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El USB no es simétrico por culpa de un error humano

Durante décadas hemos convivido con un pequeño drama tecnológico que todos compartimos en silencio, el de intentar conectar un USB (de los del tipo A) a la primera. Esa operación cotidiana, en apariencia inocente, se convirtió en una especie de ritual universal compuesto por tres pasos invariables. Primero lo intentas poner; no entra. Le das la vuelta; tampoco entra. Vuelves a ponerlo como al principio y, entonces, ¡SÍ!. La humanidad ha aceptado este fenómeno como algo natural, como si la física se pusiera juguetona sólo cuando se trata de un puerto USB.
Pero detrás de esta tragicomedia electrónica no hay magia, ni mala suerte, ni un complot internacional para vernos sufrir. La explicación es mucho más simple y más humana: alguien tomó una mala decisión. La asimetría del USB tradicional no responde a una razón técnica superior, ni a un avance de ingeniería, ni a una propiedad exótica. Se debe a un error de cálculo, a un «esto no va a dar problemas, seguro» que resultó ser menos profético que las predicciones del tiempo del siglo pasado.
Para entenderlo hay que viajar mentalmente a mediados de los años noventa, una era en la que los ordenadores parecían naves industriales con patas. El hardware estaba plagado de conectores gigantescos, lentos y extravagantes, y había puertos paralelo, serie, PS/2, SCSI y un montón de cables que daban miedo sólo con verlos. En ese caos nació el concepto de USB como un conector pequeño y universal que prometía terminar para siempre con aquel zoológico de interfaces incompatibles. El proyecto estaba liderado por Ajay Bhatt, ingeniero de Intel, que se propuso crear un estándar barato, fácil de usar y prácticamente indestructible.

El diseño inicial funcionó. El USB era pequeño, económico y soportaba futuras evoluciones, pero lo que no era, en absoluto, es un conector reversible. En aquel momento, la prioridad no era la ergonomía del usuario, ni la estética, ni la experiencia de enchufar algo sin pensar. La obsesión era reducir costes. Y aquí está el detalle que marcó a toda una generación. Y es que hacer el USB reversible requería duplicar los contactos internos del conector, lo que habría incrementado el precio del componente prácticamente al doble. En una época donde cada centavo de dólar contaba y donde el objetivo era fabricar cientos de millones de unidades, la idea quedó descartada por innecesaria.
Lo irónico es que los ingenieros sí valoraron la opción de un diseño reversible. No fue una idea descartada por imposibilidad técnica, sino por economía y, sobre todo, por falta de visión a largo plazo. Se asumió que la gente no tendría problemas en conectar el USB con la orientación correcta, que nadie se confundiría, que sería fácil. Y ya sabemos cómo terminó eso. El coste del error no se midió en dólares, sino en frustración global repetida miles de veces al día a lo ancho del globo.
Años más tarde, Ajay Bhatt reconoció públicamente que habría sido mejor hacerlo reversible desde el principio; lo dijo sin rodeos. Pero también habría sido más caro, y en 1996 la industria no estaba dispuesta a pagar esa diferencia. La decisión estaba tomada, y el destino del USB quedaba sellado, pasando a la historia como uno de los conectores más útiles jamás creados y, al mismo tiempo, como uno de los más irritantes.
No sería hasta dos décadas después cuando alguien volvió a plantear seriamente la necesidad de un conector verdaderamente universal. De ese replanteamiento nació el USB‑C, un estándar que no sólo es reversible, sino que también sirve para carga de dispositivos, trasferencia de datos, transmisión vídeo, alimentación de monitores, transporte de audio y casi cualquier cosa que se pueda transferir por un cable sin ofender las leyes de la electrónica. El USB‑C es, básicamente, lo que el USB siempre quiso ser pero no pudo ser por culpa de un recorte presupuestario noventero.
Lo divertido de todo esto es que la tecnología actual nos demuestra que aquello que era «demasiado caro» hace veinte años hoy resulta indispensable. El USB‑C se ha convertido en el estándar moderno precisamente porque soluciona el mayor defecto del de tipo A: su incomprensible orgullo por tener una sola forma válida de entrar.
Al final, la moraleja es sencilla y un poco reconfortante. La próxima vez que falles en algo simple o estúpido —como dejar las llaves dentro del coche o enviar un correo importante al destinatario equivocado— recuerda que incluso ingenieros brillantes arrastraron al mundo entero durante décadas por una decisión aparentemente insignificante. El USB no es simétrico porque alguien se equivocó o no quiso aportar más dinero al proyecto. Y gracias a ello, ahora tenemos un conector moderno que parece mágico en comparación con aquel. A veces, de los errores también se alumbra progreso. Aunque tardemos veinte años en arreglarlo.
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Símbolo USB
La verdad es que el estándar USB está ya tan arraigado en nuestras vidas que parece que lleva ahí toda una existencia, pero muchos lo hemos visto nacer e implantarse poco a poco en multitud de equipos electrónicos como puerto de comunicaciones básico e ineludible por cualquier fabricante.
La mayoría de la gente asocia USB a los pequeños agujerillos rectangulares que tiene en su PC para conectar la impresora, el pendrive o el iPod, sin embargo son incapaces de reconocer un puerto USB en un teléfono móvil o en un disco duro externo. ¿Por qué? Muy sencillo, porque el tipo de bus USB dispone de diversos conectores para adaptarse a los distintos periféricos o dispositivos.
En esta entrada vamos a hacer un ligero repaso por todos ellos (que no son muchos) para lograr llegar a reconocer un puerto USB allá donde lo veamos.
Básicamente, el estándar USB se divide en dos tipos, el Tipo A y el Tipo B, esto es, dos conexiones distintas. Los cables USB transportan datos y también corriente eléctrica, por ello es posible conectar un pendrive, un disco externo o un adaptador Bluetooth a un ordenador y hacerlo funcionar sin necesidad de una fuente de alimentación externa. Debido a esta importante característica, se estableció el esquema de conectores diferentes A/B, para prevenir que una conexión inadecuada por parte del usuario provocara accidentalmente la creación de un circuito eléctrico, situación que posiblemente freiría literalmente los puertos y parte de la placa base de un equipo informático.
USB Tipo A
Es el más conocido y reconocido de los conectores USB (ver imagen más abajo). Consiste en un rectángulo aplanado con conexiones internas y una única manera de enchufar para evitar circuitos erróneos. Existen en modalidades macho y hembra, lógicamente, y los conectores hembra son los típicos que podemos observar en cualquier PC. Los conectores macho los encontramos al extremo del cable que se enchufa al ordenador de cualquier dispositivo externo que se comunique vía USB (pendrive, impresoras, teléfonos, PDA, reproductores de MP3, etcétera).
Existen conectores USB Tipo A macho que sólo disponen de contactos de corriente y tienen los pines de datos anulados. Son muy típicos en conexiones de discos duros externos que necesitan más de un puerto USB para recibir la energía suficiente para funcionar.
A este tipo de conexión se le suele denominar downstream, o de flujo descendente, porque la información fluye desde servidor hasta el cliente; en este caso del ordenador hacia el dispositivo (aunque no siempre tiene por qué ser así).

Conectores USB estándar Tipo A (macho y hembra)
USB Tipo B
También en versiones macho y hembra, son los conectores USB que suelen ir «al otro lado del cable» (véase imagen), es decir, lo que se enchufan al dispositivo en cuestión que queremos comunicar con la computadora, y también los conectores hembra de estos dispositivos.
A este tipo de conexión se le suele denominar upstream, o de flujo ascendente.

Conectores USB estándar Tipo B (macho y hembra)
Existen diversas conexiones en función de las preferencias o necesidades del fabricante y, también, del espacio que tenga para acoplar el puerto al dispositivo externo. Por un lado, existen los llamados Mini USB (en dos versiones, de 5 y 8 pines de conexión) y, por el otro, los denominados Micro USB, ambos siempre de Tipo B.
El conector Mini USB es más pequeño que el USB estándar de Tipo A, y tiene una forma trapezoidal o rectangular con esquinas achaflanadas, dependiendo de la versión. El Mini USB de 5 pines (imagen siguiente) tiene forma de trapecio (más o menos) y lo podemos encontrar en cámaras de fotos, cámaras de vídeo o reproductores de MP3.

Conectores Mini USB de 5 pines Tipo B (macho y hembra)
Por su lado, el Mini USB de 8 pines (siguiente fotografía) es algo más pequeño y se identifica por poseer dos de sus esquinas cortadas por un chaflán o bisel. Las conexiones internas difieren del anterior, y se encuentra en dispositivos PDA y Pocket PC, en algunos teléfonos móviles o en receptores GPS.

Conectores Mini USB de 8 pines Tipo B (macho y hembra)
Por el lado del Micro USB, tenemos un conector muy utilizado últimamente en teléfonos móviles tipo smartphone y otros dispositivos que, por su reducido tamaño, necesitan de medios de conexión pequeños, que no ocupen mucho. El Micro USB (imagen de debajo) es, quizás, más alargado que el Mini USB, pero tiene bastante menos grosor. Posee también dos esquinas biseladas y es el conector ideal para artilugios pequeños que apenas dispongan de espacio físico para muchos conectores.

Conectores Micro USB Tipo B (macho y hembra)
La Comisión Europea dio luz a una directiva, en el año 2009, que obliga a todos los fabricantes de teléfonos celulares a estandarizar la conexión Micro USB como conector de recarga de móviles para el año 2012. Como decimos, no es una ley, es una directiva, pero parece que los fabricantes que venden en Europa van a cumplirla. Aunque algunos aún se resisten.
Existió otro estándar Mini USB Tipo A, pero hoy en día está en desuso y completamente obsoleto. Además, y por simplificar, también hemos obviado el conector Micro USB del Tipo A, bastante raro y difícil de encontrar, pero que se puede ver en la siguiente imagen.

Conector Micro USB Tipo A (macho)
USB 3.0
La última versión del bus USB es la conocida como 3.0. Todavía en pañales, cada vez son más los fabricantes que comienzan a proporcionarlo de serie en sus equipos, y en un futuro no muy lejano desbancará a versiones anteriores debido a que su velocidad de transferencia puede llegar a ser hasta diez veces mayor con respecto a aquellas.
En lo que a conectores se refiere, los del Tipo A mantienen el aspecto y las dimensiones externas, por aquello de la compatibilidad hacia atrás, sin embargo internamente poseen 5 nuevos contactos que aseguran un tráfico bidireccional continuo, y es ahí donde de se apoya el extraordinario aumento de velocidad de transferencia. Los conectores antiguos USB serán, pues, completamente compatibles con la versión 3.0, sin embargo no podrán aprovechar todo su potencial y trabajarán a velocidades inferiores. En la siguiente foto podemos ver un conector USB 3.0 de Tipo A.

Conector USB 3.0 estándar Tipo A (macho) y esquema
Con respecto a los conectores Tipo B, los modelos físicos cambian radicalmente. El USB 3.0 de Tipo B introduce también los 5 pines adiciones, pero lo hace aumentando de tamaño el conector por medio de un añadido o porción superior. Por su lado, el Micro USB 3.0 agrega los nuevos contactos a un lado del conector principal, por lo que lo hace totalmente incompatible con antiguos móviles o cámaras fotográficas. En la imagen siguiente vemos un conector USB 3.0 Tipo B y un Micro USB 3.0 Tipo B.

Conector USB 3.0 estándar Tipo B (macho), Micro USB 3.0 Tipo B (macho) y esquemas
Además, parece que se va a estandarizar el color azul interno de los conectores (como se puede observar en la imagen) para diferenciarlos de versiones anteriores.
A modo de resumen, y para aclarar coneceptos, podríamos decir que existen dos tipos de conexiones USB: las que van a la CPU y las que van al periférico o gadget de turno. Las del ordenador son conocidas como Tipo A (macho y hembra), y las que llegan a los dispositivos externos como Tipo B. A su vez, dentro de este Tipo B encontramos la conexión estándar, la Mini USB (con dos modalidades de 5 y 8 pines) y la Micro USB. Por último, el estándar USB 3.0 trae nuevas conexiones de todos los tipos, y su formato es compatible en el Tipo A y no compatible en el Tipo B. No hay más.
En la siguiente tabla se puede visualizar un resumen gráfico de todos los conectores.
Esperemos haber despejado alguna que otra duda y haber ayudado a identificar correctamente cualquier conexión USB de cualquiera de las clases posibles. Un estándar, este, del que muchos deberían aprender a la hora de generalizar cableado y conectores.


