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¡Van a cobrar una polla como una olla!

Google News
Los que no cenaron ayer con la noticia, desayunaban hoy con ella: Google cerrará este próximo 16 de diciembre su Google News España, con lo que las publicaciones españolas dejarán de aparecer en los resultados de búsqueda, tanto grandes medios aederos, como diarios pequeñitos, y también blogs, bitácoras y modestos cuadernos de ruta de humildes editores.
Y ello debido a la aprobación de la nueva Ley de Propiedad Intelectual del gobierno español, que obliga a motores de búsqueda y agregadores de noticias a abonar euritos contantes y sonantes a los medios pertenecientes a AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles) por mostrar los textos de sus artículos, aunque sea sólo parcialmente, y por enlazarlos.
Algo que, en su momento, pilló con el pie cambiado a todo el mundo y sorprendió sobremanera a los medios internacionales, dejando a nuestro país a la altura de una república bananera-choricera, ha llegado a materializarse ya en un estado de corruptos apandadores en el que lo más importante es cercenar los derechos sociales para chupar de todos los grifos, dejando las babas en la fuente: el IVA cultural, la propiedad intelectual, la copia privada, los enlaces a contenidos de descarga y todo aquello que suene a algo de perroflautas cultureros de bufanda al cuello y guitarrita al hombro.
La incultura tecnológica que existe en España a nivel institucional ha llevado a un montón de cabezas pensantes a crear un canon que, más que un canon, es un cañón de piedras que apunta a sus propias techumbres. La mayor parte del tráfico que han recibido desde hace años procedía de los agregadores de noticias y de los servicios de búsqueda en los medios de comunicación, ¿qué va a suceder ahora, pues? Que el motín y la revuelta reducirán las visitas, y esta reducción va a implicar una rebaja en sus tasas publicitarias, y ello, a su vez, menos ingresos, peor calidad en sus empresas, despidos, cierres, cambios de modelos de negocio… Un desastre, vaya.
Y es que la gente no es tonta de baba, y las empresas menos; sobre todo cuando se juega con su dinerito. Los usuarios del agregador social Menéame ya decidieron hace tiempo comenzar un boicot contra todos aquellos medios que pertenecen a AEDE, y ahora Google News España desaparece de este país por ser poco serio (el país, entiéndase) y demasiado chirigotero y panderetero. Y yo me pregunto, si ninguno de estos dos grandes gigantes va a apoquinar el impuesto revolucionario de la Asociación de Editores de Diarios Españoles, con un poquito de esfuerzo más, ¿de dónde coño van a sacar estos carteristas su gravamen?
Cuando digo un poquito de esfuerzo me refiero a algo muy, muy sencillito. Los blogs, los foros, las webs y cualquier tipo de publicación digital en línea deberían dejar de enlazar a medios de AEDE, y los usuarios utilizar los diversos plugins que existen para los distintos navegadores que bloquean los sitios web de estas publicaciones. Es tan fácil como eso.
Personalmente, mi experiencia en estos últimos meses sin visitar ni un solo medio de AEDE ha sido muy positiva. Me he enterado absolutamente de todo, sin ningún tipo de cortapisa o restricción. Toda la información está ahí fuera, no es necesario, para nada, acceder a estos lugares para alcanzar el conocimiento, y de ello se están beneficiando los pequeños periódicos digitales y los blogs de antes menor repercusión.
El próximo movimiento, según mi humilde parecer, debería apuntar hacia que Google penalizara a sangre y fuego a estos medios, pero no ya en sus News, sino en el propio buscador general. A ver que mierda iban luego a vomitar por esas boquitas. Igual habrían de volver con las orejas gachas; pero iba a ser demasiado tarde, porque en ese momento se iban a llevar caliente una polla como una olla. ¡Váyanse ustedes a robar a un camino, caballeros!
Panda Security, el antivirus con estirpe y abolengo
Si hablamos de software antivirus por estos lares y nos remontamos atrás un cuarto de siglo (nada más y nada menos), nos encontramos con los orígenes de una de las empresas más célebres, reconocidas y destacadas del panorama antivírico mundial. Surgida en 1990 en la ciudad de Bilbao y fundada por Mikel Urizarbarrena, Panda llegó a ser, en aquella época, una de las primeras y de las mejor consideradas compañías de seguridad informática en el horizonte patrio, expandiendo sus zarpas de oso por todo el mundo en pocos años. Hoy día, Panda Security desarrolla soluciones de protección en todos los campos y para toda clase de ámbitos: antivirus, protección contra spam, contra spyware, control parental, cifrado de archivos, gestor de contraseñas, barreras de firewall, protección de Wi-Fi, borrado seguro de ficheros y muchos otros aspectos más. Y todo ello para plataformas PC, Mac, iOs o Android. Los tiempos han cambiado mucho desde que el antivirus de Panda llegaba a nuestras manos en disquetes de 3,5» para MS-DOS (yo mismo conservo alguno original por ahí), y la empresa ha crecido como una multinacional monumental que dispone de un catálogo de productos muy variado. Hoy día, podemos encontrar multitud de soluciones para particulares y para empresas, así como programas para partners y revendedores de todo tipo.
Echando un vistazo a su sitio web, podemos encontrar protecciones como Panda Gold Protection (máxima protección para todos tus dispositivos), Panda Mobile Security 2015 (para dispositivos Android), Panda Cloud Office Protection (protección multiplataforma donde todas las operaciones se realizan en la nube) o Panda Internet Security 2015 (un software de seguridad para Internet con protección avanzada para tus datos y tu identidad en línea), entre otras muchas. Desde la web de Panda Security, además, tenemos la posibilidad de descargar antivirus gratis (ya en sus versiones de 2015), así como de utilizar herramientas de antivirus online para escanear nuestros equipos con total fiabilidad y comodidad. Panda Security atesora premios, menciones y logros para parar un tren, no en vano ha sido el referente de los sistemas antivirus durante lustros. Sin duda, una empresa que ha conseguido evolucionar a la vez que lo han hecho las tecnologías; eso no se les puede negar.
En la serie ‘El barco’ usan el HTML de la web de Google como protocolo antiincendios

‘El barco’ la vuelve a liar
Desde el punto de vista técnico y tecnológico, la serie cojea más que una mesa de Ikea. Ya comentamos en su momento lo cutre y salchichero de sus efectos digitales en 3D, algo que, si bien ha mejorado un poquito con el tiempo, todavía no alcanza la calidad visual de otras producciones con el mismo nivel de presupuesto. Pero ahora he descubierto otra joya, un dechado de perfección técnica informática al más puro estilo peliculón vespertino tragicomédico y soporífero de Antena 3. Algo que, quizás quisieron hacer pasar desapercibido o, quizás, quisieron incluir a guisa de huevo de pascua para que los frikis gafotas lo encontráramos. Esto último lo dudo bastante.
En el capítulo 9 de la tercera temporada (lo que vienen a llamar los geeks el 3x09), Gamboa, el malo malísimo de la película, encierra al curilla Palomares en la sala de máquinas y hace saltar la alarma de incendios. Esto provoca que se ponga en funcionamiento un sistema antiincendios del buque escuela que extrae el oxígeno del compartimento y libera CO2 a través de una tubería, con el fin de sofocar las llamas por ahogamiento. El problema es que el personaje de Andrés Palomares se encuentra allí sin poder salir y a punto de perder la vida asfixiado.
Desde el puente de mando, el capitán, el primer oficial y la doctora Julia contemplan desalentados cómo van subiendo los niveles de dióxido de carbono hasta puntos muy peligrosos para el muchacho, mientras hablan con él por walkie-talkie. El protocolo contra incendios ha activado una aplicación informática en el ordenador del puesto del capitán, una preciosa pantalla de Windows (imagen siguiente), con su barra de herramientas y sus botoncitos de Nuevo, Guardar, Buscar, Ayuda, Rehacer y Deshacer (entre otros), tan imprescindibles en este tipo de software de seguridad. Además, la pantalla está dividida en varias áreas, tituladas como Status, Items, LogBoot, Process y Avanced, cada una con sus alarmas, sus controles, sus configuraciones etcétera.
Si nos centramos en las dos áreas verticales de la izquierda (LogBoot y Process) podemos observar que, lo que sea que esté haciendo toda la parafernalia antiincendios produce un listado continuo de códigos en ambos cuadros, a modo de depuración, compilación o ejecución de órdenes supercomplejas, supercomplicadas, superemocionantes de la muerte, comandos megaprofesionales no comprensibles por los seres humanos llanos y sólo alcanzables al entendimiento de los profesionales de la informática especializada en la seguridad integral de los navíos modernos más avanzados. Pues no, oiga, es código HTML muy rápido para que no se distinga en tiempo de visualización normal del capítulo. ¡Y qué código HTML! (Véase foto subsiguiente y ábranse bien los ojos).
El HTML (con su javascript, su CSS y demás) no es otro que el código interno de la web del motor de búsqueda de Google España; efectivamente, el HTML de www.google.es (en aquel momento, claro). En determinado instante del visionado, hay una oportunidad en la que se aprecia bien (en modo pausa) la pantalla del equipo y, durante cuatro o cinco fotogramas, se pueden distinguir perfectamente las etiquetas, los valores, los parámetros y hasta textos reconocibles mundialmente como el «Voy a tener suerte» del botón de la página del buscador. Increíble, pero cierto. (Imagen a continuación).
En otro punto del código aparece la palabra Origami entre etiquetas <title> de título, algo que me desconcertó hasta que recordé que la gran G homenajeó con uno de sus doodle a Akira Yoshizawa, el maestro japonés que elevó el origami a la categoría de arte. Este doodle apareció allá por marzo de 2012, y el capítulo nueve de la temporada tres de ‘El barco’ se grabaría más o menos por esas fechas; porque esta tercera de las temporadas se estrenó en octubre del mismo año 2012. (Imagen siguiente).
Estamos muy acostumbrados a ver aberraciones informáticas y tecnológicas en series y largometrajes; desde direcciones IP que no existen, sistemas operativos que hacen milagros en muchos colorines, correos electrónicos que se abren con alucinantes animaciones e interfaces gráficas imposibles que aumentan mil millones de veces la resolución de una fotografía hecha desde un satélite. Por supuesto, los chicos de ‘El barco’ no nos podían fallar en este asunto y debían meter su propia gamba técnica haciéndonos creer que aquello es más que sofisticado.
Pocos ejemplos hay en el mundo del celuloide del tipo ‘Matrix Reloaded’ y su exploit SSHv1 CRC32, con un manejo de la escena impecable. Es una pena, pero es así. Seguiremos asistiendo a despropósitos informáticos mientras los responsables no se preocupen un poquito de documentarse en condiciones.
Para terminar lo haremos con el vídeo de la escena completa, que comienza, más o menos, en el minuto 16:20.
Cómo funciona una tarjeta de red

NIC
La tarjeta de red produce el voltaje necesario para enviar la señal a través de la red. Un puerto en el origen establece una conexión eléctrica con un conector RJ-45 sobre el cable de red que envía el mensaje, codificado en señales eléctricas, además de otras características como la dirección MAC (Media Access Control) de la tarjeta almacenada en un chip ROM de la misma. La MAC es un identificador único para cada tarjeta de red utilizada en cualquier envío de datos a través de una red informática.
¿Y a la hora de recibir? Pues tres cuartos de lo mismo: la tarjeta recibe los impulsos eléctricos que, automáticamente, convierte en un lenguaje comprensible a la máquina, esto es, en ceros y unos.
Existen tres métodos diferentes para que una misma señal sea transformada a sistema binario, a saber: Non-Return-to-Zero (NRZ), Non-Return-to-Zero Inverted (NRZ-I) y la conocida como codificación Manchester. En todos ellos, la señal eléctrica es recibida por la NIC como series de cambios de voltajes que han sido transmitidos a lo largo del cable (imagen siguiente). Cada método tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Cambios de voltaje
La señal es dividida en porciones iguales haciendo uso de un mecanismo de reloj, es decir, un dispositivo que emite pulsos regularmente, proveyendo así de un «latido» uniforme que trocea la señal en partes idénticas (líneas de trazos verdes de la figura siguiente).

Pulsos de reloj
La señal, pues, es convertida a ceros y unos en función del nivel de voltaje en el que el pulso del reloj se corta con la señal eléctrica, determinando así cuándo es un 0 y cuándo un 1. Para decidir esto entran en juego los tres métodos antes mencionados. En el primero de aquellos, el NRZ, cuando una línea horizontal alta de señal cruza a una línea vertical de reloj, tenemos un 1. Cuando una línea horizontal baja encuentra a una línea vertical, entonces tenemos un 0. La siguiente imagen muestra esto gráficamente.

Método NRZ
El segundo de los métodos (NRZ-I) empieza siempre con un 0. Cuando una línea horizontal alta de señal encuentra a una línea vertical de reloj, se repite el número (0 ó 1) anterior. Por su lado, cuando una línea horizonal baja se cruza con una línea vertical, se cambia al número opuesto. Veamos un ejemplo en el siguiente gráfico.

Método NRZ-I
En el método Manchester, siempre que la señal cambia de alto a bajo voltaje, tenemos un 0. Así pues, siempre que la señal cambia de baja a alta, se codifica un 1. El siguiente ejemplo esclarece este sistema.

Método Manchester
El estándar 10BASE-T, utilizado preferentemente en las redes Ethernet, usa por convenio el método Manchester de codificación, mientras que las tarjetas de red suelen servirse del NRZ como procedimiento interno de funcionamiento. Es por ello que se debe producir una conversión implícita para el correcto funcionamiento. Cuando un equipo informático envía información por la red, dicha información (binaria) llega a la NIC. Dentro de la tarjeta, los datos NRZ codificados se combinan con los pulsos de reloj para crear la señal Manchester. En ese momento, la información ya se puede remitir por el cable. A la hora de recibir, el proceso es el inverso: la tarjeta captura la señal Manchester codificada, la transforma en NRZ y la envía a la CPU en formato binario.
Diferentes métodos de codificación tienen diferentes ventajas; unos son más eficientes, otros tienen mejores funciones de corrección de errores, etcétera. Pero son necesarios, porque sin ellos no podríamos convertir la señal eléctrica que viene por la red al código binario que nuestra computadora entiende. ¿Y qué es lo que hace nuestra máquina para convertir ese código binario a algo comprensible por nosotros, humanos torpes y cuadriculados? Muy fácil.
Los ordenadores pueden manejar números en binario que, a su vez, pueden ser convertidos en sus correspondientes decimales (o hexadecimales, octales…). Para transformar estos números en letras, utilizamos una tabla de equivalencias conocida como ASCII (American Standard Code for Information Interchange). Un único byte (8 bits) es suficiente para representar un carácter. Para saber el carácter ASCII que se corresponde con un número o código, el ordenador utiliza una lista de correspondencia simple como la de la siguiente imagen.

Tabla ASCII
Y así es cómo funciona esto; sin más. Algo sencillo de entender y que se realiza en menos de lo que dura un parpadeo. Las conexiones de red nos acercan a Internet a golpe de voltajes y pulsos de reloj. Que lo sepas.
FUENTE DE LAS IMÁGENES: Libro ‘Head First Networking’, de la editorial O’Reilly.
Por qué no debemos girar las fotos

Rotando ando
Un alto porcentaje de las cámaras fotográficas que se venden hoy día para el público no profesional almacenan los archivos de imagen en formato JPEG. Como sabemos, porque ya hablamos de ello por aquí, el algoritmo JPEG es un método de compresión con pérdida de calidad acumulativa, es decir, que sucesivas compresiones provocan subsecuentes pérdidas sustanciales de información. La forma que tiene de trabajar este algoritmo, pues, hace que el simple hecho de abrir una imagen JPG y, sin hacer ningún cambio, guardarla de nuevo, provoque una merma en la calidad de la misma. Progresivos guardados terminan malogrando sin remedio la calidad inicial de la foto.
Por lo tanto, el hecho de girar una fotografía con cualquier software redunda en tener que guardarla de nuevo, con lo que estaremos disminuyendo su nitidez. Y no nos llevemos a engaño, los giros automáticos que realizan las herramientas integradas en los sistemas operativos del tipo ‘Visor de imágenes y fax de Windows’, implican un guardado de imagen después del giro. De hecho, este tipo de programas suelen avisar muchas veces de lo que puede suceder si rotamos la fotografía.

Original (49 KB) y girada (47 KB)
Pero no sólo eso. Hasta ahora hablamos únicamente de girar imágenes un ángulo que sea múltiplo de 90º, en las que la pérdida de calidad es poco apreciable por el ojo humano. ¿Pero qué ocurre si rotamos una foto un ángulo distinto a 90º, 180º ó 270º? El estropicio es descomunal.
Supongamos una imagen como la siguiente (la de la izquierda). Es un JPG que contiene una u mayúscula blanca sobre un fondo rojo (llámalo granate, corinto, bermejo o carmesí; soy hombre, mi paleta RGB es muy limitada). Vamos a aumentar digitalmente (zoom digital) su tamaño hasta que se vean los píxeles de una zona determinada perfectamente (imagen central). Por último, la vamos a girar 45º en el sentido de las agujas del reloj (imagen derecha). Se aprecia perfectamente la pérdida de calidad obtenida.

Pérdida de calidad y pixelado
¿Y esto por qué sucede? Pues muy sencillo, porque los píxeles de una imagen son, en realidad, pequeños cuadrados perfectos con una información de color. Cuando una cámara digital capta una fotografía, en función de su resolución la divide en infinidad de píxeles de color que, todos juntos, forman la representación fotográfica. Como decimos, cada píxel es un cuadrado, cuyos lados están alineados, horizontal y verticalmente, con los bordes de la fotografía. Si giramos la imagen un ángulo que no sea múltiplo de 90º, el software ha de realizar una interpolación de píxeles para crear las nuevas líneas imposibles, ya que los cuadraditos que se llaman píxeles no se pueden girar. Por lo tanto, una línea que es recta y vertical ha que convertirse en una línea inclinada formada por diminutos segmentos horizontales y verticales.
Si a esto le añadimos un posterior guardado de la imagen en formato JPEG, estamos sumando pérdidas continuas.
Por supuesto que esto no se puede tomar como un dogma de «no gires nunca las fotos», sino como una curiosidad tecnológica que debe ser tomada en cuenta por aquellos que requieren la máxima de las calidades. Hoy día, con las cámaras actuales, nos movemos en unas resoluciones que apenas se resienten de los cambios, giros y guardados, sin embargo viene bien conocer cómo podemos sacarle el máximo partido fotográfico a nuestras imágenes.
Para evitar menoscabos, pues, podemos recurrir a trabajar con formatos sin pérdida de información, como puede ser el TIFF que permite, incluso, compresión sin pérdida alguna gracias al algoritmo LZW. Incluso un JPG abierto, girado y almacenado posteriormente como TIFF evitaría el perjuicio de la imagen. También muchos programas de retoque fotográfico permiten realizar giros sin pérdida en los archivos JPG, pues no llegan a guardar el archivo completo, sino que sólo modifican su cabecera para cambiar la orientación del mismo. Así también, muchas aplicaciones de software son capaces de leer los datos EXIF que las cámaras de fotos guardan con los archivos para mostrarlos correctamente en pantalla, y no todos horizontales.
Lo ideal sería utilizar el formato RAW, que es un modo digital que contiene la totalidad de los datos de la imagen, tal y como ha sido captada por el sensor digital de la cámara fotográfica, sin compresiones o con compresión sin pérdida. La pena es que este formato sólo lo manejan las cámaras profesionales y semiprofesionales, con lo que la inversión económica que debemos hacer es bastante mayor. Para la hora de visualizar estas imágenes y de tratarlas, tampoco podremos hacerlo con cualquier software del mercado, pues debe ser uno que soporte RAW de forma nativa. Aunque bien es verdad que la mayoría de las grandes aplicaciones de retoque del mercado ya lo hacen o, si no, podremos recurrir al propio software que siempre suelen incluir los fabricantes de las cámaras.
En fin, como dicen los profesionales de la fotografía, lo ideal es dedicar el máximo esfuerzo a la hora de tomar la imagen con la cámara, tanto en ángulo, posición, iluminación, matices, etcétera, dejando al proceso de retoque posterior un mínimo de trabajo o, a poder ser, nada. Pero claro, todos no somos expertos en estas lides, y yo el que menos.




