Entradas de la categoría ‘Historias’
De fluoroscopios, pedoscopios y otras lindezas varias

Fluoroscopio de zapatería
Hoy día las zapaterías son meros negocios mercantes de zapatos y zapatillas en los que el cliente no disfruta de un trato personalizado, en buena parte porque estos complementos se fabrican en serie bajo números prefijados que obligan a adaptar tu pie al calzado, cuando, en realidad, debería ser al revés. Pero no siempre fue así.
En la década de los años veinte americanos, de los americanos de América de arriba, se puso de moda un aparatejo zapateril al que los yanquis, haciendo gala de la amplia flexibilidad de su lenguaje materno, bautizaron como pedoscope. Es castellano castizo podría traducirse algo así como «pedoscopio» o, quizás, «podoscopio» o quién sabe si «pediscopio». El caso es que nunca nos hizo falta acuñar un término para ello porque el tramánculo en cuestión ni siquiera llegó a Europa. Nosotros lo llamaremos pedoscopio (aunque resulte cacofónico) por aquello de distinguirlo del podoscopio actual que tienen todos los pediatras y los ortopedistas en sus consultas.
El pedoscopio en sí no era otra cosa que un fluoroscopio especialmente diseñado para zapaterías. El fluoroscopio es un aparato médico consistente en una fuente de rayos X y una pantalla fluorescente entre las que se sitúa el paciente para que se le observen sus estructuras internas en tiempo real, diagnosticando así su dolencia rápidamente. Vamos, un escáner de rayos X de los de toda la vida.

Pedoscopio
Se componía básicamente de una caja de madera con un orificio posterior para meter el pie, zapato incluido. Dentro disponía de un aparato de rayos X y, por la zona anterior, de varios visores donde observar los resultados. Al mirar por los tubos, se podía ver con total claridad y nitidez los huesecillos del pie encerrados en el armazón del zapato, pudiendo determinar fehacientemente si ese calzado era correcto para el cliente o no.

Certificado de zapato adecuado con prueba de rayos X
En principio, se especula que aquello no fue más que un reclamo publicitario para que las madres compraran zapatos a sus hijos, ya que a estos les encantaba aquello de poder ver su pie por dentro. No en vano, los varios visores que montaba el aparato eran para compartir experiencia X: uno para el zapatero, otro para un cliente (la madre, por ejemplo) y un último para el curioso infante.
El fluoroscopio para pies tenía también un par de selectores, uno para la intensidad de exposición (alta para hombres, media para mujeres y baja para niños) y otro para el tiempo (con una media de 20 segundos por pie). El zapatero regulaba estos parámetros a su antojo.
Sin embargo, existía un problema que no se investigaría hasta años más tarde, que era el peligro que suponía la exposición a aquellos rayos X con muy pocos años de historia. La amenaza afectaba a los pequeños pies de los niños en desarrollo pero, también (y sobre todo), a los zapateros que utilizaban aquellas máquinas a diario sin ningún tipo de protección.
Se han documentado casos de vendedores con dermatitis en las manos, por el hecho de introducirlas en el aparto para ajustar el zapato, e, incluso, un caso de amputación de una pierna en un hombre que trabajaba como modelo de zapatos. Es curioso, pero aún con estas incidencias tan graves, los pedoscopios no llegaros a desaparecer de las zapaterías hasta cerca de 1970.
La historia del cacharro viene de varios años antes, cuando el doctor Jacob Lowe, de Boston, lo creó para visualizar rápidamente los pies a los soldados durante la Primera Guerra Mundial. En aquella época se descubrió que multitud de combatientes llegaban del campo de batalla con muchos problemas en los pies a causa de llevar las botas mal ajustadas durante el servicio. Ello provocaba graves daños tras el uso diario durante meses, por lo que ideó el pedoscopio para intentar paliar el problema.
Al terminar la contienda, este fluoroscopio fue modificado para darle un uso más comercial, a la sazón en el campo de la zapatería. En Estados Unidos rápidamente se enamoraron de la máquina en una feria de zapateros, y la mayoría de tiendas de calzado de costa a costa empezó a comercializar su uso como un punto clave de venta.
Por lo tanto, y para terminar, nos han de quedar claras tres cosillas, nada más. Primero: los americanos son siempre los que lo inventan casi todo y lo comercializan a lo bestia; segundo: aquella ciencia que se dona al pueblo es más que probable que venga de algún invento militar; tercero: casi siempre fallan en el tema de guarda de la salud y al final, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde. Punto y se acabó.
Generando electricidad hace 2.200 años

Antigua batería de Bagdad
El envoltorio cuproso estaba sujeto al cuello de la vasija por algo parecido al betún, sobresaliendo un centímetro, y daba la impresión de haber estado revestido con una fina película de plomo. Los arqueólogos no supieron dar explicación a aquel descubrimiento, así que enviaron una muestra al Museo Nacional de Iraq para que lo investigaran más a fondo. Tres años más tarde, en 1939, y tras multitud de pruebas y reproducciones, el director del museo (a la sazón el alemán Wilhelm König) lanzó la noticia bomba que conmocionó a todos los científicos del mundo: aquello podría tratarse de la primera y más antigua batería de la historia. Desde entonces, aquel descubrimiento pasó a conocerse como la batería de Bagdad, a veces denominada batería parta también.
Se especuló con que el comportamiento del instrumento era exactamente igual que el de una pila eléctrica actual, pudiéndose haber unido varios de ellos en serie para aumentar el voltaje producido; no en vano, König relacionó el descubrimiento con multitud de varillas de cobre y cilindros de hierro similares procedentes de Mesopotamia. La corrosión que presentaban los cilindros metálicos del interior se supuso producida por algún tipo de elemento cítrico contenido en las vasijas, lo que actuaría como electrolito para generar electricidad.
El cobre y el hierro forman una muy buena pareja electroquímica, de modo que, en presencia de cualquier electrolito o solución iónica, son capaces de generar potencial eléctrico. De ello se encarga la llamada corrosión galvánica, un proceso en el que un metal menos noble, en presencia de otro más noble y de un electrolito, se corroe. Esta corrosión (que no es más que un movimiento de iones desde el ánodo hasta el cátodo) se aprovecha en pilas y baterías para generar una corriente de cierto voltaje.

Esquema y reproducción de las baterías
Willard Gray, ingeniero estadounidense de la época, decidió tratar de hacer una réplica de las baterías después de apoderarse de algunos dibujos y planos del dispositivo realizados por el científico alemán Willy Ley. Rellenó el recipiente con sulfato de cobre y consiguió generar medio voltio de electricidad. Posteriormente declaró que, en los tiempos en los que se fabricaron las baterías originales, se podría haber utilizado otro líquido cítrico a modo de electrolito al alcance de los habitantes del momento, como, por ejemplo, zumo de uva corriente. Treinta años más tarde, el científico alemán Arne Eggebrecht volvió a reproducir el dispositivo, consiguiendo 0,9 voltios, con vinagre como electrolito.
Sin embargo, desde aquel momento hubo una corriente escéptica en favor de otras explicaciones más lógicas para aquellos instrumentos. Nunca se descubrió, en ninguna excavación, material alguno que hubiera podido funcionar como unión entre varias baterías (como cables metálicos), por lo que la conexión en serie quedó descartada. Además, ¿para que demonios iban a necesitar electricidad hace dos mil años?
La explicación más lógica a las baterías de Bagdad la ofreció el propio Willard Gray cuando afirmó que, en su reproducción de las vasijas, había introducido una estatuilla de plata en el interior que, dos horas después, se había vuelto de color dorado o cobrizo. Según él, había demostrado que la batería funcionaba y que su probable uso era el destinado a restaurar objetos de plata, lo que hoy conocemos como galvanización o galvanizado.
Sin embargo, y para vapuleo de esta información, científicos posteriores a Gray demostraron que, con el electrolito utilizado y la corriente generada, era imposible que en dos horas se pudiera haber galvanizado nada. Además, recordaron que en ningún lugar de estudio arqueológico en el mundo se ha encontrado jamás objeto alguno galvanizado.
Los más radicales afirman que esas vasijas se utilizaban simplemente para guardar legajos o cosméticos. El betún que tapa la boca de las vasijas, dicen, es aislante eléctrico, por lo que sería imposible sacar la electricidad hacia fuera sin modificar el diseño. Además, una celda galvánica requiere de un rellenado más o menos continuo de electrolito, por lo que habría sido una solemne tontería haber sellado herméticamente las vasijas con dicho betún. Es posible, afirman, que pergaminos guardados en estos recipientes se pudrieran por completo en su interior, dejando probablemente un rastro de residuos orgánicos ligeramente ácido.
Durante la invasión de Iraq del año 2003, llevada a cabo por una coalición de países encabezada por EE. UU., y que marcó el inicio de la Guerra de Iraq, el Museo Nacional fue asaltado y saqueado, perdiéndose infinidad de piezas de un valor incalculable, entre ellas las baterías de Bagdad. No se sabe a ciencia cierta qué es lo que fue de ellas y, aunque algunas versiones afirman que pudieron ser retiradas para su protección por el mismo gobierno iraquí como medida de protección ante los bombarderos, los más escépticos consideran que pasaron a formar parte del tráfico ilegal de antigüedades mesopotámicas. Una auténtica pena.
La eterna pugna entre dos tipos duros: Arial y Helvética

Helvética/Arial
Helvética es una familia tipográfica diseñada en 1957 por Max Miedinger, un afamado tipógrafo suizo, para la fundición experta en esta lides conocida como Haas (por supuesto, hablamos de cuando los tipos eran piezas metálicas de imprenta con los caracteres en realce). Su desarrollo se basó en una tipografía anterior denominada Akzidenz Grotesk, datada en 1896.
Más tarde, Haas se unió con Linotype, una empresa norteamericana formada para comercializar la máquina Linotipia y que se convirtió en la mayor compañía de equipamiento para impresión de libros y periódicos del mundo. En esta unión se promovió el uso de la Helvética fuertemente, y durante la segunda parte de siglo XX fue uno de los tipos más populares en el mundo occidental.
Helvética fue acuñada como un tipo de estilo sencillo y de palo seco, es decir, sin remates, gracias o serifas; lo que los anglosajones (proviniendo del francés) llaman sans serif, esto es, sin serifa. Las serifas (o gracias) son pequeños adornos ubicados generalmente en los extremos de las líneas de los caracteres tipográficos.

Con y sin serifa
Ambas tipografías (Helvética y Akzidenz Grotesk) eran asombrosamente iguales, aunque no al cien por cien. El principal cambio que realizó Max Miedinger en su Helvética fue la conocida como «altura de la x» (el alto que tiene una letra x minúscula y que establece la altura del ojo medio de todas las letras), haciéndola mayor que en la Akzidenz Grotesk, lo cual la hace parecer un poco más oblonga, mientras que la su antecesora mantiene su forma sutilmente aplastada.

Tipografía Helvética
Por su lado, Arial nace en 1982 de la mano de los diseñadores Robin Nicholas y Patricia Saunders, de la fundición americana Monotype, la competencia directa de Linotype y la única compañía que fue capaz de hacerle sombra a su rival en el mercado de la impresión. En un principio, la idea de Arial surge de la necesidad de responder a la alta popularidad de Helvética, y se desarrolló como fuente principal para las primeras impresoras láser de IBM.
En un principio llamada Sonoran San Serif, Arial tuvo la gracia de caer el manos de Microsoft, ya que la empresa de Redmond no estaba dispuesta a pagar lo que se pedía por Helvética. Cuando el tío Bill hizo de TrueType el formato estándar de fuente para Windows 3.1, se optó, pues, por utilizar Arial en lugar de Helvetica; sabían que la mayoría de la gente no notaría la diferencia ni se preocuparía por ella.
Apple, por otro lado, también hizo estándar el formato TrueType (lo habían desarrollado ellos para competir con el PostScript de Adobe) al mismo tiempo, pero ellos incluyeron Helvetica, y no Arial, como fuente principal, pagando religiosamente los derechos a Linotype.
En aquella época, el dominio de Windows sobre los sistemas de Apple fue aplastante, y ello popularizó de tal forma la fuente Arial que, hoy en día, es la más conocida del mundo. Microsoft siguió apostando fuerte por Arial como tipo base hasta Windows Vista, cuando fue sustituida por la fuente Calibri. Durante todos estos años, Arial ha sido la tipografía más popular sin ningún género de dudas.

Tipografía Arial
Sin embargo, Arial es considerada por los expertos tipógrafos como una copia burda y barata de Helvética, careciendo de las características que distinguieron al diseño original suizo. A pesar de ser casi idéntica a Helvetica en proporciones y peso, el diseño de Arial es una variación de la serie Grotesque de Monotype y fue concebida para ser usada en computadoras, más que para ser leída en papel. Este tipo de letra tiene cambios sutiles en la forma y el espacio entre caracteres con el fin de hacerla más apta para ser leída en una pantalla a distintas resoluciones de imagen.
Lo cierto es que la preeminencia de la Helvética de Linotype en el mercado hizo que Monotype se empeñara en diseñar un tipo de letra prácticamente igual. Sin embargo, y en lugar de fabricar una copia exacta como hicieron otros en la época, se encargó de añadir o quitar pequeños matices que hacían de Arial una fuente muy parecida pero diferente. Aunque, como veremos a continuación, las desemejanzas son tan sutiles, que los profesionales la consideran simplemente un calco de baja calidad gráfica.
Los chicos de ‘I Love Typography’ desarrollaron hace tiempo una simple pero estupenda herramienta a la que llamaron Fontometer (algo así como «fontómetro») y que colgaron en una de las entradas de su blog. Este Fontometer permite comparar los glifos de ambas tipografías haciendo uso de las distintas letras minúsculas del alfabeto inglés. Se encuentra a continuación y su forma de uso es muy sencilla. Únicamente debemos pasar el puntero de nuestro ratón por encima de los caracteres de la línea superior (en letra más grande los que más diferencias tienen a simple vista) para observar la comparación en la zona inferior (a la izquierda, en gris, Arial; a la derecha, en rojo, Helvética).
Una vez seleccionada la letra en cuestión, disponemos de la posibilidad de arrastrar el carácter Arial sobre el carácter Helvética. En este momento, cuando los superpongamos, nos percataremos de las verdaderas diferencias entre ambas fuentes. Nimias pero importantes diferencias (¡en todas las letras!).
La confrontación entre Arial y Helvética viene de viejo. El hecho de que Microsoft se decantara por Arial y Apple por Helvética avivó más las llamas del fuego cruzado. Los diseñadores y maquetadores expertos, muy inclinados hacia Mac OS desde siempre, hacen llagas sobre Arial y la tildan de estafa tipográfica. La verdad es que de Helvética se podría decir lo mismo con respecto a Akzidenz Grotesk. Es la historia de la humanidad y sus derechos de autor: basarse en algo y realizar un duplicado prácticamente exacto, ¿es copia y calco o es homenaje y veneración?
La controversia, por supuesto, ha alcanzado las lindes del friquismo más guasón. Desde ‘Ironic Sans’ nos proponen un divertido juego: han cogido 20 logotipos de famosas empresas diseñados originalmente con Helvética y los han reconstruido en Arial. ¿Sabrías distinguir el original de la imitación? También se puede realizar un test vía ‘I live on your visits’ en el que se propone diferenciar textos escritos en ambas fuentes.
Además, en ‘Mimeartist’ disponen de un juego en Flash en el que has de tomar la identidad de diversos caracteres en Helvética para derrotar y aplastar a letras Arial. Como última curiosidad, comentar que existe una película documental llamada ‘Helvética’ (2007) en la que diferentes diseñadores y tipógrafos hablan sobre este tipo, algunos alabándolo y otros atacándolo.
En fin, una pelea que, como otras tantas, nunca tendrá fin. A mí, personalmente, la verdad es que no me convence ninguna de las dos demasiado. Eso sí, antes que la maldición entre las maldiciones, me quedo con cualquiera de ellas del tirón. Faltaría más.
Una entrevista sobre informática en 1974

Börje Langefors
Lo curioso de esta entrevista que traigo hoy aquí es que, si hubiera sido realizada antes de ayer, sería totalmente creíble, válida y vigente. Con la excepción de algunos pequeños detalles y comentarios que apuntan claramente a un tiempo pasado, la verdad es que las inquietudes y los retos de aquellos expertos no eran muy distintas a lo que hoy mismo nos podemos encontrar, como es el caso de la seguridad informática, la educación en las aulas, la desaparición de puestos de trabajo humanos en favor de las máquinas o el monopolio de ciertas empresas.
Por otro lado, resulta asaz curioso comprobar la importancia que adquirían en aquel entonces (hace treinta y siete años) los avances en la comunicación con los ordenadores (el paso de tarjetas perforadas a teclados en terminales), el almacenamiento de datos en unidades de memoria cada vez más rápidas y de mayor capacidad o, también, la reducción drástica del tamaño de los procesadores que, efectivamente, implicaba una disminución del volumen de los propios equipos.
Una entrevista retro sin desperdicio alguno que paso a transcribir de forma íntegra.
¿Qué es un ordenador?
Intentaré no dar una definición demasiado estricta. Comúnmente se define como una máquina que tiene cierta capacidad de cálculo, combinada con la posibilidad de almacenar datos o programas, y que es capaz de modificar sus propios programas. Lo importante es que su memoria pueda almacenar tanto hechos relativos al mundo exterior como instrucciones.
¿Existen diferentes clases de ordenadores?
En un tiempo se decía que determinados ordenadores trataban los datos relativos a las empresas y que otros realizaban el trabajo científico. Hasta cierto punto esto ocurre todavía; pero, en la actualidad, estamos más interesados en la distinción entre los ordenadores que poseen gran capacidad de tratamiento de datos, ya sean industriales, comerciales o científicos, y los pequeños ordenadores.
Hoy día los miniordenadores tienen una extraordinaria capacidad de cálculo en cualquier campo. Prácticamente pueden hacerlo todo. Hasta cierto punto son más universales, porque se les pueden añadir equipos externos (periféricos) que les permiten adaptarse a tareas muy diversas.
Existe una tercera categoría: la de los microordenadores, cuya unidad central de cálculo es tan reducida que la podríamos colocar en la uña del dedo pulgar; tienen la ventaja de que se puede introducir directamente esa unidad central en una máquina o en un instrumento, y se emplean para realizar cálculos especializados en el interior de la máquina.
Teníamos la impresión de que había dos tipos de ordenadores: los que calculan y los que proceden por analogía.
En efecto. Cuando hablamos de ordenadores, solemos pensar en los numéricos o digitales, que realizan cálculos exactos como las máquinas de calcular mecánicas de oficina. Pero, en determinados casos, utilizamos ordenadores analógicos, los cuales, en lugar de hacer cálculos, realizan una especie de modelo eléctrico del fenómeno que se desea estudiar. Pero estos ordenadores son de empleo más limitado. Ciertos modelos reales parecen difíciles de traducir en circuitos eléctricos.
¿Cuáles son las principales técnicas, recientemente introducidas, que se emplean en el campo de los ordenadores?
Desde el punto de vista tecnológico, físico, las principales innovaciones afectan a los equipos que reciben los datos procedentes de los utilizadores del ordenador, así como a los equipos que transmiten a estos los datos obtenidos por aquel o los resultados de los cálculos efectuados. Estos equipos deben traducir el lenguaje comprensible para los humanos en un lenguaje comprensible para la máquina, y viceversa.
Una innovación reciente, muy interesante por cierto, consiste en reemplazar las técnicas de entrada y salida tradicionales (fichas perforadas, etc.) por terminales unidos directamente al ordenador, de forma que el utilizador puede enviar sus mensajes al ordenador sólo con pulsar un teclado parecido al de una máquina de escribir, y el ordenador puede contestarle al instante, darle las soluciones o decirle que falta tal o cual dato.

Trabajadora en un centro de cálculo
Aunque esto parezca solamente un pequeño cambio técnico, supone una gran ventaja: para utilizar un ordenador era indispensable, hasta hace poco, presentar las preguntas de manera estrictamente lógica; una simple falta de ortografía podía retrasar el proceso todo un día, hasta que se averiguaba que el ordenador no había comprendido el mensaje. Ahora es posible preguntar al ordenador qué sabe de un asunto concreto, y éste puede responder preguntando sobre qué materia se le cuestiona; de esta forma, al no ser ya necesario conocer el lenguaje específico del ordenador, se pueden sostener con él conversaciones más parecidas a las que tenemos entre nosotros los humanos.
Existen también varias técnicas nuevas para almacenar datos en las memorias rápidas, y es posible utilizar una especie de depósitos suplementarios de datos cuando estos tienen que almacenarse en cantidades muy grandes. Esas memorias suplementarias son más lentas, pero tienen mayor capacidad. Se trata de algo similar a la organización de nuestro cerebro, que puede encontrar rápidamente ciertos datos, pero que para otros necesita más tiempo.
¿En qué medida los ordenadores pueden modificar las actuales formas de trabajo?
Creo que el ordenador tiene mucho que ofrecernos en este campo. Cuando hay que resolver un problema complicado, si usted es un ingeniero, intenta aplicar métodos matemáticos para su resolución. Hay personas que no son aptas para utilizar el pensamiento abstracto y, en consecuencia, se ven excluidas de ciertos trabajos.
Pero ahora parece que puede usted aprender a solucionar de manera práctica determinadas categorías de problemas. Por ejemplo: hemos utilizado ordenadores analógicos para resolver un problema de vibraciones mecánicas en los aviones, que es un asunto bastante matemático. Me di cuenta de que algunos de mis ayudantes podían tratar ese problema; aunque no tenían una preparación matemática suficiente habían adquirido bastante experiencia en el trabajo con modelos analógicos o como radioaficionados.
Un ordenador moderno, con sus terminales, puede enseñar a las personas a resolver problemas especiales utilizando las posibilidades de diálogo de las que está dotado.
Actualmente se plantea el problema de que gran número de trabajadores pueden ser reemplazados por máquinas automáticas, por controladores automáticos. Esto daría origen a un aumento considerable del número de parados…
Es un problema muy importante. Cuando tenemos la posibilidad de automatizar nuevas operaciones, determinar si queremos utilizar esa posibilidad o no es una decisión de carácter político. Pero si no detenemos el progreso, si queremos aprovecharlo, ello significa que podemos producir una misma cantidad de artículos con la mitad de mano de obra. Entonces podemos decidir o bien producir más objetos con la misma cantidad de trabajo humano (entonces no habrá paro, pero podemos destruir la Tierra por un exceso de producción y, en consecuencia, de detritos), o bien que no queremos más objetos, que preferimos detener el crecimiento.
Si continuamos automatizando, dispondremos progresivamente de más tiempo libre para dedicarlo a otras cosas; para el ocio, por ejemplo.
¿Cuál es la utilidad de los ordenadores en las empresas, y cuál es el resultado de su introducción y su empleo?
Es una pregunta muy difícil de responder. Durante muchos años hemos vendido demasiados ordenadores. Primero introdujimos los ordenadores en aplicaciones que podríamos llamar ordinarias: contabilidad, salarios, producción… Luego evolucionamos en direcciones más complejas. Creo que cometimos un error fundamental al pensar que las tareas cotidianas tenían poca importancia. Eran comunes únicamente desde un punto de vista matemático, o tecnológico.

Lectora de discos
Debido a este error encontramos muchas dificultades que no estaban previstas. En primer lugar, los ordenadores eran demasiado numerosos para las aplicaciones simples o fragmentarias a que podían adaptarse; el trabajo humano que ahorraban no compensaba los gastos de los ordenadores y de los especialistas. Más tarde, cuando bajaron los precios, tratar las tareas cotidianas mediante ordenadores empezó a ser ventajoso, hasta tal punto, que la mayor parte de las grandes empresas no podrían existir sin los ordenadores.
Entonces se advirtió que las pequeñas aplicaciones separadas resultarían mucho más económicas si se las podía integrar, coordinándolas. El ordenador podría utilizar unos mismos datos para diversas aplicaciones.
En el aspecto de la integración se consiguieron economías mucho mayores. Pero cuando, al principio, se intentó integrar distintos trabajos, se descubrió que no daba resultado porque las diferentes tareas no eran compatibles entre sí. Tuvimos que pasar unos años modificando las distintas tareas para poder integrar diversas aplicaciones; se crearon grandes sistemas integrados: control de producción, control de material almacenado, contabilidad, salarios… Y luego se descubrió que los sistemas integrados no eran viables. Pero eso permaneció en secreto, porque los que habían dirigido el desarrollo de tales proyectos, muy costosos, no podían confesar tranquilamente que la idea había sido un fracaso absoluto. De modo que empezaron a desintegrar discretamente los sistemas integrados para poderlos conservar en vida.
Esto ocurrió por dos razones fundamentales: la primera es que los sistemas no se estructuraron con la suficiente profundidad y claridad; un sistema puede seguir funcionando si el tiempo que se necesita para introducir un cambio en el mismo es, por término medio, más corto que el tiempo que separa dos necesidades de cambio. Cuanto mayor sea un sistema, y peor estructurado esté, más aumenta el tiempo necesario para esas modificaciones, y si no se es capaz de hacer todos los cambios necesarios antes de que se requiera otra modificación, todo se va al agua.
La segunda razón es que no se tuvieron en consideración las necesidades reales de los utilizadores. Los sistemas muy complicados no se pueden concebir de manera perfecta, porque se carece de experiencia. Por esta razón, cualquier sistema complejo debe tener obligatoriamente algunos defectos y, en consecuencia, dependerá por completo de un personal bien informado y familiarizado con él. Esta es la única forma de que realmente pueda llegar a funcionar. No hace falta que esas personas saboteen el trabajo, basta con que ayuden al sistema para que provoquen la catástrofe y el fracaso.
¿Nos permitirá la informática desarrollar métodos y aproximaciones de decisiones perfectas y lógicas en las empresas, tanto en el plano técnico como en el socioeconómico?
Creo que hace algunos años, cuando empecé a enseñar en la Universidad de Estocolmo, ya consideraba esta pregunta cuestión de importancia capital para la investigación. Pensaba que había una posibilidad de desarrollar sistemas informáticos mayores y más integrados y, al mismo tiempo, desarrollar un mejor método teórico de optimización matemática; esa acción conjugada podría conducir a grandes sistemas integrados del todo y ampliamente optimizados de dirección y de control de empresas.
Empecé por preguntarme si era factible. Pronto me di cuenta de que no lo era. Y existen varias razones: una, quizá la principal, es que cuando llegas a las decisiones más generales para una organización cualquiera, no tienen un fin único, un solo objetivo. Por ejemplo, si el director de una empresa me dice que su único objetivo es la búsqueda del máximo aprovechamiento, que es lo que muchas personas dicen todavía, esto me sitúa inmediatamente ante dos objetivos: aprovechamiento actual y aprovechamiento futuro. Y en la mayoría de los casos ello es contradictorio, ya que los caminos que se han de seguir no son los mismos para corto, medio o largo plazo. De modo que no puedes utilizar modelos matemáticos a menos que los responsables presentes algunas evaluaciones cuantitativas sobre la importancia relativa, para ellos, de dichos aprovechamientos en los distintos períodos.
Además, cuando se discute el asunto a fondo con un responsable, uno se da cuenta de que busca, por ejemplo, no sólo el aprovechamiento, sino además el crecimiento, el aumento. Cuanto más estudias el problema más compruebas que los responsables del nivel más alto persiguen varios objetivos. Un director puede escoger un objetivo en un momento dado, pero hay que saber por qué un objetivo es más importante en ese momento.

Controladora de discos magnéticos
Las más de las veces no puedes obtener una información cuantitativa de los responsables, los cuales no saben, de hecho, qué desean realmente. Y esto no puede ser de otro modo, ya que si un objetivo es lo más importante para uno en un momento dado, puede no serlo al día siguiente. Si, por ejemplo, no estaba previsto conseguir un aprovechamiento satisfactorio este año en la empresa, el primer objetivo será alcanzarlo. Pero si se confiaba en obtener fácilmente un máximo aprovechamiento este año, entonces se descubrirá que hay cosas más importantes, como, por ejemplo, una estrategia para el futuro. De hecho, los directores no deberían decir tan solo el valor relativo que atribuyen a los diferentes objetivos, sino también de qué manera prevén la evolución de las relaciones entre esos diversos objetivos. Y esto es, de nuevo, inconcebible, y hace imposible la realización de la idea.
Surge ahora una pregunta: ¿no podemos hacer nada para ayudar a las personas que tienen que tomar esas decisiones? La conclusión precedente era demasiado pesimista. Realmente, podríamos, gracias a un sistema de informática, más dinámico que la realización de los modelos matemáticos, ayudar a los que deben tomar esas decisiones dándoles mayor información y presentándoles imágenes más claras del desarrollo de sus diversos objetivos.
De modo que podemos ofrecer mucho a los dirigentes, pero el objetivo no puede ser hacernos cargo de sus decisiones. La mayor parte de las decisiones importantes se adoptan en circunstancias críticas ante hechos desconocidos hasta el momento. Por el contrario, existen amplios campos, como el del control de la producción, de los que se puede hacer cargo por completo el ordenador. Pero aunque esos ámbitos sean amplios, no son forzosamente los más importantes. Parece que toda organización sufre cada tres años una situación crítica y, entonces, se ve obligada a tomar serias decisiones de cara al futuro. Eso parece ajeno por completo a las funciones del ordenador, fuera de su alcance, simplemente porque no puede saber por adelantado lo que ocurrirá en el mundo exterior y porque en esas situaciones críticas la redefinición de objetivos planteará de nuevo problemas insolubles. Sin embargo, el ordenador podrá presentar situaciones simuladas, calcular lo que ocurrirá si hace esto o aquello.
¿Cree usted que la informática invadirá y amenazará la vida privada? ¿Deben establecerse reglas, leyes, para la defensa del individuo?
Esto es importante, sin duda, pero se trata, en esencia, de una cuestión política y un problema técnico. A mi modo de ver, la única razón para ser prudente ante el ordenador reside justamente en el hecho de que éste nos aporta tantas cosas útiles que debemos impedir que se haga peligroso. Si únicamente fuera peligroso, perjudicial, podríamos destruirlo. Nuestro problema está en decidir «cuántos informes deben conocerse sobre nuestra persona».
Por eso debemos estudiar atentamente las leyes, las reglas que habrá que establecer respecto a este asunto. Y esas reglas no deberán frenar ni detener un desarrollo útil.
En el campo de la educación, ¿cuáles son las directrices y los principios que deben tenerse en cuenta para utilizar correctamente la informática? ¿Se podría llegar a eliminar a los profesores? ¿Cuál es la asistencia que aporta un ordenador a la enseñanza actual? ¿Hasta dónde se puede llegar en esa dirección?
Se puede hacer mucho. Ya me he referido a ese problema al decir que las personas pueden aprender realizando experiencias prácticas en un terminal. Utilizando esos terminales es posible la experimentación en casos en que antes no lo era. Y existen muchos ámbitos. Cuando, por ejemplo, queremos enseñar los métodos matemáticos de toma de decisiones o la optimización lineal, sería mucho más eficaz para los estudiantes no sólo leer, sino disponer de un terminal y de una programación para ello, y hacer muchos más cálculos, probar más hipótesis y adquirir un sentimiento experimental más concreto de diversos modos de decisión.
¿Qué ocurre con las enseñanza programada?
Eso nos devuelve a una pregunta anterior: ¿se podrían suprimir los profesores? Gran cantidad de los errores cometidos en muchas empresas (y que han costado miles de dólares, millones, a cada una de ellas) al intentar poner en marcha sistemas sin comprenderlos suficientemente, se habrían evitado si se hubiera dejado a los profesores el tiempo necesario para adquirir esa comprensión, esa inteligencia del problema. En ese ámbito de la enseñanza programada, nosotros hemos puesto en marcha, aquí, una sección. Nos encontramos con que, en vez de analizar primero sistemáticamente el problema y mirar lo que puede no puede hacerse, la gente empezó a trabajar enseguida; es la línea que se sigue en Estados Unidos.
Hubo tantos proyectos mal estructurados que, al final, se desacreditó el conjunto de esa rama. Creemos que esto no se halla justificado y, en la actualidad, avanzamos con mucha prudencia.
Siguiendo el camino clásico para comprender y aprender la programación, lees un capítulo de un libro, intentas comprender su contenido e inmediatamente vas al ordenador, haces un programa. Por ejemplo, lo haces por la tarde. A la mañana siguiente te das cuenta de que cometiste un error al principio y todo el resto está en blanco. Si puedes dialogar con el ordenador, no necesitas leer un capítulo entero: desde el momento que crees haber comprendido algo, hace el test en el acto. Cuando lees todo un capítulo e intentas aplicarlo, descubres a menudo que comprendiste mal parte de lo que se dice en él.

Cableado de una computadora (¡menudo lío!)
Habrás almacenado en tu cabeza algo parcialmente falso y tendrás que hacer un esfuerzo más o menos prolongado para desprenderte de ello. Con el diálogo se pueden evitar muchos equívocos e incomprensiones. Es posible que no tenga tantas ventajas como se había creído antes, pero creo que, en la enseñanza programada, las experiencias fallidas de que antes hemos hablado fueron llevadas a cabo con tanta incompetencia, que no hace falta sacar conclusiones demasiado pesimistas.
Existe prácticamente una situación de monopolio en el campo de la informática. ¿Cómo es que IBM y algunos otros pueden llegar a controlar la aparición de nuevos procedimientos?
Es realmente un peligro. IBM tiene una preponderancia total en el mercado. Yo tenía que vender los productos de la informática sueca. Pensaba poder utilizar argumentos razonables, pero los clientes me contestaban: «Seguramente se equivoca, porque no es lo que dice IBM«. Los productores más poderosos tienen tendencia a comprar los inventos que les puedan hacer la competencia. Por el contrario, parece que IBM defiende en cierto modo a las otras compañías: no intenta expulsarlas del mercado, sino que pone precios muy altos a sus artículos, lo que permite mantenerse en liza a la competencia más pequeña. Esto permite también cierta capacidad de innovación.
Es posible que se evolucione hacia una situación más competitiva. Me parece que los miniordenadores y los microordenadores permitirán romper algo el monopolio tradicional.
¿Cuáles son las condiciones de desarrollo de una industria europea de informática?
Personalmente creo que las redes de pequeños ordenadores harán la competencia a los grandes ordenadores centralizados. Se exagera la economía que resulta de la dimensión de los ordenadores. Los precios de los ordenadores evolucionan muy favorablemente. ¡E incluso los miniordenadores están amenazados por los microordenadores! La situación está cambiando: son únicamente los grandes ordenadores los difíciles de producir por los pequeños fabricantes. Además, no existirá la necesidad de grandes ordenadores. Incluso una sociedad que necesite mucho de la informática se dará cuenta de que es más interesante aumentar su capacidad de tratamiento de datos con los pequeños ordenadores, que descargan de trabajo a los grandes.
¿Cuál será la evolución de la informática en un futuro próximo?
Hay una tendencia general: la rápida disminución del coste y de las dimensiones de las unidades centrales de cálculo. También existe un gran desarrollo de la tecnología de la memoria de los grandes bancos de datos. Somos capaces de almacenar muchos más datos y de encontrarlos más rápidamente. Se pueden aplicar métodos más avanzados para el acceso a las informaciones y a su utilización. Por ejemplo, se desarrolla lo que se llama inteligencia artificial: si inyectas ciertos hechos, el ordenador puede sacar conclusiones y deducir otros hechos. El problema está en que, si deseas utilizar un gran banco de informaciones, eso puede llevar cierto tiempo, y la respuesta llegará demasiado tarde. Pero con unidades centrales de tratamiento más rápidas y menos costosas, y con memorias más baratas y más rápidas, esas posibilidades se desarrollarán.

Operadores con las memorias de cinta
Todavía resultará más fácil comunicarse con el ordenador. El ordenador será también capaz de programarse a sí mismo; hoy día nosotros escribimos un programa que saca conclusiones de unos hechos. Si el ordenador es capaz de sacar por si solo estas conclusiones, podremos economizar en gran manera nuestro trabajo de programación.
Gracias a esas facilidades de utilización, un número creciente de personas tendrá acceso a los bancos de datos cada vez en más lugares. Este desarrollo permitirá, tal vez, que lleguemos a tener terminales en cada hogar, como el teléfono.
Cuando se quiera enseñar el empleo del ordenador en la escuela, no será forzoso aprender la programación, pero seguramente habrá que enseñar a utilizar un terminal.
De la tarta al pastelito (o cómo Microsoft ahorra en azúcar)

Mozillero enseñando tarta
La Fundación Mozilla es una organización sin ánimo de lucro encargada de liderar un proyecto de desarrollo de programas de software libre entre los que se encuentra el navegador web Firefox, descendiente más o menos directo del antiguo Netscape Navigator. La primera versión estable de Mozilla Firefox se liberó en el año 2004, comenzando lo que se dio en llamar la guerra de navegadores de Internet, pues la escasa competencia que hasta el momento había tenido Microsoft Internet Explorer (hoy Windows Internet Explorer) se veía ahora amenazada por la aparición del nuevo producto.
Desde aquel momento, los gráficos de uso de los navegadores empezaron a cambiar, haciendo descender la línea dominante de Internet Explorer mientras que, por su lado, ascendía frenéticamente la de Firefox. El equipo de desarrollo de Microsoft tendría en aquel momento la más severa de las presiones encima de su cabeza, sin embargo optó por el buen rollo pastelero, mitad en bromas y mitad de cachondeo.
Tras la aparición de Firefox 2, los trabajadores de Internet Explorer decidieron enviar un goloso regalo a sus competidores: nada más y nada menos que una flamante tarta de nata y crema de moca con logotipo amenazante incluido (imagen siguiente). Sospecho que, en aquel momento, a los integrantes del equipo de Firefox se les pasó por la cabeza la idea de ni probar aquel dulce por si viniera envenenado al más puro estilo manzanero de Blancanieves. Pero después de que el gordinflón goloso del grupo se comiera una porción, y allí vieran todos que no pasaba nada, la tarta fue devorada sin piedad, comenzando por la e aureolada de chocolate.

La tarta para Firefox 2.0
El detalle se agradeció, y el gigante de Redmond lo convirtió en costrumbre, remitiendo una tarta a sus enemigos de mercado por cada versión mayor nueva que producían, esto es, obviando versiones menores intermedias como Firefox 1.5 o Firefox 3.6. Así pues, en junio de 2008, Mozilla recibió su tarta por Firefox 3; y, en marzo de 2011, otra más por Firefox 4. Ambas tartas se pueden ver a continuación.

Las tartas para Firefox 3.0 y 4.0
La tradición se ha mantenido hasta la actualidad, pero con un pequeño cambio de diseño. El problema es que, como se puede comprobar, Mozilla lanzaba sus versiones de Firefox con una periodicidad media de dos años o más, pero ahora ha variado su estrategia y, sólo en 2011, han salido tres versiones mayores del software navegador (Firefox 4, 5 y 6). Claro, Microsoft se ha planteado que el mundo no está para derrochar en azúcar enviando suculentas tartas cada dos meses, y ha decidido continuar su simpática maniobra pero reduciendo drásticamente el tamaño de las tartas a un diminuto pastelito prácticamente de bocado. Véanse a continuación los dos últimos y rácanos envíos de la compañía del tío Bill.

Los pastelitos para Firefox 5.0 y 6.0
Comentan los expertos que el cambio del espacio de tiempo entre versiones de Firefox responde a la fuerte irrupción en el mercado del tercer navegador en discordia, Google Chrome. Sin embargo, yo estoy seguro de que los chicos de Mozilla lo que quieren es que el equipo de Internet Explorer les mande más tartas y más tartas, ya sea por simple glotonería o por putear el ambiente.
Lo malo es que, sea como fuere, el tiro les ha salido por la culata. Los pastelitos de Microsoft son cada vez más pequeños, y se comenta que, como sigan jodiendo la marrana, para la próxima versión se apañan con un caramelo de menta chupado.
Dejando las bromar aparte, la realidad es que Microsoft no suele hacer las cosas a la ligera ni cuando agasaja a sus contrincantes. En cada tarta parece que es posible encontrar detalles ocultos cual huevos de pascua en sus navegadores. Por ejemplo, se dice que la primera de ellas es en blanco y negro porque el equipo de Internet Explorer veía a Firefox 2 como un navegador muy antiguo e inexperto para la época. También se comenta que la dos letra «T» de la firma («Love, The IE Team») en la segunda tarta son dos sietes evidentes, haciendo referencia a su Internet Explorer 7, predominante en la época y con un apoyo de la crítica bastante importante. Asimismo, se dice que los últimos pasteles son tan pequeños porque Microsoft no considera las versiones 5 y 6 de Firefox como versiones mayores, ya que no incluyen características novedosas y son sólo versiones recicladas con añadidos poco relevantes.
En fin, todo ello suena más bien a teorías de conspiranoicos en contra de Internet Explorer que a otra cosa más fundada. En cualquiera de los casos, el guiño de los de Redmond hacia Mozilla resulta curioso y, por qué no, pleno de competitividad sana y juego limpio. Nunca viene mal que tus contrincantes te feliciten por el trabajo bien hecho. Aunque lo que no entiendo es por qué demonios no mandan tartas también a los equipos de Chrome, Opera, Safari y otros. Quizás no haya tanto amiguismo de por medio. Quién sabe.

