badBIOS: O nos la han metido doblada o deberíamos preocuparnos seriamente

Dragos Ruiu
Tras varias pruebas de análisis y exterminio que resultaron infructuosas y que duraron semanas, decidió formatear los discos de los diversos equipos (por cierto, de distinta índole y sistemas operativos) para comenzar desde cero. Lo que no imaginaba es que, tras la profunda limpieza y la vuelta al comienzo, aquello que había estado actuando como un virus seguía estando allí. ¿Cómo es eso posible?
La curiosidad de Dragos era cada vez mayor, y estos retos son los que les apasionan a los hackers. Supuso, con muy buen criterio (y más acierto), que aquel malware infectaba las máquinas a bajo nivel, obviando, pues, sistemas operativos y otras piezas de software de nivel más alto. Atinó a pensar que el malicioso código se escondía en la propia BIOS del ordenador, pues así fue. Aquel virus escurridizo era capaz de ocultarse en un chip programable mediante técnicas asombrosamente avanzadas. Pero lo más asombroso no era eso.
El señor Ruiu aisló los equipos; hizo lo que se conoce en el mundo de la informática como air gap, una medida de seguridad de redes que consiste en hacer que una red informática segura esté aislada físicamente de redes inseguras, tales como Internet o una red de área local sin garantía. Esto quiere decir, simple y llanamente, que desconectó el cable de red de los equipos infectados y anuló todas sus posibilidades de disponer de conexión Wi-Fi. Ello con el objeto de que un ordenador infectado no fuera capaz de infectar a otro de la red.
Todo para nada. Las máquinas parecían seguir transfiriendo información entre sí, y los efectos del malware se seguian apreciando en los ordenadores recién instalados. El suguiente punto del orden del día es lo que cualquier informático haría: empezar a desconectar cosas para ver de dónde puede venir la falla de seguridad. Fuera tarjeta Ethernet, fuera Wi-Fi, módem, Bluetooth, puerto IrDA de infrarrojos y todo aquello que permita comunicarse a un ordenador con el exterior. El virus seguía campando a sus anchas.
Tres años han pasado desde el descubrimiento de aquel malware al que Dragos apodó como badBios. Tres años después ha decidido sacarlo a la luz e ir comentando sus descubrimientos en sus cuentas de Twitter, Facebook y Google+. ¿Y cómo se comunica el virus con otros ordenadores? Pues la respuesta es de película de ficción apocalíptica: a través de los altavoces y del micrófono del computador por medio de ultrasonidos. ¿Flipas? Yo también flipé. El virus tiene la capacidad de utilizar transmisiones de alta frecuencia entre los altavoces de un ordenador y el micrófono de otro para salvar esos air gap o espacios de aire.
Evidentemente, lo que se comunican son dos replicas del software malicioso entre sí, por lo que es necesario que el virus esté instalado en ambos equipos, método que Dragos ha identificado como vía USB. A través de unidades externas USB, normalmente llaves o pinchos USB, el virus es capaz de transmitirse a sí mismo, infectando el hardware de bajo nivel de un computador, con la habilidad especial de integrarse en BIOS (Basic Input/Output System), UEFI (Unified Extensible Firmware Interface) y posiblemente otros estándares de firmware, atacando a gran variedad de plataformas, escapando de las maneras más comunes de detección y sobreviviendo a la mayoría de los intentos de erradicación. En estos términos le da igual PC que Mac, Windows que OS, Linux, Open BSD u otros, incluyendo dispositivos móviles y teléfonos inteligentes.
Esta es la evidencia, al menos la trasladada desde el laboratorio de Dragos Ruiu. Sin embargo, ya han empezado a aparecer voces que aseguran que lo que cuenta el experto, o no es posible y lo está identificando mal, o se lo ha inventado y estamos ante el mayor hoax de año y, probablemente, de la década. La verdad es que ya se han realizado pruebas al respecto y se ha logrado demostrar que es posible la infección de microchips programables de elementos conectados a un ordenador, como tarjetas Ethernet o dispositivos PCI genéricos. Asimismo, la transmisión de datos digitales inaudibles por medio de ultrasonidos está más que probada y demostrada.

Escenario básico para dos ordenadores como parte de una red sónica encubierta
Ello quiere decir que, aunque exista un trasfondo de realidad en todo esto, bien es cierto que las últimas noticias de los espionajes electrónicos por parte de la NSA americana propician el oportunismo para el surgimiento de descubrimientos más o menos insólitos, misteriosos y excepcionales. La aparición de la noticia en la prestigiosa Ars Technica abrió la caja de Pandora, generando miles de comentarios en minutos, unos a favor y otros en contra; algunos muy interesantes. Todo el tinglado terminó en Reddit, generando un hilo con aportaciones nada anodinas.
Pasará el tiempo y veremos lo que ocurre. ¿Seguirá Dragos Ruiu con sus investigaciones o nos estará tomando el pelo soberanamente a todos? El tiempo, pues, dará la razón a quien la tenga. Sea como fuere, me parece un tema más que interesante para discutir en el bar con una cerveza delante. ¿O no?
Desarrollo web para tarados intelectuales y retardados varios
Desde el Gobierno de España y su maravilloso Ministerio de Educación, y vía su inverosímil portal web TodoFP.es, planeado para promocionar y potenciar la Formación Profesional sin par en este país, nos traen, con el copatrocinio del Fondo Social Europeo y la red de centros Euroguidance, un vídeo de traca que bien podía haber revisado alguien que no fuera retrasado mental antes de publicarlo online. Paso a mostrar.
El documento visual en cuestión expone la fascinación que produce formarse en Informática y Comunicaciones en la FP española. Y es que en un momento dado aparece un cachorro digital que asegura haber estudiado Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Web, algo que nos llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel. Algo que, insisto, nos llena mucho si no fuera porque, a renglón seguido, aparece durante un breve segundo la imagen de lo que el joven está programando, sus estupendas líneas de código en el lenguaje de programación de los monos y los gatos que caminan por teclados. Paso a mostrar.

¿Desarrollando?
Menos mal que al final le mete el código superprofesional ese de [...] modificación de la consulta [...], que si no… Si esto no es de vergüenza, que baje Dios y le eche un vistazo.
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Directo a los primeros puestos de nuestro ranking de memes. El corto iDiots de BLR refleja a la perfección nuestro modo de vida actual, en el que nuestra felicidad se basa en cosas que no necesitamos y se rige por entidades que no controlamos. Una historia genial para autobombo de una empresa de efectos visuales que cumple a las mil maravillas con el bombo y con lo genial.
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Cómo se retocaban las fotos antes de Photoshop (desde 1840 hasta los años noventa del siglo pasado, más o menos)

‘Human relations’ de William Mortensen (1932)
El retoque fotográfico es una técnica que permite obtener una imagen modificada a partir de otra, ya sea para lograr una mejor calidad o más realismo, o para obtener una composición totalmente diferente que distorsione la realidad. Wikipedia dixit.

‘Henri de Toulouse-Lautrec as artist and model’ de Maurice Guibert (1895)
Casi cualquier tipo de manipulación que hoy asociamos con la fotografía digital también fue parte del repetorio predigital: suavizado de arrugas en ellos, adelgazamiento de cinturas en ellas, adición y sustracción de personas o elementos en una escena, mejoras de luz y contrastes, montajes artísticos y piruetas onírico-paranoicas con el único fin de asombrar, asustar, ocultar, impresionar o entretener.

‘Man on rooftop with eleven men in formation on his shoulders’ (Anónimo, de 1930)

‘The heart of storm’ de Anne W. Brigman (1912)
Pero, evidentemente, antes los medios no eran los mismos que existen ahora. Hoy día, una fotografía tiene un ciclo digital completo, sin llegar en muchos casos a pasar por un soporte físico en papel. Nuestra cámara de fotos captura una instantánea que codifica automáticamente en formato binario. De ahí pasa a un equipo informático (por cable o por «el aire») donde es retocada, recortada y/o redimensionada para, al final, terminar en la mayoría de los casos en un soporte digital, casi siempre en algún recoveco de Internet. Sin embargo, antiguamente las fotos habían de ser reveladas, lo que implicaba obligatoriamente su transmisión a un formato físico. Ahí empezaba entonces el retoque.
Los métodos de retocado eran múltiples y variados, la mayoría muy imaginativos e ingeniosos. El de más baja tecnología, por así decirlo, podría haber sido el que consistía en recortar varias fotografías con una cuchilla, obteniendo diversos elementos de cada una de ellas, para luego colarlos todos juntos de tapada en una nueva composición a modo de collage realista. Con una iluminación adecuada, se saca una última fotografía al montaje, generando así el nuevo original.

‘Room with eye’ de Maurice Tabard (1930)
Otras técnicas incluían múltiples exposiciones de un único negativo o generar una foto desde varios negativos superpuestos. Al final era cuestión de mezclar dos o más imágenes en una sola. También existía el retoque manual por medio de pincel, o aerógrafo, y tinta negra directamente sobre el negativo, recurriendo a la técnica del puntillismo, corrigiendo imperfecciones o haciendo desaparecer elementos existentes. La exposición, en el cuarto oscuro fotográfico, de ciertas partes de la fotografía a más o menos luz y la utilización de unos elementos químicos u otros por zonas, también generaban efectos interesantes, ocultando o recalcando sombras y zonas claras, mejorando la luminosidad o el brillo, oscureciendo, etcétera.
Así las cosas, lo que resulta evidente es que aquellos fotosoperos manuales eran auténticos artistas cuyos trabajos competirían muy de cerca con los montajes actuales digitalizados. Uno de los primeros experimentadores en estas lides de los que se tiene constancia fue el fotógrafo de origen sueco Oscar Rejlander, que vivió casi toda su vida en la Inglaterra victoriana. En la década de 1850, Rejlander aprendió la técnica conocida como colodión húmedo, un proceso fotográfico, a la sazón incipiente, que produce una imagen en negativo en un soporte transparente, normalmente un cristal. Mediante la combinación de docenas de estos negativos, el artista consiguió producir su montaje más famoso, el titulado ‘The two ways of life’ (‘Los dos caminos de la vida’) en 1857 (imagen siguiente). Es una alegoría muy victoriana que representa la divergencia de los caminos alternativos que supone una vida de pecado y una vida piadosa.

‘The two ways of life’ de Oscar Rejlander
Más o menos por la misma época (1858), otro fotógrafo inglés, Henry Peach Robinson, utilizaba la técnica de impresión combinada para crear su obra ‘Fading Away’ (‘Debilitarse’). Este procedimiento consiste en el uso de dos o varios negativos fotográficos en conjunción con otro de fondo para generar una sola imagen en positivo. Algo similar a la técnica de doble negativo para fotografiar paisajes, pero más complicado y trabajoso. ‘Fading Away’ (a continuación) representa una macabra escena victoriana de un lecho de muerte. Robinson tuvo que dejar de hacer fotografías y cerrar su estudio cuando contaba sólo con 34 años; la exposición prolongada a productos químicos fotográficos muy tóxicos había arruinado su salud.

‘Fading away’ de Henry Peach Robinson
Entre 1885 y 1915, el movimiento fotográfico conocido como Pictorialismo capturaba la imaginación del público. Los pictorialistas creían que la única buena fotografía era aquella que había sido manipulada, propugnando así sus pretensiones altamente artísticas. En aquella época se alteró y se retocó cada foto mediante la reducción o eliminación de enfoque nítido, la impresión en colores distintos al blanco y negro, o la adición de elementos extraños a las imágenes, como pinceladas. La fotografía de George Seeley, ‘The black bowl’ (‘El llanto negro’), de 1907, es un buen ejemplo de una imagen manipulada pictorialista. Asimismo, por su lado, la obra titulada ‘Artículos eléctricos para el hogar’ (1949), primer fotomontaje, onírico y surrealista, de la serie ‘Sueños’ de Grete Stern, diseñadora y fotógrafa alemana radicada en Argentina, se enclava ya en el movimiento modernista, que no comulgaba con las tesis de los pictorialistas, pero no por ello obviaba las manipulaciones más evidentes. (Fotos siguientes, las comentadas).

‘The black bowl’ (George Seeley) y ‘Artículos eléctricos para el hogar’ (Grete Stern)

‘Le violon d’Ingres’ de Man Ray
En la década de los años treinta, otro fotógrafo modernista, el famoso artista estadounidense conocido como Man Ray, estaba viviendo en una buhardilla, que era a la vez su estudio, en París. Era el fotógrafo y el artista arquetípico de la época, siempre deambulando por ahí con los escritores de la Generación Perdida como Ernest Hemingway, con artistas surrealistas como Salvador Dalí y con periodistas fotográficos como Robert Capa. Las mujeres era uno de sus temas favoritos, y, tal vez por eso, su fotografía más famosa y más copiada es ‘Le violon d ‘Ingres’ (‘El violín de Ingres’), que se puede contemplar a la derecha. Este montaje es una parodia de los retratos de damas que hacía el pintor Jean-Auguste Ingres. En él aparece el torso desnudo de la cantante de cabaré Kiki de Montparnasse, presentada como un instrumento musical, con los agujeros de sonido de violín en forma de efe minúscula en su espalda.
Hoy día, fotógrafos como Jerry Uelsmann se han convertido en la imagen analógica de los antiguos retoques en la actualidad. Uelsmann sigue siendo un trabajador de cuarto oscuro con increíbles habilidades, conocido sobre todo por sus montajes en blanco y negro, asombrosamente realistas para las antiguas técnicas que utiliza, y de carácter profundamente imaginativo y onírico.

Fotografías de Jerry Uelsmann
Entre octubre de 2012 y enero de 2013, el The Metropolitan Museum of Art de Nueva York acogía una grandiosa exposición de fotografías, que fueron retocadas entre 1840 y 1990; una exposición que se dio en llamar ‘Faking It: Manipulated Photography Before Photoshop’ (algo así como ‘Falsifícalo: Fotografía manipulada antes de Photoshop’). Más de doscientas imágenes en las que las técnicas manuales reemplazaron a los ordenadores, y que todavía se pueden visualizar desde la web correspondiente, con comentarios aclaratorios en cada una de ellas.
Para finalizar, comentar un par de cosillas muy interesantes. Primero, un libro de 1946 titulado ‘Short cuts to photo retouching’ (‘Atajos para el retoque fotográfico’). Un manual, friki a más no poder, en el que vienen trucos, detalles y ejemplos para la edición fotográfica de la época. Se puede ver una reseña del libro en el blog CreativePro. Imprescindible no perdérselo.

Portada del libro ‘Short cut to photo retouching’
Y segundo, y ya termino, proponer la visualización del vídeo siguiente. Un pequeño documental ruso de 1987 en el que se muestra cómo se retocaban las fotos por esa época. Atención especial al escáner de pedales, el ordenata de pedales, el monitor de pedales y el software de pedales. Más pedales que una bicicleta, vaya.


