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El sensacionalismo chabacano de los medios de comunicación

Sensacionalismo en estado puro

Sensacionalismo en estado puro

A cuenta de los ataques DDoS que están sufriendo las entidades y organizaciones que boicotearon, en mayor o menor medida, a WikiLeaks tras la busca y captura de Julian Assange, estoy hasta las mismísimas gónadas sexuales de escuchar y leer en los medios de comunicación hablar de grupo de ‘hackers’ organizados, ‘hackers’ peligrosos, piratas terroristas y otras lindezas varias. 

El oscuro y repulsivo sensacionalismo de estos desinformadores ha convertido al grupo Anonymous en gente peligrosa, cuando cualquiera medianamente informado conoce que Anónimo puede ser hasta mi tío abuelo. Desde las trincheras de 4chan, que es donde se expresan comúnmente los Anónimos, se ofrecen las instrucciones precisas para unirse a un ataque de este tipo, y no es necesario en absoluto tener muchos conocimientos técnicos para ello. Ahí reside la fuerza de Anonymous. 

Un ataque de denegación de servicio es algo muy fácil de explicar. Cuando nosotros accedemos a una página web, en realidad estamos enviando una petición específica al servidor que la aloja que describe lo que queremos visualizar. Estos servidores tienen una capacidad limitada para gestionar este tipo de peticiones, por lo que si se conectan multitud de personas a un mismo sitio web en un momento determinado, el servidor podría llegar a caerse por saturación de sus puertos, emitiendo un error que se denomina de denegación de servicio (en ese momento no puede responderte y rehusa el encargo). 

Evidentemente, los servidores web actuales soportan muchísimas peticiones instantáneas, por lo que un montón de visitas no los puedes hacer caer. Pero existen programas que se encargan de enviar miles de peticiones al minuto a una dirección IP especificada y a través de un puerto concreto. Estas pequeñas piezas de software se encuentran rápidamente en Internet, son fáciles de instalar y muy sencillas de utilizar, pues simplemente hay que indicar la dirección que debe ser atacada, el puerto en concreto y, adicionalmente, alguna otra configuración como el número de paquetes adecuados u otras. 

Cuando una sola persona utiliza un software de este tipo para atacar un servidor, el ataque se llama de denegación de servicio (DoS). Si un grupo de personas en contacto se alía para realizar un asalto contra un mismo objetivo desde distintos lugares, el ataque se denomina de denegación de servicio distribuido (DDoS). Las arremetidas de los Anónimos se realizan desde millones de máquinas en todo el mundo, ergo la catástrofe está asegurada. 

Cuando Anonymous programa un DDoS, difunde su intención a través del foro /b/ de 4chan y vía la web de Operation Payback (que cambia continuamente debido a contraataques), así como desde sus respectivas cuentas en Twitter y Facebook (ahora anuladas). En esos comunicados se especifica qué software utilizar, de dónde descargarlo (si fuera necesario), cómo configurarlo, a qué dirección IP apuntar, qué puerto lógico es el objetivo y la hora en la que comenzar. Con lo cual, cualquiera que se quiera unir al ataque puede hacerlo de forma sencilla y rápida. 

El poder que desatan los Anónimos en cada ofensiva depende fuertemente de esta capacidad de aunar frentes de batalla en cualquier parte del mundo y de congregar a cualquier clase de persona. Para que vengan luego los informativos hablando de bandas organizadas de ‘hackers’ peligrosísimos, de ciberguerras, de pirateos vandálicos y demás. Sensacionalismo puro y duro que, cómo siempre, pretende criminalizar a Internet y a sus navegantes con el objeto de justificar la imposición de cortapisas y medidas censoras en la Red. Una vergüenza. 

Y mientras tanto, la policía detiene adolescentes en Holanda que hacen las veces de cabeza de turco y de contramedida adoctrinadora e intimidadora para que el resto del populacho se acojone y pare los machos antes de meterse en líos. 

Si tienen lo que hay que tener, que encarcelen a los millones de Anónimos a lo largo y ancho del planeta, porque esta tendencia de protesta digital es imparable y cada vez va a ser más común entre los ciudadanos tecnológicos que viene detrás de nosotros.

Menéame y Twitter: pilares informativos durante el caos aéreo (o cómo ser ciudadanos 2.0)

Gente informada

Gente informada

El mundo de la información ha dado un giro de 180 grados en las últimas décadas. Desde cuando sólo existían los diarios impresos hasta la época de la información digital en tiempo real, pasando por la seudoinmediatez de televisión y radio, ha llovido mucho. El hecho de disponer de la noticia prácticamente al tiempo que sucede nos ha convertido en ciudadanos 2.0, y los medios tradicionales ven peligrar sus arcaicos modelos de negocio ante la irrupción de la instantaneidad en la comunicación informativa.  

El pasado viernes, 3 de diciembre, viví la noticia del día con la misma pasión que millones de personas en este país y a lo largo del mundo. Los controladores aéreos de media España habían abandonado repentinamente sus puestos de trabajo debido a la publicación de un decreto que, según ellos, suponía la gota que colmaba el vaso en una relación laboral insostenible, dejando al país incomunicado y a miles de viajeros cabreados en tierra.  

No es mi intención entrar a valorar la noticia en sí, porque sólo hemos escuchado voces discordantes de uno de los bandos que proclama que los controladores son muy malos, pero que muy malos. Y a mí no me gustaría pronunciarme hasta, por lo menos, intentar comprender la verdad de aquellos que dicen estar desquiciados en su puesto de trabajo, con familiares necesitados de ansiolíticos y una situación inaguantable.  

Lo que sí comentaré es el revuelo que causó en la Red la situación aeroportuaria. Seguí la noticia durante toda la tarde, y parte de la noche, conectado simultáneamente a tres medios de comunicación: la televisión (TVE 24h), mi cuenta en Twitter y el célebre agregador de noticias Menéame. La abrumadora inmediatez de los medios online derrotó de manera apabullante a la tele de toda la vida, con su flamante informativo especial en directo, sus reporteros desplazados y toda su parafernalia técnica.  

Twitter se convirtió en un bombardeo de mensajes donde la etiqueta #controladores brillaba monocromática en todos y cada uno de los tweets, convirtiendo el tema en trending topic mundial en pocas horas, con picos de más de 5.000 micropost al minuto. Menéame era un hervidero de envíos que alcanzaban la portada en minutos y, también, de decenas de noticias que se descartaban al instante, a golpe de negativo, por aprovechar el asunto para intentar colar cualquier apunte irrelevante o sensacionalista (sin contar con que fue, probablemente, uno de los días con más meneos quintuplicados por centímetro cuadrado de la historia).  

Llegué a ver noticias meneadas antes de que la presentadora del informativo hablara sobre ese asunto en cuestión, y algunos usuarios de Twitter aseguraban recibir información de primera mano del entorno de los controladores. La instantaneidad era tal que para conseguir idéntica información de medios tradicionales habría hecho falta estar siguiendo 50 canales de televisión y 100 emisoras de radio de todo el mundo a la vez, además de tener abiertas simultáneamente centenares de páginas web de las ediciones digitales de diarios y otros medios de comunicación.  

Algunos usuarios del agregador de noticias más famoso de España se preguntaban, por ejemplo, que habría sido del 23 F si Menéame hubiera existido entonces, y la verdad es que con mucho acierto. El conocimiento de la noticia en el preciso instante en que se produce (o segundos, o minutos, después) representa el poder de la información en manos del receptor moderno e integrado en la Red como parte activa. Y ese poder, del que muchos nos quieren apartar, no sólo es cultura, que también, sino comunicación, educación e instrucción social, algo de lo que antes eran dueños unos pocos y que ahora tenemos disponible en la punta de nuestros dedos.  

Decía David Bravo en una de sus charlas que la instrucción de un pueblo y el acceso a la cultura no es cualquier tontería, pues guarda cierta relación con la libertad de expresión y con la libertad de elección. «¿Qué libertad de expresión tiene la gente que no tiene nada que expresar, o no sabe cómo hacerlo, y qué libertad de elección tiene la gente que sólo sabe elegir qué concursante de Gran Hermano hay que expulsar?», aclaraba muy certeramente.  

Los grandes medios de comunicación han procurado desde siempre sesgar el contenido de la noticia que llegaba al ciudadano, arrimando el ascua a su sardina e intentando adoctrinar de arriba a abajo. Eso se ha terminado, porque ahora es el propio ciudadano el que elige qué contenidos digerir y, además, el que tiene la facultad de cotejar información llegada de uno u otro lado, generando una idea global y real de lo que ha sucedido. Asimismo, esa persona es perfectamente competente para retroalimentar el sistema, produciendo nuevas noticias o corrientes de opinión que alcancen a sus iguales.  

Menéame es un gran medio de adquisición de conocimientos en estos casos, al margen de las opiniones enfrentadas que pueda levantar su política de funcionamiento. Twitter es la inmediatez hecha carne. Ambos consiguieron demostrar, el pasado fin de semana, que los medios sociales de una u otra índole pueden tener más poder en una nación que un controlador aéreo mosqueado con su jefe. O casi.

Un gran debate en la Red: la orientación del papel higiénico

Rollo de la discordia

Rollo de la discordia

En ocasiones me resulta prácticamente imposible soslayar los comentarios de aquellos que aseveran que Internet no es más que una pérdida de tiempo inútil e inane. Y es que la Red nos regala a veces con perlas del conocimiento que se difunden diligentes y terminan por generar controversia y discusión a escala mundial, convirtiéndose al final en auténticos fenómenos interneteros o meme. 

Una de estas manifestaciones, que se presenta de manera recurrente cada cierto tiempo en sitios web, bitácoras, foros y salas de chat, es la referida a la orientación del papel higiénico a la hora de colgarlo en su soporte del baño. Esta auténtica gilipollez en grado sumo ha hecho correr ríos de tinta digital y ha revelado teorías varias y estudios de investigación más o menos profundos. 

Existen dos opciones de orientación para el papel higiénico cuando se utiliza un soporte de rollo con un eje horizontal paralelo a la pared: el papel higiénico puede colgar por encima (Modelo A) o por debajo (Modelo B) del rollo, esto es, por delante (más alejado de la pared) o por detrás (más cercano a la pared). La elección es, en gran medida, una cuestión de preferencia personal dictada por la costumbre, si bien diversas encuestas a consumidores estadounidenses y a especialistas en artículos de baño han arrojado algo de luz sobre el asunto, obteniendo un resultado de entre el 60% y el 70% de preferencia por la primera opción (colgando por delante). 

Modelo A y Modelo B

Modelo A y Modelo B

Lo que más sorprende a algunos observadores de Internet es el grado en el que las personas tienen opiniones fuertes sobre un tema tan trivial. Los defensores de ambas posiciones citan ventajas que van desde la estética, la hospitalidad y la limpieza, la conservación del papel o la facilidad de extracción de las hojas individuales. 

Pero la moda de este debate es anterior a Internet, ya que parece ser que surgió nada menos que en 1886, en Estados Unidos (cómo no). Todos los datos de la historia los recogía perfectamente una web ya desaparecida y llamada ‘The Great American Toilet Paper Debate’, donde se podía además votar por tu opción preferida y adquirir un kit un tanto peculiar. Todavía se pueden ver algunas de sus páginas vía Wayback Machine (la última versión que tienen guardada en caché es del 1 de agosto de 2008). 

Personalidades de la política, famosos mediáticos y reconocidos profesionales en cualquier cosa se han posicionado también en esta cuestión. Así pues, la actriz Tori Spelling, el cantautor Matt Wertz o el ingeniero Rae Hill dijeron en su momento que preferían la opción del papel colgando por delante; la columnista Ann Landers, el actor Dean McDermott o el periodista Gene Weingarten, entre otros, prefieren el papel colgando por detrás. 

De este tema han hablado profesores de sociología como Edgar Alan Burns, que reconoce que, el primer día de su curso introductorio a la sociología, les pide a sus estudiantes que se posicionen y razonen sobre el lado hacia el que piensan que un rollo de papel higiénico debe colgar. En los cincuenta minutos siguientes, los estudiantes examinan por qué eligieron sus respuestas, explorando (sin ellos saberlo) la construcción social de reglas y prácticas que nunca antes han pensado conscientemente. 

Se han escrito capítulos de libros, teorías físicas, reflexiones y todo tipo de manuales que arguyen multitud de razones (filosóficas, metafóricas, instrumentales y matemáticas) para defender cada postura. Con la llegada de Internet, como era de esperar, el debate se recrudeció y multitud de sitios web se hicieron eco de la tontería del colgamiento del papel, haciendo extensivo a la humanidad este dilema existencial que tan acuciante es para supervivencia en el planeta. 

Como ejemplos podemos citar las entradas sobre el tema en IndyPosted (en inglés) y en Carvajablog (en castellano). La propia Wikipedia tiene un extensísimo artículo (en inglés) en el que se muestran multitud de datos estadísticos, encuestas, argumentos de uno y otro bando, soluciones al dilema y una ingente bibliografía para perder el tiempo durante días. Por supuesto, la web Know Your Meme también dispone de información al efecto (vídeos chorras incluidos). 

Entre los diversos razonamientos de peso que se ofrecen por parte de los que se apuntan al debate podemos encontrar algunos muy interesantes y esclarecedores. Por un lado, los partidarios de que el papel cuelgue por delante argumentan ventajas como la reducción de roces de nuestros nudillos contra la pared o la facilidad para localizar visualmente el extremo suelto. Por su lado, los incondicionales de que cuelgue por detrás dicen que proporciona un aspecto más ordenado al baño (por no verse el extremo) y que, además, reduce el riesgo de que un niño pequeño o una mascota (como un perro o un gato) desenrrollen completamente el papel. 

En fin, como se aprecia es un debate sólo para sabios y expertos en humanidades. Los simples mortales seguiremos colgando el rollo como nos salga de las gónadas sexuales, dejando la disyuntiva para los entendidos. 

Siguiendo el ejemplo de la imagen de esta entrada, la de los Modelos A y B, sois totalmente libres, los lectores de este blog, para procrastinar un rato, dejando volar vuestra imaginación, y contarme cuál es vuestro preferido y por qué. Adelanto que en mi casa siempre ha sido el tipo A, porque me parece el más lógico, no sé.

Un visionario llamado Tim O’Reilly

Tim O'Reilly

Tim O'Reilly

Irlandés, nacido en 1954, el señor O’Reilly es, probablemente, uno de los teóricos de la WWW más importantes del mundo. Curiosamente su formación nada tiene que ver con la informática o Internet, pues es licenciado en Clásicas y doctorado cum laude por la Universidad de Hardvard, especialista en Platón y gran amante de la Literatura.  

El interés por las nuevas tecnologías surgió de su amistad con un programador que necesitó de sus cualidades para escribir un manual de informática. Tim O’Reilly no sabía nada de ordenadores, así que entre ambos comenzaron a colaborar, formando la empresa O’Reilly & Associates. Durante cinco años se dedicaron a escribir libros informáticos a medida para empresas, pero al final, y a causa de un contrato anulado, el modelo de negocio fracasó y la sociedad se diluyó.  

O’Reilly, henchido ya por el mundo de la computación y de la tecnología, decidió fundar una nueva editorial, O’Reilly Media. Hoy día, esta empresa es la más importante generadora de contenidos informáticos del mundo, distribuyendo millones de ejemplares de manuales de la más alta calidad técnica.  

Tim cuenta que tuvieron al principio un par de errores que luego les beneficiarían: el precio y los descuentos a librerías. Una librería les ofreció comercializar sus libros si les hacían un 55% de descuento (el promedio para relatos de ficción, cuando lo normal para los libros técnicos que ellos vendían era el 32%), y aceptaron porque no sabían que había mejores tratos. El resultado fue que comenzaron a comercializar sus libros en mayores cantidades y superaron ampliamente a sus competidores por los precios accesibles y la elevada calidad.  

Dos libros de la editorial O'Reilly Media

Dos libros de la editorial O'Reilly Media

O’Reilly editó el primer libro popular sobre Internet (‘The Whole Internet User’s Guide & Catalog‘, en 1992); fue el creador del primer portal comercial de Internet en 1993 (Internet Global Network Navigator, hoy AOL.com); y fue, también, colaborador a la hora de acuñar el término «software libre«, en 1998. Pero si por algo se le conoce mundialmente es por ser el inventor del concepto «Web 2.0«.  

El término surgió en el año 2004, cuando realizó una conferencia a la cual decidió llamar ‘Conferencia Web 2.0’. Su significado designa la evolución actual de Internet hacia mayores grados de interactividad, con un funcionamiento cada vez más sencillo e intuitivo y con la web como elemento central. Contempla la base de Internet como un cúmulo de aportaciones de los usuarios, donde hay que aprovechar la inteligencia colectiva y el trabajo en común.  

La comunicación ya no es unidireccional, de los medios al ciudadano, sino que posee multitud de direcciones entre medios y ciudadanos. Los lectores colaboran mediante comentarios y aportaciones multimedia e, incluso, se convierten en comunicadores elaborando bitácoras, foros, etcétera. La Web 2.0 es la web participativa.  

Como él mismo ha apuntado en alguna ocasión, el problema más importante de la tecnología es que conlleva nuevos riesgos y nuevos beneficios, así que en la era de la Web 2.0 hay que buscar un equilibrio entre, por un lado, este beneficio de la inteligencia colectiva y, por otro lado, el riesgo de revelar nuestros datos personales en, por ejemplo, redes sociales. Pero la gente está dispuesta a buscar este equilibrio.  

La editorial de este gurú de la Red, O’Reilly Media, ha adoptado la licencia Creative Commons Founder’s Copyright, que limita la duración de los derechos de autor a un máximo de 28 años. Según O’Reilly, la ampliación de la duración de los derechos de autor va en contra de la idea original de los propios derechos de autor (que era garantizar un tiempo determinado de usufructo), pero evidentemente hay personas que tienen otros intereses en este tema.  

A Tim no le gusta que le traten de visionario o gurú, aunque así nos lo parezca a todos. Ha comentado, por ejemplo, que herramientas de software social, como Facebook, se le escaparon a su «radar» en los comienzos, y no consiguió adivinar lo populares que iban a llegar a ser. La clave es conocer y escuchar a gente inteligente.  

Este hombre cree que los libros en papel van a durar muchos años, aunque un buen lector de e-book puede hacerles mucho daño. Los manuales de informática se enfrentan a un gran reto en la Red, ya que actualmente es más fácil usar Google, pero él asegura que los libros de texto pueden enseñar mejor que un recurso en línea, o al menos hasta hoy así ha sido demostrado.  

Como firme defensor de la libertad de Internet y de la neutralidad en la Red, opina que los bancos y cajas de ahorros tienen muchos más datos personales y más sensibles de los usuarios que el propio Google y, además, trafican y comercian mucho más con ellos. Por eso es injusto atacar siempre a Internet como el centro de todos los problemas de seguridad.  

Afirma, también, que la era de la Web 2.0 ha terminado con el software empaquetado que se actualiza cada cuatro o cinco años. Las aplicaciones web se pueden actualizar varias veces al día rápidamente y de manera transparente al usuario. Es por eso que, según O’Reilly, Microsoft está teniendo tantos problemas para adaptarse a la Web 2.0.  

Relata la historia de un desarrollador que él conoce que trabajo en Microsoft y posteriormente en Google. Esta persona le contaba lo maravilloso que es trabajar en un sitio en el que puedes publicar tu trabajo el mismo día que lo terminas, sin necesidad de tener que esperar meses o años hasta que salga un paquete de actualizaciones o una versión nueva del producto. Google puede cambiar su interfaz de usuario en segundos; Microsoft tardó cuatro años en migrar de Office 2003 a Office 2007. Las reglas del juego han cambiado.  

En cuanto a lo que se refiere al futuro de la WWW, Tim O’Reilly cree que hay diferentes tendencias que acelerarán y continuarán impulsando lo que vemos en la web. En un lugar destacado está la plataforma móvil de teléfonos celulares inteligentes, de la que hoy en día sólo vemos la punta del iceberg. Su teoría explica que cada terminal es, en cierto modo, como un sensor, y datos como la situación o localización son registrados automáticamente por el teléfono. Estos sensores cada vez serán más importantes en las aplicaciones web del futuro. 

O’Reilly forma parte del consejo directivo de CollabNet, y estuvo en el consejo de Macromedia hasta su fusión en 2005 con Adobe Systems. En marzo de 2007 se unió al consejo de directores de MySQL AB. Es sin lugar a dudas el mejor ideólogo de la Red y, cuando habla, los cimientos de Internet se mueven para ajustarse a su doctrina. Un gran hombre hecho a sí mismo.

No vuelvo a comprar un disco original en mi vida

Teddy Bautista

Teddy Bautista

La prepotente y cerril actitud de Teddy Bautista, presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), me sobrepasa hasta límites que no sospechaba siquiera tener. Este hombre, de aspecto bonachón y jaranero, guarda en su interior un desconocido mecanismo que hace que salten en mí todos los resortes de la grosería, la zafiedad y la vulgaridad más chabacana. (Inspiro, espiro). No te pierdas, Jonathan, que no merece la pena. Está bien, intentaré ser educado, que para eso estudié en colegio de curas.

Resulta que el bueno de Teddy concede una entrevista que aparece publicada en Heraldo.es, en el marco de un acto organizado por los Ejecutivos y Directivos de Aragón. Y comenta, entre otras perlas, que «si se exime a las empresas del canon, los particulares pagarán más» (sic). Y a mí se me revuelven las entrañas cuando oigo cosas como esta.

El canon remuneratorio y el concepto de copia privada fueron introducidos en España hace décadas (a finales de los ochenta), cuando la industria observó que la copia de casetes musicales (mediante los famosos aparatos de doble pletina) era algo de todo punto imparable. En lugar de luchar contra aquella primigenia piratería a golpe de sentencia judicial, llegaron a un acuerdo para recaudar lo que decían perder en concepto de ventas musicales, aplicando una suerte de impuesto añadido al precio final de las cintas vírgenes de casete. Pero esto lo cuenta mejor David Bravo que yo.

Con el paso de los años, y tras la aparición de Internet, la SGAE se ha ido creciendo y ha conseguido que el famoso canon se aplique, ya no sólo a los medios digitales en los que se pueda grabar y reproducir ilegalmente una obra original, sino a elementos tan absurdos como una impresora, un teléfono móvil, un escáner o una memoria USB. Argumentan motivos tan inverosímiles como que con un móvil (que disponga de funciones de MP3) se puede reproducir música ilegal, y también dicen que con un escáner casero se puede duplicar un libro al completo (¡pues vaya trabajito!).

Y yo digo: ¿de los cedés y deuvedés que utilice para mis archivos personales, quién me devuelve el canon? Pagamos obras intelectuales y artísticas cientos de veces sin haberlas adquirido. En este país se compran miles de soportes digitales, de teléfonos celulares, de impresoras, de fotocopiadoras, y demás aparatos que se emplean exclusivamente de manera individual y propia. ¿Por qué hemos de pagar por ello un impuesto revolucionario que dispone una empresa privada con la connivencia, el beneplácito y la complacencia del Gobierno de España y de la Ministra de Cultura? Para que, encima, nos amenacen con el aumento del gravamen porque les ha picado la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Lo siento, pero yo me niego.

¿Y cómo luchar contra esta injusta postura? Evidentemente, el rechazo al pago no es una buena vía; cuando se compra algo hay que abonarlo religiosamente, y el vendedor no tiene culpa del incremento de los apandadores. Mi apuesta va mucho más allá. Consiste en, simplemente, no volver a pagar por nada, absolutamente nada, en la vida. Ni un disco de música, ni una película, ni una serie de televisión, ni un documental, ni un videojuego, ni un libro, ni nada que se pueda descargar de Internet.

Teóricamente el canon suple estos actos de piratería (ya que no hay ánimo de lucro ni perjuicio de terceros en ellos), y con lo que pago y he pagado por artículos que nunca he dedicado a los supuestos que ellos apuntan, desde luego he sufragado con creces todo lo que me baje o me pueda bajar en el futuro. ¡A robar a un camino, señor Bautista!

V I R I I

Un thriller ciberpunk retrotecnológico de conspiraciones, resistencia digital y ciudades ahogadas en neón, humedad rancia y corrosión.

[Jonathan Préstamo Rodríguez]

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