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La web más antigua que sigue en funcionamiento

Si hoy entras en cualquier página moderna —llena de animaciones, vídeos que se reproducen solos y botones que parecen proyectados por un comité de diseñadores con exceso de cafeína— es fácil olvidar que el concepto de «página web» nació siendo poco más que un documento de texto con enlaces azules. Sin embargo, entre esa maraña de sitios modernos, existe un pequeño grupo de webs prehistóricas que se niegan a morir. Son auténticos fósiles digitales, testigos silenciosos de cuando Internet hacía ruidos, costaba dinero por minuto y la mitad del tiempo no funcionaba. Y entre todas ellas, una destaca con un aura casi mística y que sigue siendo la web funcional más antigua del mundo.
La historia suele recordar a info.cern.ch, el primer sitio web de la historia, creado por Tim Berners‑Lee y puesto en línea el 6 de agosto de 1991, como la puerta oficial de la recién nacida World Wide Web. Aunque sigue accesible hoy en día, lo que se conserva es una reconstrucción del original y no su hosting primitivo continuo. Es, sin duda, un museo esencial del origen de Internet, pero no puede considerarse la web en funcionamiento continuo más antigua.

Para encontrar la auténtica veterana que nunca se ha caído del mapa, hay que retroceder todavía más, a una época anterior al propio concepto de WWW. A mediados de los años ochenta, cuando HTML ni existía, cuando las páginas web no eran páginas porque directamente no había web, y cuando nadie tenía la más mínima idea de que Internet se convertiría en el monstruo planetario que es hoy, una pequeña empresa decidió registrar un dominio sin sospechar que acababa de crear un pedazo de historia. Ese dominio era itcorp.com, registrado el 18 de septiembre de 1986 por la empresa Interrupt Technology Corp.

Lo curioso es que este sitio nació en una época en la que tener una página web no tenía ningún propósito práctico, porque, simplemente, no existían las páginas web tal como las entendemos. Para colmo, su aspecto actual no ha cambiado prácticamente desde que se creó: un texto mínimo, una especie de tarjeta de visita espartana en HTML primitivo y un mensaje casi humorístico, reconociendo que la página existe sólo para satisfacer la expectativa de que un dominio tenga una web. Y es exactamente eso, un sitio creado con la misma ilusión con la que uno imprime un folleto por obligación burocrática, pero que terminó convirtiéndose en un monumento histórico sin quererlo.
Resulta especialmente irónico que este fósil digital sea anterior incluso al nacimiento público de la World Wide Web, que no vería la luz hasta cinco años después. En otras palabras, itcorp.com es una web que existía antes de que existieran las webs. Una pieza de Internet tan antigua que, para registrarla, ni siquiera había un sistema formal, pues, según los archivos históricos, había que llamar por teléfono al administrador del sistema de nombres de dominio para pedirlo personalmente, como quien pide una cita presencial en la administración estatal de turno.
Lo maravilloso es que sigue ahí, viva, accesible, inmutable, como un meteorito digital flotando en un universo que ya no se parece en nada al que lo vio nacer. Mientras el resto del Internet ha evolucionado hacia diseños responsivos, inteligencia artificial omnipresente y anuncios que te persiguen aunque no pienses en ellos, este sitio permanece intacto, ignorando cualquier moda o tecnología. Es una cápsula del tiempo funcionando exactamente igual que el primer día.
Al visitar esta reliquia, uno siente una mezcla extraña entre ternura, fascinación y una punzada de nostalgia por un Internet más inocente, donde lo importante era simplemente estar ahí, no impresionar a nadie. Porque si algo nos enseña la existencia de itcorp.com, es que, a veces, la historia la escriben los que hacen las cosas antes de que tengan sentido, casi por accidente. Un gesto simple, casi banal, que termina siendo una huella imborrable.
Por lo tanto, una página que se adelantó a su propia época por pura casualidad y que, casi cuatro décadas después, sigue en pie como la veterana indiscutible del ciberespacio.
Fotolog: el origen de las redes sociales visuales

Antes de Instagram, antes de TikTok, hubo un sitio que revolucionó la forma de compartir fotos en Internet: Fotolog. Para muchos, fue la primera experiencia real de «red social» enfocada en imágenes, un lugar donde subir una foto diaria y recibir comentarios se convirtió en todo un ritual. Vamos a recordar la historia de esta pionera plataforma que marcó a una generación.
Fotolog fue creada en 2002 por Scott Heiferman —quien más tarde cofundaría Meetup—, Adam Seifer y una tercera persona conocida solo como Spike. En sus inicios, la idea era simple: ofrecer a los usuarios la posibilidad de compartir una única foto al día acompañada de un breve texto. Ese límite diario incentivaba la creatividad y el cuidado en lo que se compartía. La interfaz era muy básica, pero efectiva, y consistía en una foto grande, comentarios en lista y un perfil que acumulaba esas instantáneas como si fueran una especie de diario visual.

Aunque nació en Estados Unidos, Fotolog encontró su público más apasionado en Latinoamérica, especialmente en países como Argentina, Chile, Perú y México. En la primera década del siglo XXI, cuando las conexiones eran lentas y los smartphones aún no eran masivos, Fotolog se convirtió en un refugio social para millones de jóvenes. El concepto de «foto del día» generó toda una cultura: instantáneas con filtros caseros, selfis improvisados, paisajes, amigos, fiestas y hasta poesías visuales. Los usuarios se volcaban en comentar y formar comunidades en una red social mucho más personal y menos viral que las actuales.
La esencia de Fotolog estaba en su simplicidad y en ese límite de una foto diaria, que hacía que cada imagen fuera especial y pensada. No existían los likes de hoy, sino comentarios que creaban verdaderas conexiones entre usuarios. Su diseño minimalista ponía a la fotografía como protagonista y estaba optimizado para las lentas conexiones de la época, algo crucial en tiempos de módems dial-up.

Con la llegada de Facebook en 2006 y, sobre todo, de Instagram en 2010, Fotolog empezó a perder usuarios rápidamente. La nueva generación quería subir varias fotos al día, etiquetar amigos, usar filtros sofisticados y compartir en tiempo real desde el móvil. Fotolog intentó modernizarse, lanzó una app y nuevas funcionalidades, pero nunca recuperó su posición.
El 20 de junio de 2007, Fotolog puso a prueba una nueva interfaz en desarrollo, aplicándosela a las páginas de los usuarios. Poco después sufrió un inesperado fallo, lo que provocó que el servicio se encontrara suspendido durante aproximadamente un día. Al volver, el sistema de libro de visitas (guestbook) se encontraba deshabilitado por un error en la rutina del software de respaldo. La poca comunicación entre los administradores y los usuarios, sumado al descontento, provocó la aparición de grupos de protesta. El martes 10 de julio, los libros de visita volvieron a la normalidad, con la pérdida de los mensajes del día del error de sistema.

En enero de 2011, Hi-Media tomó la decisión de despedir a los Administradores de Nueva York y cerrar sus oficinas, para hacerse cargo de la web directamente desde Francia. Para contrarrestar esa mencionada decadencia, Fotolog cambió radicalmente su diseño en febrero de 2012, pero ese diseño jamás se adecuó a lo que era el sitio originalmente. Además, nunca dejó de tener errores y defectos, fallos técnicos y desaparición de comentarios.
Finalmente, en 2016 cerró sus puertas, dejando atrás un legado nostálgico que aún muchos recuerdan con cariño.
Fotolog fue un laboratorio social donde se experimentó con la fotografía digital y la interacción online antes del bum de las redes sociales. Nos enseñó que la vida puede contarse en imágenes y que compartir momentos, aunque sea uno al día, puede crear comunidades reales. Para muchos, Fotolog fue la primera red social auténtica, la «madre» de Instagram y compañía. Y su simpleza sigue siendo un ejemplo que seguir en un mundo saturado de contenido.
Así eran los banners en la web desde 1996 hasta 2001
Los banners, esas pequeñas piezas publicitarias que pueblan las webs de medio mundo, han estado con nosotros desde que Internet es Internet. Cada época con su estilo, con su gama de colores, con su movimiento, con su tendencia, son todos y cada uno de ellos pequeñas cápsulas del tiempo del tamaño de bocados de la historia de la WWW.
Si estás tentado de hacer clic sobre alguno de ellos, supongo que es porque estos anuncios cumplieron bien su misión, aunque no encontrarás nada al otro lado; la mayoría de los sitios de estos banners desaparecieron hace mucho tiempo.
1996
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1997
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1998
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1999








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2001

Ejecutando código Python hasta en el WC

trinket.io
Y es que trinket es la penúltima maravilla del mundo moderno: un sitio web que permite programar, compartir y ejecutar código fuente embebido en cualquier navegador y sobre cualquier dispositivo o plataforma. Y todo ello de manera instantánea y automática, sin plugins, sin software adicional y sin necesidad de registro en ningún sitio. Escribe, comparte, modifica y ejecuta.
¿Imaginas poder escribir un programita Python en tu propio teléfono móvil, ejecutarlo al momento y enviárselo a un colega para que lo depure? Pues trinket te permite eso y mucho más. Este sitio nació de la mano de Elliott Hauser, licenciado en Ciencias de Sistemas de la Información por la Universidad del Norte de Carolina (EE. UU.), que fue capaz de volcar su pasión por la enseñanza y su experiencia con software de código abierto directamente sobre esta gran idea. Aquello fue en primavera del año 2013, y hace bien poco que ha visto la luz pública.
Dale al play para ejecutar el código Python; ¡o edítalo y prueba!
Dale al play para ejecutar el código HTML; ¡o edítalo y prueba!
Dale al play para ejecutar el código de bloques; ¡o edítalo y prueba!
Dale al play para ejecutar el código musical; ¡o edítalo y prueba!
Desarrollo web para tarados intelectuales y retardados varios
Desde el Gobierno de España y su maravilloso Ministerio de Educación, y vía su inverosímil portal web TodoFP.es, planeado para promocionar y potenciar la Formación Profesional sin par en este país, nos traen, con el copatrocinio del Fondo Social Europeo y la red de centros Euroguidance, un vídeo de traca que bien podía haber revisado alguien que no fuera retrasado mental antes de publicarlo online. Paso a mostrar.
El documento visual en cuestión expone la fascinación que produce formarse en Informática y Comunicaciones en la FP española. Y es que en un momento dado aparece un cachorro digital que asegura haber estudiado Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Web, algo que nos llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel. Algo que, insisto, nos llena mucho si no fuera porque, a renglón seguido, aparece durante un breve segundo la imagen de lo que el joven está programando, sus estupendas líneas de código en el lenguaje de programación de los monos y los gatos que caminan por teclados. Paso a mostrar.

¿Desarrollando?
Menos mal que al final le mete el código superprofesional ese de [...] modificación de la consulta [...], que si no… Si esto no es de vergüenza, que baje Dios y le eche un vistazo.

