tensión superficial. En la superficie de la gota se produce una tensión por culpa de las fuerzas intramoleculares que actúan entre las moléculas del plomo. Las fuerzas en la gota empujan en todas direcciones, excepto en su superficie, donde sólo tiran a lo largo de ella. Eso produce que la gota «se redondee».

Coops Shot Tower

Coops Shot Tower

Es exactamente lo mismo que sucede con las gotas de agua al llover. A pesar de la creencia popular, las gotas de lluvia no tienen forma de lágrima, con una parte inferior redondeada y un parte superior terminada en punta. Las gotas de lluvia sufren de la misma tensión superficial que los perdigones de plomo al caer desde las nubes, con lo cual, en principio, son esféricas. Lo que sucede es que, en función del tamaño, la gota no es capaz de superar la presión del aire al caer, por lo que se puede deformar por la parte de abajo ligeramente (o mucho). Tras diversos estudios, se llegó a la conclusión de que existen tres clases de gotas de lluvia en función de su morfología: tipo esfera, tipo pan de hamburguesa y tipo paracaídas (imagen siguiente).

Morfología de las gotas de lluvia

Morfología de las gotas de lluvia

Las gotas de lluvia, por debajo de, aproximadamente, 1 milímetro de diámetro permanecen como esferas al precipitar; por encima de 4,5 milímetros, la presión es tan alta que da vuelta y estira la gotas, formando una especie de paracaídas (con una película delgada de agua ondulante hacia arriba); en tamaños medios, la gota se aplana en su zona inferior por culpa de la presión de aire, permaneciendo esférica en la parte superior donde la presión es menor (termina pareciendo un pan de hamburguesa o una pequeña alubia).

La torre de disparo más alta jamás construida es Coops, que sigue en pie en Melbourne, Australia, en el suburbio de Clifton Hill. Esta estructura de ladrillo fue construida en 1882 y mide, nada más y nada menos, 49 metros de altura. Otra de las torres de disparo más famosas del mundo está en en el condado de Wythe, Virginia (EE.UU), y es conocida como The Jackson Ferry Shot Tower. Comenzó a construirse a finales de la Guerra de Independencia, en esa zona rural, en piedra (con paredes de casi 1 metro de espesor), ya que no era práctico usar ladrillo en la región para una estructura tan alta. Mide 23 metros y fue ubicada en el borde de un acantilado. Utilizaba un pozo subterráneo de la misma longitud que convertía en el doble la altura total de caída de la gota. The Jackson Ferry Shot Tower es la pieza central del Shot Tower Historical State Park, un parque federal protegido.

Sección de la Jackson Ferry Shot Tower

Sección de la Jackson Ferry Shot Tower

Algunas otras torres de disparo que aún perduran pueden ser la Chester Shot Tower, en Boughton (Gran Bretaña), la Drochtersen Shot Tower, en Drochtersen (Alemania), la Phoenix Shot Tower de Baltimore, en Maryland (EE.UU.) o la Taroona Shot Tower, en Hobart (Australia).

Las torres de disparo fueron sustituidas a finales del siglo XIX por las conocidas como «torres de viento«, que utilizaban una ráfaga de aire frío para acortar dramáticamente el enfriamiento de la gota. Hoy en día se han adoptado nuevos métodos para la fabricación de perdigones. Para los más pequeños se usa el método Bliemeister, mientras que los más grandes se producen mediante troquelación y extrusión de cables de plomo. El método Bliemeister aún guarda un cierto parecido con el de Watts, aunque prescinde de sus costosas torres al reducir la altura de la caída a sólo una pulgada (25,4 milímetros). Los perdigones caen sobre un recipiente con agua caliente, ruedan sobre un plano inclinado y, después, continúan cayendo a través del agua caliente durante más o menos un metro. La temperatura del agua se usa para controlar la velocidad de enfriamiento.

Lynn Conway: un transexual en la corte del rey IBM

Lynn Conway

Lynn Conway

Su historia es la historia de muchos transexuales vilipendiados por la sociedad, denigrados en su puesto de trabajo y menospreciados por sus problemas de identidad. Su historia es aquella que se repite a lo largo de los tiempos y que deja mella espiritual y deterioro interior en aquellos que la viven, que la sufren en sus carnes; en aquellos que nacen en el envoltorio que no les corresponde e intentan, contra viento y marea, descortezar su embalaje para cambiarlo por uno más apropiado a su contenido. Sin embargo, la historia de Lynn Conway lleva aparejada un puntito geek y tecnológico de alto nivel que bien merece la pena ser reseñado por aquí, por donde nos gusta tanto el revoltijo techy con aires transgresores, insurrectos y agitadores.

Todo comienza un 10 de enero de 1938, en Mount Vernon, una pequeña ciudad ubicada en el condado de Westchester del estado de Nueva York. Aquel día de invierno nace el pequeño Robert Sanders, primogénito de un ingeniero químico que trabajaba en Texaco y una profesora infantil. Realmente, Robert Sanders no fue su verdadero nombre de pila, sino un posterior seudónimo que Lynn Conway pusiera a su yo infantil, nacida varón, para proteger a su familia; su nombre real no se conoce.

Con tres años

Con tres años

Desde pequeño a Robert se le apreciaron indicios de tener la mente muy despierta y de ser un niño muy curioso y creativo. En sus primeros años de vida, Robert parecía desear jugar únicamente con niñas, pues se veía a sí mismo como una de ellas. A los cuatro años de edad se encaprichó de un precioso vestido estampado que su amiga Janet poseía y le preguntó a su madre a ver por qué demonios él no podía simplemente ponerse el vestido y ser así una niña. Pero la identificación del chico con las niñas iba mucho más allá que el hecho de querer probarse vestidos o jugar con muñecas.

El hecho de no poder alcanzar su anhelo de llegar a convertirse en una niña produjo una angustia terrible en el pequeño, quedándose con la sensación de que había algo terrible en él que nunca le iba a permitir ser feliz. Además de ello, cuando tenía siete años, sus padres se divorciaron, algo que terminó por sumir al muchacho en el más terrible de los retraimientos.

Primer telescopio a los 16

Primer telescopio a los 16

En su época adolescente, Robert comenzó a destacar de manera sobresaliente en las materias de ciencias de su instituto. La gente de su alrededor comenzó a alabar su desmesurada capacidad para las matemáticas, la electrónica o la óptica, hecho que propició en el muchacho una inyección de la autoestima anteriormente perdida. Se dedicó a diseñar y llevar a cabo proyectos con amigos que, en varios de los casos, llegaron a convertirse en novios. A una edad muy temprana construyó su primer telescopio reflector astronómico con el que pudo observar claramente la luna.

Tras la escuela secundaria, con diecisiete años, y después de conseguir las mejores calificaciones del estado en matemáticas y ciencias y de graduarse con honores, fue aceptado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), matriculándose en física. Vivía en el campus, por lo que estar lejos de su casa por primera vez en su vida propició una nueva libertad para explorar sus sentimientos de género y expresar su yo real. Comenzó a comprar gran cantidad de ropa femenina que se probaba en la intimidad de su habitación.

Con 20 años y apariencia andrógina

Con 20 años y apariencia andrógina

En 1958, sus impulsos para convertirse en fémina alcanzaron un nivel que parecía un imperativo biológico para él. No era una sensación genital sexual, sino una sensación general corporal, una sensación de ser femenina y núbil. Comenzó a inyectarse estrógenos bajo ningún tipo de supervisión médica, basándose únicamente en libros médicos que había leído y empezando poco a poco a transformar su cuerpo en el de una mujer.

En 1959 se interesó por el cambio definitivo de sexo, pero las técnicas de la época no eran nada fiables y no le prometían buenos resultados. Aquello le hundió y terminó dejando el MIT, dedicándose a trabajar como técnico electrónico durante unos cuantos años. Posteriormente se matriculó en la Universidad de Columbia de Ingeniería y Ciencias aplicadas, obteniendo muy altos títulos en su carrera.

En 1964 fue contratado por IBM Research y, al poco de entrar a trabajar, fue reclutado para unirse a un equipo destinado a diseñar la arquitectura de una supercomputadora, trabajando codo con codo junto a gente como John Cocke, Herbert Schorr, Ed Sussenguth, Fran Allen y otros investigadores de IBM. En aquella época se casó con una mujer y llegó a tener dos hijos.

De su estancia en IBM se le considera el inventor de lo que se conoce en inglés como generalised dynamic instruction handling, de importancia para el paradigma de ejecución fuera de orden (OoOE) de los microprocesadores. Pero cuando el gigante azul se enteró de que era transexual y de que estaba planeando cambiar de sexo le despidió, en 1968. Tras perder su empleo, se decidió a realizar su profunda transformación de una vez por todas y recomenzó su carrera como programadora con el nombre de Lynn Conway y siendo completamente una mujer. Alguna vez confesó: «no habría sobrevivido dos años más en la vida que estaba viviendo».

En 1971, Lynn Conway tenía una nueva vida. Estaba trabajando en arquitectura de computadores en Memorex, donde sus contribuciones llamaron la atención de los ingenieros de Xerox que, en 1973, la reclutaron para trabajar en el centro de investigación de la compañía en el Xerox PARC. Allí, su trabajo como ingeniera en el campo de la VLSI (integración a muy gran escala), junto con el profesor Carver Mead, reconceptualizó el procesamiento de los chips. Ambos escribieron un libro de texto que se convirtió en un estándar de todas las universidades de informática del mundo, y su estudio sobre el potencial del silicio fue el precursor del desarrollo del microchip Pentium por parte de Intel.

Artículo en el USA Today

Artículo en el USA Today

Cinco años después de su operación de cambio de sexo, Lynn Conway se había convertido en una mujer líder en el campo de la investigación, y había llegado a ser una persona feliz y llena de vida en el ámbito personal. Dejo Xerox porque quería encontrar una pareja desesperadamente, y sabía que aquel no era el entorno en el que aquello iba a suceder. Trabajó brevemente para el Departamento de Defensa y, posteriormente, aceptó un puesto en la Universidad de Míchigan como profesora de ingeniería eléctrica y ciencias de la computación y, más tarde, como Decana Asociada de Ingeniería. Allí conoció a Charlie, quien ha sido su compañero sentimental hasta la época actual.

Con su actual marido, Charlie

Con su actual marido, Charlie

Todo un ejemplo de superación con un final feliz que enseña a aquellos que algo desean que el propósito y la perseverancia llevan siempre a buen puerto, no queriendo decir ello que el camino no sea pedregoso. Por cierto, su nombre de mujer, Lynn Conway, lo tomo de la protagonista femenina de la novela ‘The Salzburg Connection’, escrita por la autora escocesa-americana de novelas de espionaje Helen MacInnes.

¡Por fin… un módem de 1.200 baudios por menos de 400 $!

Antiguo módem

Antiguo módem

Algo así rezaba la publicidad del TRS-80 DC-2212, un módem de Radio Shack Computer Centers (hoy Tandy Corporation) de mediados de los ochenta, que no hace mucho nos recordaban desde Vintage Computing and Gaming. El aparato, a la sazón de alto rendimiento, presumía de ser el más barato del mercado, pues se vendía por el módico precio de 399,95 dólares americanos, algo que al cambio de hoy por estas latitudes costaría alrededor de 630 euros, siendo bastantes millones de veces más lento que cualquier ADSL o conexión de fibra actual.

Publicidad del TRS-80 DC-2212

Publicidad del TRS-80 DC-2212

Pero la historia del módem comercial de consumo arranca mucho antes, concretamente con el afamado Bell 101, un producto de AT&T Corporation lanzado al mercado en 1958 para ser utilizado por SAGE, un entorno automático de detección, seguimiento e interceptación de aeronaves enemigas del NORAD, el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial.

Bell 101

Bell 101

El módem Bell 101 dio el salto al consumo público en 1959 tras la divulgación por parte AT&T de la velocidad del mismo: la nada desdeñable frecuencia de modulación de 110 baudios, algo impensable para la época y que ponía cachondos a propios y a extraños. Además, fue el primero en utilizar una tabla de caracteres ASCII, cuando hasta la época, y desde 1908, el estándar había sido el conocido como código Baudot, aparecido originalmente del mundo del teletipo. Y es que la idea primigenia del módem surgió de la necesidad de conectar teletipos entre sí a través de las modernas líneas telefónicas existentes en el momento, evitando así los altos costes que implicaba alquilar los antiguos tendidos anteriormente utilizados por los telégrafos automáticos. Podríamos decir, pues, que la semilla la plantó IBM en 1943 cuando adaptó su tecnología para lograr transmitir tarjetas perforadas a 25 bits por segundo. Todo un hito.

Tras el éxito del Bell 101, y antes del TRS-80 DC-2212, otros muchos modelos de módems invadieron el mercado con mayor o menor éxito. Entre los más famosos podríamos destacar el Bell 103 (segundo instrumento comercial de AT&T) en 1962, que transmitía a 300 baudios; el Hayes 80-103A de 1981, compatible con el anterior y diseñado para el hoy desaparecido bus S-100, que montaban máquinas como el Altair 8800 o el IMSAI 8080; o el Apple Modem 1200 de 1983, compatible con los productos de la época de los de Cupertino.

El IMSAI 212 A de la película 'Juegos de Guerra' ('WarGames') y su acoplador acústico

El IMSAI 212 A de la película ‘Juegos de Guerra’ (‘WarGames’) y su acoplador acústico

Posteriormente, la tecnología quiso que los módems fueran avanzando en prestaciones a una velocidad de vértigo. Desaparecieron los acopladores acústicos, y las cajas que contenían el conjunto de circuitos se hicieron cada vez más pequeñas y con más lucecitas. A mediados de los años noventa, cuando las velocidades ya oscilaban entre 28,8 kbps y 33,6 kbps, los módems internos (en formato de tarjeta PCI) ocuparon el mercado. Irrumpieron los módems de voz y, poco después, los formatos PCMCIA y USB, dejando el techo fijo de velocidad en los 48 kbps de subida y los 56 kbps de bajada.

Moderno módem USB

Moderno módem USB

Y como llegaron fueron desapareciendo. Las conexiones RDSI y, posteriormente, ADSL y de fibra óptica desbancaron el uso de los módems más allá del envío de algún que otro fax digital por parte de pequeñas y medianas empresas (o de los actuales cablemódems que nada tienen que ver ya con sus predecesores). Las redes 3G y 4G han puesto la puntilla a aquellos aparatos de estridente sonido que nos conectaban a una Internet precaria.

Como curiosidad, comentar que la NASA está trabajando en un sistema de comunicación óptico basado en láser que disminuirá drásticamente el tiempo que se invierte en transmitir archivos multimedia desde el espacio, con velocidades 100 veces superiores a los métodos actuales. Algo que poco tiene que ver con los módems antiguos, pero que nos trae el progreso y la tecnología.

Las seis programadoras de ENIAC

Mujeres ENIAC

Mujeres ENIAC

ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer) es considerado el primer ordenador electrónico programable de la historia, aunque este honor, realmente, le corresponde al Z3, una computadora alemana de principios de los años cuarenta.

Nacido entre las bambalinas del laboratorio de investigación balística del Ejército de los Estados Unidos en 1943, ENIAC no se terminó de construir hasta 1946, subvencionado por el gobierno con 500.000 dólares de la época. Fue un ordenador electrónico digital con fines generales a gran escala y, a la sazón, la máquina más grande del mundo, ocupando una superficie de 167 m2 y montando un total de 17.468 tubos de vacío (válvulas electrónicas); pesaba 27 toneladas. Era capaz de realizar la friolera de 5.000 sumas y 300 multiplicaciones por segundo, pero adolecía de un pequeño problema, y es que la vida media de cada tubo de vacío era de unas 3.000 horas, por lo que, aproximadamente, cada 10 minutos se estropeaba uno (y había que buscarlo, claro).

Los ingenieros a cargo del proyecto, John Presper Eckert y John William Mauchly, fueron los que se llevaron los laureles, pasando a la historia como los asombrosos creadores de ENIAC. Sin embargo, hubo seis mujeres que fueron las encargadas de programar todo aquel engendro. Seis matemáticas especializadas en programación cuyos nombres fueron silenciados durante décadas al ser consideradas profesionales de segunda por el simple hecho de pertenecer al tan denostado sexo femenino. Eran Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence.

Estas seis mujeres, que casi nunca aparecen en los libros de historia de la informática, dedicaron cuerpo y alma a la programación de ENIAC, sentando las bases de los modelos de desarrollo de software para el futuro. Ellas fueron, a lo largo de su vida, las creadoras de los primeros conjuntos de rutinas, de las primeras aplicaciones de software y de las primeras clases programáticas, ahí es nada.

El ENIAC se programaba sobre el papel para, posteriormente, aplicar lo diseñado al aparato por medio de interruptores, cables y soldaduras. Llevaba días realizar un cambio, pero era capaz de reproducir complejas secuencias de operaciones, incluyendo, entre otras tecnologías, bucles y subrutinas.

Holberton

Holberton

Betty Snyder Holberton, nacida en 1917 y fallecida en 2001, comenzó a estudiar Matemáticas en la Universidad de Pensilvania, pero fue desmoralizada un profesor que veía mejor a las mujeres en casa criando niños que en la universidad.

Abandonó la carrera y estudió periodismo. Posteriormente, comenzó a trabajar para ENIAC como programadora.

Cuando finalizó el proyecto, trabajó en el desarrollo de las instrucciones en C-10 para BINAC, que es considerado el prototipo de todos los lenguajes de programación modernos. También participó en el desarrollo de los primeros estándares para los lenguajes COBOL y Fortran.

Bartik

Bartik

Jean Jennings Bartik, nacida en 1924 y fallecida en 2011, estudió Matemáticas en el Northwest Missouri State Teachers College de Misuri.

Tras trabajar en ENIAC, continuó su carrera con BINAC y UNIVAC I.

Más tarde trabajó de editora en el campo de los materiales vinculados al desarrollo de alta tecnología de la información.

Antonelli

Antonelli

Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, nacida en 1921 y fallecida en 2006, se graduó con un título en Matemáticas por el Chestnut Hill College para mujeres de Filadelfia.

Fue seleccionada para trabajar como programadora de ENIAC, como sus compañeras, por sus grandes dotes para el cálculo en general y para las ecuaciones diferenciales en particular.

Fue trasladada al Aberdeen Proving Ground Ballistics Research Lab., con ENIAC, cuando la máquina fue mudada hacia allí en 1947, junto con Ruth Lichterman y Fran Bilas.

Meltzer

Meltzer

Marlyn Wescoff Meltzer, nacida en 1923 y fallecida en 2002, se graduó en la Temple University de Filadelfia. Fue contratada por el Moore School of Engineering para trabajar en cálculos meteorológicos, principalmente porque ya sabía operar máquinas de calcular.

Pocos años después se sumó al equipo de cálculo de trayectorias balísticas y, algo después, al equipo original de programadoras en ENIAC.

Más tarde renunciaría a toda su trayectoria para contraer matrimonio.

Teitelbaum

Teitelbaum

Ruth Lichterman Teitelbaum, nacida en 1924 y fallecida en 1986, se graduó en Matemáticas en el Hunter College de Nueva York.

Seleccionada para el proyecto de trayectorias balísticas del Moore School of Engineering, posteriormente pasó al grupo de programación de ENIAC.

 

 

Spence

Spence

Frances Bilas Spence, nacida en 1922 y todavía vivita y coleando a sus noventa años, se graduó en Matemáticas con orientación a Física en el Chestnut Hill College de Pensilvania.

Comenzó también en el cálculo de trayectorias balísticas y terminó por unirse al grupo de las seis de ENIAC. Poco después de la presentación de la máquina, Frances se casó con un ingeniero electrónico de la Armada.

No mucho después, renunció a su puesto para dedicarse a formar una familia.

De todas ellas, Betty Snyder Holberton se convirtió, en 1997, en la única de las seis programadoras originales de ENIAC en obtener el Premio Ada Lovelace, uno de los más altos honores concedidos en el campo de la programación. En ese mismo año, junto con sus cinco compañeras, ingresó en Women in Technology International Hall of Fame; un reconocimiento tardío pero merecido.

Todas ya creciditas y reconocidas

Todas ya creciditas y reconocidas

Hubo un tiempo en el que se decía que las mujeres que aparecían en las fotografías antiguas de ENIAC eran modelos, lo que los americanos llamaban refrigerator ladies, o las típicas mujeres que salían en las fotos acariciando refrigeradores y neveras a modo de reclamo publicitario. Pues nada de eso, señores míos, aquellas seis féminas fueron las que sentaron las bases de la programación informática moderna. ¿Por qué, si no, la programación actual es tan estructurada y metódica? Efectivamente, porque la inventaron las mujeres.

En el siguiente vídeo, y con ello finalizo, se las puede ver operando la máquina en aquella época. Como alguna de ellas ha asegurado en más de una ocasión, no tenían manuales de programación, porque aquello era algo totalmente nuevo, y se guiaban por los esquemas de cableado de los ingenieros para programar ENIAC. ¡Asombroso!

Alice y Bob, una pareja tecnológicamente segura

Alice y Bob

Alice y Bob

Desde que Ronald Rivest, Adi Shamir y Leonard Adleman desarrollaron el sistema criptográfico de clave pública RSA (Rivest – Shamir – Adleman) en 1977, existen dos nombres que se han convertido en imprescindibles dentro de artículos, presentaciones, documentos, conferencias y exposiciones relacionadas con la seguridad informática y la criptografía. Estos nombres son Alice y Bob.

Alice y Bob no son personas físicas reales sino personajes ficticios inventados para ser usados en las explicaciones criptográficas. Sus creadores (los mismos que asacaron RSA) los utilizaron por primera vez en el seminario que dio a conocer su algoritmo y, desde entonces, todos los profesionales relacionados con la materia hacen uso de sus nombres para explicar conceptos.

El tema es bien sencillo: los nombres se usan por convenio para evitar sentencias del tipo «la persona A quiere enviar un mensaje cifrado a la persona B». Los padres de Alice y Bob se dieron cuenta de que en una larga exposición donde personas A y personas B envían y reciben mensajes, los asistentes terminan por perderse con tanta letra para aquí y para allá. No hablemos entonces si en el discurso se introducen nuevos elementos C, D, E y etcétera. El lío es monumental.

Sin embargo, está demostrado que utilizando Alice (A) y Bob (B), el público enseguida relaciona en sus cerebros dichos nombres con caras de personas (mujer y hombre), haciendo más sencilla y comprensiva la disertación. Es algo así como procurar enseñar a un niño a sumar con canicas o cochecitos de juguete en lugar de utilizar números, un concepto asaz abstracto para sus recién estrenadas neuronas.

Alice y Bob son tan famosos y reconocidos en el mundo de la seguridad informática que el propio profesor Andrew S. Tanenbaum (una eminencia en estos campos), en su libro ‘Redes de computadoras‘, cuenta que si escribes algo sobre criptografía y utilizas otros nombres, es bastante probable que nadie se tome en serio lo que dices.

Existen multitud de nombres de actores secundarios que han ido surgiendo al calor de Alice y Bob. Y es que, en ocasiones, es necesario recurrir a un mayor número de agentes implicados en las comunicaciones. Así pues, podemos destacar a Carol (o Charlie) como tercer participante principal (la persona C), a Dave (persona D) como cuarto participante, a Craig como el password cracker o a Eve como eavesdropper (la atacante en modo escucha).

Esta pareja es tan cercana a los entendidos en criptografía que, incluso, han aparecido numerosos chistes acerca de ellos. Un buen ejemplo es el que sigue:

¿Cuál es el colmo de un criptógrafo? Que su mujer se llame Alice, que ella tenga un amante que se llame Bob y que el hombre no entienda nada de lo que se cuentan en sus cartas.

También otros más elaborados y que no hay Dios que los entienda porque, además de estar en inglés, hay que ser un friqui de la criptografía para saber dónde está la puñetera gracia.

Alice y Bob representan una pareja inseparable, con una comunicación muy fluida y segura a prueba de extraños y terceras personas. Los amantes más tecnológicos que hayamos conocido nunca. Una historia de amor indescifrable.

Por cierto, este hecho de inventar personas y personajes no es privativo de la informática. En el mundo de la radio tienen a Dave y Sue, en el teatro americano a George Spelvin y en la Armada Británica a Tommy Atkins, entre otros.

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